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COMPLICIDADES

COMPLICIDADES

Una de las más sólidas instituciones colombianas, la familia, está herida de muerte. Hemos llegado a esta preocupación como fruto de observaciones en algunos seminarios de gerencia.

Muchas razones concurren a esta afirmación: la principal de ellas es la falta de coherencia. Hablando en general para todos los estratos colombianos, la familia es un punto afectivo de convergencia de sus miembros, pero dentro de ella se están sucediendo diversas actitudes de complicidad.

La familia es, después de todo, el único refugio donde no se cuestiona a los fracasados, ni a los ineptos, ni a los maleantes, ni a los embusteros, ni a los corruptos. Nadie recibe ya, como antes, una censura familiar por la incompetencia y ésta se tolera de manera silenciosa como si fuese parte de la convivencia general.

Como la cadena de transigencias se hace cada vez más evidente, en cada eslabón se va quedando una muestra en los niños y jóvenes que perciben esa complicidad. Todos los subterfugios verbales que sirven para justificar los malos ejemplos, no son suficientes para evitar la diseminación de una ética negativa en el seno de las familias que aceptan la complicidad de conductas ilegítimas. No sobra recordar que los antivalores se inician con una sola mentira que no se pueda explicar.

Virginia Gutiérrez de Pineda, quien escribió una maravillosa obra sobre la familia en Colombia, puede que nos tenga algunas palabras de consuelo. Pero la familia de un contrabandista, por ejemplo, suele progresar alrededor de los miembros que se dedican a este oficio y nadie puede negarles, además, el derecho a responder que así lo hacen los de arriba . La familia del peculador se siente obligada a respaldar furtivamente a uno de sus miembros delincuentes para que se mantenga la ficción de la unidad familiar , o para que los beneficios del delito se derramen en estudio para los menores, regalos para la mamá, cancelación de hipotecas u otros objetos suntuarios de más.

La incoherencia es el nombre del juego. La falta de coherencia es una plaga social que viene siendo aceptada por todos los grupos sociales, ya sea como parte del escepticismo de que las cosas puedan ser cambiadas, ya sea por ejemplo televisivo de las sociedades consumistas, o también por la extensión de ciertos lenguajes permisivos como aquella frase paternal que dice: consiga la plata, mijo, consígala honradamente; y si no la puede conseguir honradamente, consiga la plata mijo .

Duele decirlo: la familia como una fuente de impunidad. Los pretextos para hacerlo serán muchos, pero la enfermedad social que describimos está tan enraizada en nuestra sociedad que vamos a tardar varias generaciones antes de ver un clima psicológico diferente; suena idealista, pero alguna esperanza puede ser alentadora.

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