LAS NUEVAS AVENTURAS DEL CÓMIC

LAS NUEVAS AVENTURAS DEL CÓMIC

Los aficionados, los expertos, los que se dan cuenta por casualidad, lo llaman el noveno arte: el cómic, un fenómeno que como el cine, tiene más de cien años. Y que, como casi todo en Colombia ( o en dónde funcionan las líneas ferroviarias?), tiene casi todo este siglo de atraso. Bárbaro. Porque en este país todavía tenemos la imagen, o el símil, de cómic=Kalimán, Memín o Benitín y Eneas. Patético.

20 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Y mientras tanto, el resto del mundo (tampoco exageremos: Japón, Europa, Estados Unidos, y en Latinoamérica, México y Argentina) tiene una cultura tan fuerte que hay subastas, festivales y, como si fuera poco, o para confirmar su importancia como fenómeno, los niños de estos lugares a veces tan ajenos aprenden a leer entre viñetas. En tebeos.

Eso tiene algo de fascinante.

El mundo del cómic gira a velocidades increíbles y nosotros apenas si nos enteramos, por ejemplo Winnie the Pooh, el osito tierno y glotón (devora la miel) que tiene como amigos a un niño, un cerdito, un burro y un tigre, el año pasado rompió récords en la compañía Walt Disney: las ganancias con su imagen amenazan cada vez más con ser mayores que las que produce el Ratón Mickey.

Y pueden existir miles de ejemplos.

El pato Donald, en Italia, ya no es tan idiota (tiene capa y antifaz, es un superhéroe!).

Superman, la historia ya casi la saben todos, no es uno solo sino cuatro mutantes. A Robin lo han matado varias veces (ya van en el cuarto Robin), y Batman ha tenido que soportar estar en una silla de ruedas mientras un maniático lo reemplaza en las calles.

La bóveda de Rico McPato ya no se abre con la combinación de una caja fuerte con una inmensa puerta de hierro ni está en una mansión típica de los ricos de New Orleans; no, Mc Pato, el Tío Rico, guarda sus tintineantes monedas de oro en un edificio inteligente lleno de cámaras de video, alarmas láser, patorobots y patosoldados.

Hugo, Paco y Luis, los sobrinos de Donald, a pesar de seguir vivos en los scouts, ya no se limitan a encender hogueras: como sus familiares, entraron a la era de la fibra de vidrio: van a la playa, se deslizan sobre olas poderosas en tablas de surf y siempre tienen un gameboy ( Sega? Nintendo? Playstation?) entre las manos.

Esto en la parte conceptual, en las historias que viven estos muñequitos.

En la parte artística (si es que así se le puede llamar a los trazos de los dibujantes, al color, a los nuevos diseños en las bocas o en los picos de sus tebeos), Disney, para citar un caso específico, también le ha apostado a una reestructuración de sus viñetas.

Patolandia, por ejemplo, tiene ya algo de Ciudad Gótica y es frecuente ver a cualquier pato de estos en la punta de un edifico grisáceo en una perspectiva escalofriante, nada que ver con la vieja ciudad de carritos de llantas redondas en viñetas absolutamente planas. En los trazos, en el color, en la línea de dibujo, también hay una nueva tendencia.

El trazo actual de las historietas Disney es más parecido al de los cómics franceses que al del típico estadounidense. El fenómeno se presenta como si Walt Disney fuera una galería especializada en vender cuadros impresionistas, lo hace durante 50 años, pero de pronto aparece el cubismo y el mercado empieza a pedir a Picasso y Braque, y qué hace la galería? Los contrata. El poder no se puede perder. Y en estos momentos la competencia en el mercado del cómic menos en Colombia es impresionante. Hay multinacionales tan poderosas como DC y Dargaud.

El mercado en Europa se pelea a dentelladas por nuevos lectores entre los deliciosos comics de Moebius (el autor de El quinto elemento, llevado al cine por Luc Besson y personificado por Mila Jojovic y Bruce Willis), Tin Tin, Lucky Luke y Asterix (sin olvidar clásicos españoles como Mortadelo y Filemón) contra fenómenos comerciales como el cómic ultraviolento (Made in Japan) Akira, amén de los Estados Unidos en donde Batman, Superman, el Hombre araña y los XMen, dominan el panorama.

En Colombia, en cambio, ese mercado está limitado a unos cuantos especialistas, a unos cuantos invasores de las Librerías francesas o de sitios especializados como Tiempos futuros. Por eso, ahora que anuncian la llegada de la serie Winnie the Pooh, para una franja infantil (de 0 a 6 años), se puede tener alguna esperanza. Esos pueden ser los lectores de comics del futuro, los que inauguran un mercado y pueden obligar a importar (traducidos y masivamente) maravillas como las de Moebius o divertidas y con una factura 1A como el sangriento Akira. El gusto es un problema personal.

Qué osito? Winnie the Pooh, en estos momentos el único personaje al interior de Walt Disney que le hace competencia al Ratón Mickey, llega a Colombia en una publicación de Multirevistas de Casa Editorial EL TIEMPO. Se trata de una revista mensual especializada en los niños (además de la historieta hay juegos didácticos de cortar, colorear y pegar, e incluso, pequeñas recetas de cocina infantil).

Winnie the Pooh, a diferencia de otros personajes Disney, no nació en los Estados Unidos sino en Inglaterra y como un cuento infantil, la creación del escritor Alexander Milne que, al ver como su hijo se entretenía con un viejo oso del zoológico y la forma en que personificaba a sus muñecos de peluche, decidió escribir la historia de un oso bonachón que a través de su particular forma de ver el mundo les enseña a todos el valor de la amistad. Bienvenido, Winnie the Pooh.

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