CUANDO LA GENTE DE URIBE SE ESCONDIÓ

CUANDO LA GENTE DE URIBE SE ESCONDIÓ

En medio de los combates y mientras amamanta a su pequeño bebé de seis meses, Clara recuerda lo que fueron cuatro días de intensos combates, bombardeos y estruendos en el pequeño municipio de Uribe.

11 de agosto 1998 , 12:00 a.m.

Faltaban quince minutos para las cinco de la mañana del pasado martes cuando una explosión la hizo despertar abruptamente de su placentero amanecer.

Unos segundos más tarde comenzaron a sonar los disparos que hasta el momento no han dejado de silbar por los aires del municipio metense.

En medio de la confusión y como pudo caminó a la habitación contigua a buscar al pequeño Alberto, su hijo de apenas tres años. Y con ellos dos paso todo el martes esperando que los disparos amainaran para ir donde un vecino y no quedar sola en medio de la guerra que vive el país.

El martes fue el peor día porque la guerrilla se metió al pueblo y los combates duraron 16 horas. Se escuchaban, tiros, explosiones, aviones y helicópteros, como en las películas de Estados Unidos. La guerrilla pasaba gritando que se habían tomado el pueblo y que no se iban a ir hasta que no destruyeran la base militar y le decían a los policías que se entregaran , relata Clara.

Ese día estalló una bomba, la que destrozó la pierna de un menor de 14 años de edad, quien por la imprudencia propia de los adolescentes salió a la calle a ver como era lo de la toma.

Fue el martes, 4 de agosto de 1998, el día más largo para todos los habitantes de Uribe. El martes, Clara apenas se tomó una aguadepanela con un pan porque no tenía más para comer en su casa.

Ese martes, como ningún otro día, abrazó con fuerza a sus pequeños hijos para protegerlos de la guerra que se desataba en las calles del municipio y juró que en la primera oportunidad dejaría el pueblo.

Hubo momentos en que con los dos niños me metí debajo del comedor para tener un poco más de protección por si se caían las tejas o una de las paredes , cuenta Clara.

Ese martes, cuando los guerrilleros salieron de la población a las diez de la noche, Clara pensó que las 16 horas de sufrimiento no se volverían a repetir. No salió a la calle, entreabrió la ventana, y como pudo miró que bajo la luz de la luna llena solo habían soledad y miedo.

Esa noche tampoco pudo dormir. En su cabeza todavía se escuchaba el traquetear de las metralletas, el zumbido de los aviones, el silbido de las balas y el boomm de las bombas.

A las seis de la mañana del miércoles agarró dos maletines con la poca ropa que puede cargar en ellos y se fue para la casa de don Julián. Allí dejo a los dos niños y afanada se fue para la oficina de transportes de La Macarena para tratar de salir del municipio.

Sin poder salir Para infortunio de Clara y los demás habitantes de la población, el servicio de transporte está suspendido hasta nueva orden. El ejército no da permiso y los conductores de los dos buses que permanecen parqueados desde el lunes no se atreven a salir en medio de las balas, rockets, granadas y el bombardeo de los aviones y helicópteros.

De regreso a la casa, Clara vio la estación de policía quemada y los agentes embarrados y cabizbajos. Uno de sus compañeros había muerto y otro más estaba herido. Esos agentes son muy fuertes. Llevan tres días sin comer, sin dormir, con la estación destruida, descansando en las cuevas que abrieron para protegerse en caso de ataque , afirma con admiración Clara.

Entonces, ha pasado tres días acompañada de don Julián, la esposa de éste y tres pequeños niños. Tres días sin saber qué hacer. Solo escuchando el paso de la muerte y cuidando a sus dos hijos.

Mientras el jueves al medio día, el enfrentamiento se recrudecía y veía nuestra caras de preocupación y angustia. Clara, sentada, decía que así fue todo el martes. Que el miércoles en la tarde no hubo sino pequeños enfrentamientos pero a partir del jueves en la madrugada los combates no han cesado.

Levanta la cara para ver cómo la casa en donde nos refugiamos tiembla con cada explosión. Y cuando las detonaciones se recrudecieron y la guerrilla hizo señas porque se había entrado al pueblo otra vez, Clara agarró sus dos pequeños y se arrinconó en una esquina del pequeño baño en donde nos refugiábamos más de diez personas.

Era el único lugar de la casa que tenía una plancha de cemento encima, el resto es teja de zinc que con cada bomba suena y crea más pánico y angustia.

Clara está resignada, esperando la hora para salir del pueblo y rogando a Dios para que en su vida, y hasta el último de sus días, no tenga que volver a pasar estos cuatro días que parecen años .

Ejército toma control de Uribe Después de cuatro días de combates entre el Ejército y la guerrilla de las Farc en el municipio de Uribe (Meta), las Fuerzas Militares tomaron el control de la población. Los primeros enfrentamientos se iniciaron el martes a las 4 de la mañana y se prolongaron hasta las ocho de la noche del mismo día.

Durante los tres días siguientes continuaron combates intermitentes en el casco urbano y en las afueras del pueblo. El viernes en la noche, finalmente las tropas oficiales pudieron controlar la situación y sacar las 30 víctimas que dejaron los combates. Según las autoridades, el saldo final fue de 29 militares y un policía muertos, 32 militares y 2 policías heridos y otros 7 militares desaparecidos.

Dos civiles, ambos menores de edad, también resultaron lesionados. En cuanto a las pérdidas materiales el saldo fue: la estación de policía destruida, la alcaldía, el colegio Uribe Uribe y varias viviendas seriamente afectadas.

El viernes en la tarde, la gran mayoría de habitantes del casco urbano desalojaron la población. De más de 1.200 habitantes hoy quedan menos de 50, dijo el Tesorero local Henry Rengifo. Mucha gente salió para Granada y Villavicencio, agregó.

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