UFFF! AHÍ VA BRASIL

UFFF! AHÍ VA BRASIL

Ufff! Ahí va Brasil, con suspenso, sudando más de lo que se espera, metiendo goles y dejándoselos hacer, dejando mucho que desear como equipo compacto, pero maravillando con los destellos de sus figurones. Ufff! Ahí va Brasil. Ya está en las semifinales del campeonato del mundo, luego de derrotar 3-2, con angustia, apretadito, a una tenaz Dinamarca que hizo lo que pudo para eliminar a los superfavoritos para el título.

04 de julio 1998 , 12:00 a. m.

El partido empezó muy mal para los brasileños: no había comenzado del todo el juego cuando Michael Laudrup cobró una falta a la velocidad de la luz. Los brasileños aún no se habían quitado por completo la sudadera. Brian Laudrup, el hermanito menor, corrió como un rayo hasta el fondo del campo. Centró atrás, el famoso pase de la muerte. Y Peter Moller, sin parpadear, remató sin dudas. Uno a cero al minuto y 33 segundos.

Brasil ya sabía que no tenía ganado el partido y Dinamarca acariciaba un sueño, el de meterse a la semifinal dejando nada menos y nada más que al campeón del mundo en el camino. Por primera vez en el campeonato, Brasil comenzaba un juego abajo en el marcador.

Dinamarca insistía en el ataque. Los Laudrup se buscaban y se encontraban. En Brasil, Dunga, el gran jefe, trataba de poner la casa en orden y repartía señales entre sus compañeros.

Brasil no tenía ganado. Pero apareció Ronaldo, sí, el niño multimillonario y genio del fútbol, que decidió ubicarse en la mitad de la cancha. A él le llegó el balón y, oh, sorpresa! En lugar de iniciar su carrera de tractor, metió un pase al vacío, justo para que Bebeto, desde la medialuna, impulsara un balón que dejó marcas cobre la yerba, antes de meterse pegadito a la base del palo derecho del arco de Peter Schmeichel. A los 10 minutos, el juego ya estaba empatado, y los más de cien millones de brasileños respiraban de nuevo en calma.

Ni más ni menos De todas formas, Dinamarca estaba en el campo del Stade de la Beaujoire, y a pesar de la intención brasileña de apoderarse del balón, el partido era de igual a igual. El juego hasta los 20 minutos se limitaba a deseos de Cafú y de los Laudrup. En cada área se había presentado una opción y con ella el gol. Los daneses no eran ni más ni menos que Brasil.

Eso sí: el partido era intenso y con mucho ritmo. Los cuatro volantes brasileños quitaban la pelota (especialmente Dunga y César Sampaio), pero no la pasaban con claridad a los delanteros. Hasta que en otra jugada aislada, Brasil se encaramó en el marcador.

Dunga recuperó un balón cerca a las 18 danesas. La pelota quedó en Ronaldo que, oh, sorpresa!, no disparo. Prefirió deslizar la bola a la izquierda del área. Por allá corría Rivaldo que, con suma delicadeza, acomodo suave la pelota en el arco, a la salida de Schmeichel. Dos a uno, y Brasil ya sonreía.

Contra todos los pronósticos, Ronaldo, ese calvito de orejitas de marciano y dientes de conejo, no los hizo, pero los puso.

Y por cinco minutos pareció que Brasil despertaba, que daría rienda suelta a toda esa calidad técnica que está en las piernas de sus megaestrellas. Ronaldo dejó sin cintura a Jan Heintze. Rivaldo se abrió camino entre tres marcadores, como si fuera una culebra en pleno zigzag. Cafú fabricó un sombrero mexicano. Leonardo pisó la pelota, la volvió chiquitica como un balín y la entregó de taco... El espectáculo, la fantasía, la elegancia brasileña entraba en acción.

Pero solo fueron cinco minutos porque Dinamarca estaba ahí, en el partido, con mucho orden, con ganas de pasar a la semifinal, con sus habilidosos Laudrup buscándose y encontrándose. Trataban de aprovechar lo suyo, el juego rápido y la sorpresa, hasta el máximo. Moller dio otra voz de alerta a la defensa de Mario Zagallo: una mediavuelta suya, en la frontera del área, hizo que Taffarel ensuciara el buso. La diferencia era apenas de un gol.

Por eso el partido se igualó a los cinco minutos del segundo tiempo, gracias a un error de tan grande como este estadio de Roberto Carlos, que quiso despejar de chilena un rebote globeado en las 18. Se acostó en el aire, batió sus piernas y peinó chirola , se descachó. Solo le dio al aire. La pelota, mansa, le quedó a Brian Laudrup que le pegó como si tuviera la pierna derecha de hierro. Era la primera vez en el Mundial que a Brasil le marcaban dos goles...

Con el juego empatado, Dinamarca volvió a creer en lo suyo. Es decir, en los Laudrup y su juego de conjunto. Por la derecha de su ataque le hacían fiestas a Roberto Carlos.

Apareció Rivaldo Ufff! Ahí va Brasil, porque encontró en Rivaldo a su hombre. empezó a pedir la bola y a entregarla. Con Dunga como respaldo, el 10 asumió su papel de armador del equipo. El juego, entonces, se abre: ambos creían que podían ganar.

A los 14 minutos Rivaldo recibe un balón a 25 metros del arco de Schmeichel, afinó la puntería y con un latigazo que dejó un hoyo en la cancha, puso el 3-2 con el que, al final ganó Brasil.

Los 30 minutos restantes fueron la demostración de que los tetracampeones no son sólidos como equipo, pero que el talento de sus futbolistas en cualquier momento gana un juego. Brasil, esperanzado en una genialidad de Rivaldo, de Ronaldo o de Denilson (que entró por Bebeto) y Dinamarca persistiendo en su fuerte, correr, darle la pelota a los hermanitos y tratar de meterla.

Y casi lo logran, primero con un remate en el punto penalti de Helveg, que salió desviado, y luego con un cabezazo de Rieper, a un minuto del final, que se estrelló en el horizontal. Ese fue el último ufff! de un Brasil que ya está entre los cuatro mejores equipos del mundo, que aún sigue como firme candidato para ser el rey de las cinco coronas, a pesar de que el martes, en Marsella, tenga que vérselas con Argentina o con Holanda.

Esa será otra historia, en la que, por lo mostrado hasta ahora, habrá muchos ufff! en el arco de Taffarel y gritos de gol de los delanteros. Así es Brasil.

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