PISSARRO EN VENEZUELA

PISSARRO EN VENEZUELA

La inmensa importancia de la obra de Camille Pissarro en el desarrollo de la pintura moderna sería reconocida ya en su propia época: Cézanne lo consideraba el originador del impresionismo y el exponente más representativo del movimiento; Van Gogh consultaba con respeto su opinión acerca de su propia obra; Théodore Dure, entre los críticos de arte de su tiempo, fue uno de sus más fervientes admiradores, y el escritor Emile Zola encomiaba su incansable búsqueda de la excelencia y la verdad.

07 de junio 1998 , 12:00 a.m.

Su extensa producción ha sido difundida y estudiada a través de innumerables exposiciones y publicaciones desarrolladas a lo largo de este siglo, la gran mayoría de las cuales se concentran en su obra realizada en Francia, donde el artista vivió desde 1856 hasta 1903, fecha de su muerte. De manera contrastante, resulta relativamente poco conocido el producto de la experiencia artística que Pissarro tuvo en Venezuela durante sus tempranos años de formación, entre 1852 y 1854, justo antes de que se estableciera en Europa y participara en la creación del movimiento impresionista. Se trata de un conjunto integrado por cerca de cuatrocientos dibujos que comprenden un amplio espectro de técnicas, tales como lápiz, carboncillo, acuarela, tinta china y tinta sepia.

La presente exhibición de cuarenta de esos trabajos, pertenecientes a la colección del Banco Central de Venezuela, ofrece una ocasión propicia para plantearnos algunas reflexiones en torno a la significación de la obra gráfica del artista considerada en el marco de su producción global correspondiente a su período venezolano. La temprana experiencia estética que la originó, por ejemplo, pudo signar de alguna manera la particular visión del mundo que apreciamos consolidada en la obra madura del maestro? Se vislumbran de algún modo en estos dibujos aspectos reconocibles como simientes del futuro estilo personal de Pissarro? Existen entre ellos y su obra francesa constantes de carácter técnico, formal o conceptual? Pissarro llega a Venezuela el 12 de noviembre de 1852. Le acompaña Fritz Melbye, pintor danés que Pissarro había conocido poco antes en Saint Thomas, quien le anima a dejar su lugar de origen para explorar los motivos artísticos que prometía ofrecerles el territorio venezolano. Los dos viajeros arriban al mismo por La Guaira, puerto en el que se establecen por espacio de varias semanas y donde se entregan al registro visual de la escueta arquitectura, la vegetación y el paisaje marino de la zona. A finales del año, Pissarro y Melbye deciden dejar La Guaira y trasladarse a Caracas, la capital del país, hacia la cual conducían tres caminos diferentes, caracterizados todos por sus exuberantes vistas y variada flora. En Caracas, Pissarro parece interesarse más por el paisaje natural que por la apariencia urbana de una ciudad de incipiente crecimiento, cuya construcción había sido devastada por un terremoto sucedido en 1812, y por el permanente estallido de guerras civiles. Los jóvenes artistas se concentran entonces, particularmente Pissarro (quien en agosto de 1854 retornará a Saint Thomas), en la creación de los pintorescos contrastes ofrecidos por los frondosos bosques que circundaban la ciudad, pero también en la captación de sus habitantes en pleno acto de entregarse a sus faenas y distracciones cotidianas: mujeres lavando ropa en el río, cargando cestas sobre la cabeza, llevando sus vituallas al mercado, cocinando en sus fogones; labriegos con sus animales, jugadores de cartas, personajes divirtiéndose en festividades y bailes.

Espíritu romántico Aunque Melbye poseía ya una formación pictórica sólida y aventajada en algunos años la edad de su compañero, para el momento en que trabajaron juntos en Venezuela las obras del Pissarro de entonces superaban con amplio margen a las de su colega. En muchas de las pinturas del danés, sujetas a la tradición romántica, podemos observar un rebuscamiento compositivo y un efectismo cromático a los que contrapone Pissarro una sintética organización espacial y una armoniosa coherencia lumínica y tonal. Sin embargo, un apego a la tradición artística, manifiesta de otro modo, se podría reconocer también en algunos dibujos de la misma época de Pissarro, quien, lejos de ser entonces un autodidacta, había incursionado ya en el estudio de la pintura en Francia, al dibujar paisajes y frecuentar los museos (...) Estas consideraciones serían más que suficientes para erradicar la noción de que el joven Pissarro se inicia como pintor impresionista, o de que su contacto con la luz y el paisaje caribeños de Venezuela lo predispuso instantáneamente al desarrollo de la investigación lumínico-cromática que caracterizaría su obra francesa madura: Una de las ideas más cautivadoras pero más erróneas sobre Pissarro es la de que fue un autodidacta. Disocia el arte de Pissarro de toda formación académica oficial y le asigna por único origen, la naturaleza: tanto como decir nacido impresionista . Lejos de ello, y como ya se ha dicho, el artista en cierta manera se aproximó al paisaje venezolano imbuido de concepción romántica, muy de moda en la época, que en el contexto territorial latinoamericano valoraba el exotismo de una naturaleza exuberante, en su estado original: una actitud muy distante del extremo naturalismo que, en procura de la objetividad lumínica y cromática, cohesionará la búsqueda de los impresionistas (...) Esta última, a fin de cuentas, sería una de las grandes pasiones de los impresionistas. Una pasión que se manifestará en el trabajo de Pissarro hasta el final de sus días, y a la que no poco debió contribuir su primigenio descubrimiento de la naturaleza y del paisaje venezolanos, cuyo recuerdo posterior, una vez consolidado como uno de los grandes creadores del arte moderno, bien pudieron haberle inspirado las palabras que en 1898 le escribiera a su hijo Lucien: Debemos acercarnos a la naturaleza con sinceridad, usando nuestra sensibilidad moderna . (Aparte tomado del catálogo).

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