EL ATLETA DE LA BARBA BLANCA

EL ATLETA DE LA BARBA BLANCA

El último deseo de Pedro Emilio Torres, el atleta que murió de una neumonía el 10 de enero, fue que esparcieran sus cenizas en la pista del estadio de la Universidad Nacional, en Bogotá.

10 de marzo 1998 , 12:00 a.m.

El día escogido fue el pasado sábado. Hasta el estadio Alfonso López Pumarejo llegaron atletas de todas las edades para participar, también, en la Primera Milla Nacional, competencia organizada en honor a Torres, considerado el pionero del atletismo colombiano.

La mañana bogotana estuvo gris. El pequeño cofre morado, con las cenizas en su interior y ubicado en una mesa a un lado de la pista, era el centro de atención. El viento, por momentos, levantaba la carbonilla de la pista. La amenazante lluvia nunca apareció.

Albano Ariza, el fundador de la Federación de Senior Master y coordinador general del certamen, realizó una emotiva semblanza de quien fuera partícipe en la delegación que representó a Colombia en los Juegos Olímpicos de Berlín-36.

Luego, Efraín Rozo, conocido como el cura del deporte, lanzó la frase bíblica que todos tenían en la mente, pero que nadie se atrevía a pronunciar: Acuérdate, hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás .

Tras el protocolo de rigor, llegó el momento. Rozo y Ariza abrieron el cofre, sacaron la bolsa plástica y con sus manos empezaron a vestir de blanco la carbonilla. El acto en sí no duró más de 30 segundos. Nadie dijo nada, el silencio lo hizo todo más emotivo.

Cuando todo pasó y faltaban algunos otros cortos discursos, así como el descubrimiento de una placa recordatoria, Ariza tomó el micrófono y dio una mala noticia. El entrenador Manuel Pasos, conocido en el medio, acababa de morir víctima de un cáncer. La tristeza fue total. Pasos no quiso ceremonias fúnebres ni nada por el estilo. El donó su cuerpo a la Universidad Nacional.

Tras el protocolo, llegó la hora de competir. No importó que el público estuviera ausente.

Y quién fue él? Pedro Emilio Torres nació en Manta (Cundinamarca) un 29 de abril de 1906. Se podría decir que la vida de este atleta estuvo dividida en dos: antes y después de su participación en los Olímpicos de Berlín. El ver y saludar de mano a Adolfo Hitler el comandante supremo del III Reich y líder alemán, principal protagonista de la II Guerra Mundial, lo marcó para siempre.

De él dijo en entrevista publicada en EL TIEMPO el 23 de julio de 1982: Fue una persona muy amable, muy respetuosa con los atletas. Creo que los periodistas exageraron su actitud cuando Jesse Owens se impuso. El sí se retiró del estadio, pero discretamente y no enseguida de la carrera .

Torres siempre se lamentó de no tomarse una foto con Hitler, aunque sí lo hizo con Owens.

El estadounidense ganó cuatro medallas de oro en esos olímpicos 100 y 200 metros planos, la posta de 400 x 100 y el salto largo e hizo que Hitler, gran defensor de la pureza de la raza aria, ante la superioridad del atleta negro, abandonara el estadio antes de tiempo.

Torres llegó a Berlín como uno de los seis integrantes colombianos que participaron por primera vez en unos Olímpicos. Los otros eran: Juan de Dios Salgado (delegado), Campo Elías Gutiérrez, Juan Domingo El Perro Sánchez, Pedro del Vechio y Hernando Navarrete.

En esa época fue necesaria una colecta pública en este caso liderada por EL TIEMPO para que el grupo de deportistas pudiera montarse, el 9 de junio en Barranquilla, en el barco alemán Caribia, en un viaje que duró 45 días y que tuvo como destino final el puerto de Hamburgo. De allí a Berlín el trayecto se hizo en tren.

Este viaje marcó tanto a Torres, que el 20 de enero de 1990 54 años después de Berlín en su última participación oficial, en una competencia en su honor, lució el mismo uniforme café con el que desfiló en las justas alemanas.

Así como el uniforme, las zapatillas de cuero legítimo marca Robbi y número 38, siempre fueron sus compañeras de batalla. Nunca las abandonó. Eran su vida , dice Agustín, uno de los siete hijos de sus dos matrimonios. Agustín es algo así como el administrador de todos los recuerdos de su padre.

Siempre el deporte Pedro Emilio llegó muy tarde al atletismo. A los 26 años Medellín, 1932 fue su primera participación en un Nacional. El cundinamarqués llegó tarde porque hizo algunas estaciones en otros deportes. Fue boxeador hasta que Alfonso Ferrer le partió el tabique de un cabezazo, pesista, ciclista y futbolista.

Pero todas esas disciplinas quedaron atrás tras su romance con los 800 y 1.500 metros, sus dos especialidades. En Berlín quedó noveno en la primera eliminatoria de los 1.500, después de una caída.

Torres, quizás, consiguió sus más importantes galardones al convertirse en un atleta senior master. En esa condición fue campeón mundial en Puerto Rico cuando tenía 77 años, lo que le valió ser distinguido como el Deportista del Año-El Espectador en 1983.

Pero más allá de triunfos o galardones, Pedro Emilio fue un enamorado del deporte en todas sus dimensiones. El, con su sola presencia adornada por una abundante barba blanca les decía a todos: Miren, aquí estoy dando un ejemplo de amor por el atletismo . Por ello, hoy, cuando ya no está, muchos lo recuerdan con nostalgia.

Los últimos años de Pedro Emilio no fueron los mejores. Fue perdiendo la memoria, por lo que se extraviaba algunas veces cuando iba para la casa de sus hijos. Desde 1994 y hasta su muerte vivió en una casa de la tercera edad. La misma que sufrió sus penas y largas esperas por una pensión que nunca llegó.

Ahora, tras ser parte de la historia, todos los amantes del atletismo nunca olvidarán a Pedro Emilio Torres, el atleta de la barba blanca que murió cuando le faltaban tres meses para cumplir los 92 años.

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