CACA DE PERRO

CACA DE PERRO

Hace 20 años aparecieron en los parques de Nueva York avisos que decían Clean after your dog y el mensaje se acompañaba de un dibujo con una varita que terminaba en una red donde irían a parar los excrementos caninos. Pocos años después se inventaron en París una extraña máquina con pinta de tractor y una trompa de elefante que salía a husmear el exterior buscando lo mismo que sabemos para aspirarlo hacia su interior. Era la primera recogedora automática del desecho perruno. En París sabemos, un estudiante puede vivir de llevar a pasear al perro al parque vecino. Las sociedades urbanas actuales, con una familia que se extingue y donde, como pasa con los europeos, se le paga a los matrimonios para tener hijos, los perros y otras mascotas animales se vuelven importantes y sin duda constituyen una de las maneras de ser citadinos, solitarios y gruñones.

20 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Me sorprendió un aviso que vi en días pasados en un parque bogotano del barrio Cedritos Golf: Demuestre su cultura, recoja los sobrantes de su perro y deposítelos aquí . Quedé más admirado cuando al recorrer el parque comprobé que sus usuarios recogían los excrementos y los botaban en la caneca dispuesta para ello, usando una garlancha que el parque presta para tal fin. La semana anterior fui testigo presencial de la experiencia opuesta. En un parque de un barrio de estrato 6 de la capital dejaron a un bebé solo jugando con una pelotita que se fue rodando hasta parar al frente una plasta difusa. Allí el jovencito, juguetón y alegre, agarró a chupar lo que encontró saboreando con ansiedad infantil. Tarde descubrió su mamá que la criatura estaba comiendo dulce de caca de perro. Esto debe habernos pasado a muchos. Y los que no han comido de ésos caramelos de seguro han llegado apresurados a la casa a sacar los zapatos a la ventana para librarse del olor en la suela.

Uno solo pide para esta desgraciada Bogotá que la quieren civilizar las últimas administraciones que no se olviden que los parques, uno de los pocos reductos públicos que nos quedan, son para la gente. Basta algún aviso gigante que diga: Este parque no es un sanitario de perros. Por su cortesía reclame una garlancha y un auténtico dulce de leche que compensa comer de los otros .

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