RESPUESTA A LOS SAMPER

RESPUESTA A LOS SAMPER

He querido doblar, les consta, la doliente hoja del Gobierno Samper. Y mirar hacia adelante, para encarar el explosivo panorama que nos han dejado a los colombianos.

13 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Pero imposible no referirse a los repetidos ataques de despedida del ex presidente Samper contra este periódico. Primero, en su entrevista con Semana y luego, en el reportaje a cuatro manos con su hermano Daniel, en la pasada edición dominical de EL TIEMPO.

Que la Redacción de este diario se cebó en el Gobierno; que sus informaciones eran politizadas y sectarias; que la edición dominical participó en un carrusel de los odios . Daniel Samper, el hermano entrevistador, fue más allá y habló de la despiadada e infame cacería noticiosa contra el Presidente.

Sin negar que en el curso de los traumáticos cuatro años del Gobierno Samper hubo errores, omisiones y desbordamientos, quiero asumir el derecho de réplica en nombre de la Redacción de EL TIEMPO, que se ha sentido vapuleada con estos duros enjuiciamientos.

Pienso, para comenzar, que este periódico estuvo a la altura del enorme desafío informativo planteado por la más grave crisis que haya vivido Colombia en los últimos 50 años. Cumplió su función de informar, denunciar e investigar con independencia. Y lo hizo en medio de fuertes debates críticos y autocríticos.

La publicación de la indagatoria de Santiago Medina fue, por ejemplo, un hecho clave, que marcó un hito y destapó todas las dimensiones del escándalo.

* * * * * Los informes de la Unidad Investigativa y la sección Judicial sobre las cuentas de la campaña de Samper; la doble contabilidad; los cheques fantasmas ; las donaciones de los Sarria; la avioneta de Montería, entre muchos otros, no solo documentaron el ingreso de los narcodineros a la campaña y develaron las relaciones económicas de varios congresistas con los carteles de la droga, sino que fueron producto de investigaciones propias de los periodistas de EL TIEMPO, al margen de sumarios o filtraciones de las entidades fiscalizadoras, y que aportaron nuevos elementos a las autoridades judiciales.

Si no es por actitudes como ésta, y las de los demás medios que se atrevieron a distanciarse del Gobierno (los del carrusel de los odios ), el 8.000 no hubiera salido a la luz como salió. Y a pesar de equivocaciones cometidas, queda la certeza de que sin la prensa que se la jugó, los colombianos no se hubieran enterado de lo ocurrido en la campaña presidencial, ni tendrían la conciencia crítica que hoy tienen sobre la relación entre narcotráfico y corrupción política.

Se demostró y esto es lo de fondo que los medios cumplen una función fiscalizadora, que pueden asumir la defensa del bien común y ser instrumento eficaz en la lucha contra la corrupción.

Hay que reivindicar, pues, el papel que cumplieron los medios que decidieron apartarse de las presiones oficiales y las invitaciones al silencio, para contar lo que había pasado. Los que rechazaron lisonjas y prebendas para cumplir con su deber.

No quiero entrar a cuestionar la autoridad u objetividad de Daniel Samper para lanzar tan implacables juicios. Pero después del simpático mano a mano de despedida con su hermano el Presidente singular antología de póstumas cortinas de humo y minucioso inventario de desafectos, sí cabe preguntar cuál es Ernesto y cuál Daniel. El que preguntaba era Ernesto o Daniel? Y el que contestaba era Daniel o Ernesto? Esta extraña muestra de alquimia periodística, curioso híbrido entre el publirreportaje y la autoentrevista, se constituye, sin embargo, en una interesante pieza histórica para comprender por qué pasó lo que pasó. Porque fue con ese tono desenfadado, divorciado por completo de la evidencia fáctica y de la cruda realidad, con el que se condujo al país durante cuatro años por los filos del precipicio.

Tampoco quiero comentar otras versiones de los Samper en el sentido de que posiciones de este periódico, y la mía propia, obedecían al interés de impulsar la candidatura de Juan Manuel Santos. Como si no hubiera habido toda suerte de explícitos y públicos distanciamientos en este campo. Dios me libre de tener hermano menor Presidente. Y de terminar absolviéndolo con una entrevista de todas sus embarradas.

Con Daniel Samper tuve una amistad de 30 años. Lo aprecio como persona y lo respeto como periodista, y me duele que esta crisis nos haya distanciado. Pero hay cuestiones de principio, formas de concebir el periodismo, maneras de entender la política, que a veces resultan irreconciliables. Un ejemplo que ilustra la profunda diferencia de apreciación que se puede presentar, fue el proceso a Samper en la Cámara. Para Daniel se trató de el juicio más transparente en la historia de Colombia . Para mí fue todo lo contrario.

* * * * * Con Daniel comenzamos a trabajar el mismo día de mayo del 64 en EL TIEMPO; con él fundamos la Página Universitaria que luego nos cerraron por extremista; con él iniciamos las primeras columnas de opinión que discrepaban del editorial del periódico; con él luchamos varios años para desoficializar a EL TIEMPO; para imponer el pluralismo informativo (que se hablara del MRL, de la Anapo, de Camilo Torres etc.), y para que asumiera posiciones independientes frente al Gobierno de turno y el partido liberal.

Daniel, además, inició en este periódico la primera Unidad Investigativa del periodismo latinoamericano. Desde allí tumbó ministros y funcionarios y demostró ser un fiscal implacable de corruptelas y entuertos de los gobiernos.

Siempre me pregunto qué posición habría asumido Daniel durante el narcoescándalo si hubiera estado en Colombia, trabajando en este periódico, y su hermano no fuera el Presidente.

No se sabrá. De lo que sí estoy convencido, y lo reitero con orgullo, es de que EL TIEMPO estuvo a la altura de las circunstancias. De lo que la comunidad espera de un diario cuando los gobernantes fallan. Y, también, de lo que éstos pueden esperar.

Lástima que Daniel no lo hubiera entendido así. Sigue siendo un gran periodista. Pero resultó mucho mejor hermano.

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