EL TIGRE Y EL CUERO

EL TIGRE Y EL CUERO

A propósito de la perestroika, dijo Gorbachov que la vida siempre es más dura para el que tarde más en aceptar la realidad . Es lo que a Colombia le viene sucediendo con el narcotráfico. Todos sabemos cuál es la realidad. Primero, que no hay una base moral absoluta para castigar el uso de la droga: por eso la dosis personal y la descriminalización gradual del consumo en el mundo entero. Segundo, que el problema es distinto para distintos países: para Estados Unidos, droga significa vicio y delito en las calles; para Colombia, narco significa corrupción y violencia. Y tercero, que hay una asimetría brutal entre el poder transnacional de la mafias y la debilidad del Estado colombiano.

15 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Así que, con bandazos y remordimientos, con demasiados muertos y un daño moral enorme, llevamos ya 12 años en el proceso de ver la realidad: -Primero vino la guerra. Desde que, a raíz del asesinato de Rodrigo Lara, el Presidente Betancur dejó de creer que la extradición va contra el derecho natural , hasta que el Ministro Lemos hundió la Reforma Constitucional para frenar un mico inmoral del Congreso .

-Después llegó el pragmatismo. Los decretos que fueron podando el campo para la entrega de Escobar. El sí a la no extradición en una Constituyente reunida porque el Congreso había ahogado la Reforma Constitucional. El ir y venir de medidas de emergencia para redondear la política de sometimiento . El Código de Procedimiento Penal auspiciado por el Gobierno para que esa política pudiera ser permanente. La entrega de peces chicos y grandes...

...tan grandes, que no cupieron en la cárcel. Y sobrevino esa danza de verdades a medias y mentiras enteras que se conoce como el síndrome de La Catedral . Matamos el tigre con la no extradición y la entrega negociada, pero nos asustamos con el cuero de la precariedad de nuestra justicia y el escepticismo internacional.

Ahora el Fiscal quiere matar el otro tigre, pero el Gobierno que termina ya no está para cueros. Y para eso echan mano de sofismas: 1o. Dice el Ministro González, en carta de febrero 19, que la presentación de los tres vallunos era una maniobra para abrir una investigación que prescribiera por falta de pruebas. Pero si de todos modos no hay pruebas, qué más da que haya investigación? 2o. Dice el Procurador, en carta de marzo 8, que la confesión es requisito sine qua non para rebajar la pena. Pero el Artículo 359A del CPP dice que hay otras razones para rebajarla.

3o. Dice el Consejo de Seguridad, en su comunicado de marzo 8 que, en virtud de la emergencia penitenciaria, el Inpec y no el Fiscal es competente para decidir el traslado de los presos a Itagí. Pero la Constitución dice que Aún durante los Estados de Excepción, el Gobierno no podrá suprimir ni modificar los organismos ni las funciones básicas de acusación y juzgamiento . (Artículo 252).

4o. Dice la Fiscal estadounidense, en carta de marzo 10, que su país es soberano para decidir qué tipo de información se le puede entregar a Colombia. Pero Colombia también es soberana para decidir cómo aplica su política criminal.

De suerte que el doctor De Greiff se ha limitado a usar las herramientas legales que otros diseñaron para cazar el tigre. Sus críticos deberían censurar esos instrumentos. Mejor aún: deberían reconocer que el pragmatismo desemboca siempre en incongruencia, y que Colombia sólo podrá salir del remolino cuando defienda un principio: que la represión no es la salida moral ni viable.

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