NERVAL, EL DESCONSOLADO

NERVAL, EL DESCONSOLADO

Fue el más romántico de los poetas malditos y, tal vez, uno de los más fieles a la realidad. En el sentido que su obra era un doble de su vida. Al contrario de los románticos ingleses y alemanes, que crearon la base poética del romanticismo es decir, que nutrieron de imaginación los postulados del movimiento Gerard de Nerval transformó esos ideales en fabulosos versos perfumados de una extraña vivencia personal.

09 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Un tiempo atrás, los románticos habían revolucionado el hecho poético. Habían colocado a la poesía como la palabra original , como un producto anterior a la historia. Novalis, el mismo que dijo: La mujer es el alimento corporal más elevado , a finales del siglo XVIII exclamó sin vergenza: La poesía es la religión original del mundo .

Para la Edad Media, la poesía era la sirvienta de la religión; para la edad romántica es su rival... , esta frase afortunada de Octavio Paz, resume un período que comienza con los románticos, pasa por los modernos, los surrealistas y no termina aún.

Gerard de Nerval era un ilustre desconocido hasta que, en 1914, Aristide Marie publicó en Francia una biografía titulada Gerard de Nerval: el poeta, el hombre.

El parisiense, nacido en 1808, estudió en el Colegio Carlos Magno, donde conoció al escritor Teófilo Gautier. En 1826 realizó una brillante traducción de Fausto, de Goethe, del alemán al francés. Además, fue un estudioso del poeta romántico Holderlin.

Junto con Alejandro Dumas escribe las óperas cómicas Piquillo y El alquimista. En 1854 publica una de sus mejores obras poéticas: Las quimeras. Luego escribe ensayos dramáticos, donde se destaca Ocho escenas del Fausto, con música de Héctor Berlioz.

De 1832 a 1834 estudia medicina y abandona la carrera. Pero algo cambia el orden de su vida: recibe una herencia de su abuelo materno de 30 mil francos en oro, y viaja por toda Francia e Italia.

Los excesos y una bohemia tormentosa le mermaron su vida material y espiritual. Se enamora de la famosa bailarina Jenny Colon, quien no corresponde a sus requerimientos pasionales.

En 1841 una crisis de locura lo obliga a refugiarse por nueve meses en una clínica siquiátrica. Luego viaja a Oriente: Malta, Alejandría, El Cairo, Chipre, Rodas, Esmirna y Constantinopla, experiencia que enriquece su atormentada, pero lúcida sensibilidad.

Fue un exponente del hermetismo. Sus sonetos esconden detrás de las palabras fuerzas misteriosas que insinúan revelaciones maravillosas: Cuando todo permanece dormido, /Aquel que vela / Rompe sus cadenas! .

Su desarraigo, su grito herido alcanza momentos delirantes e inigualables en el poema El desdichado, cuando escribe: Yo soy el Tenebroso, --el Viudo--, el Desconsolado, /...el de la torre abolida: muerta está mi única estrella .

La desesperanza del poeta francés es aterradora. De un momento a otro, su vida se convierte en una eterna desazón: El aguijón de la alegría o del sufrimiento /Ya no puede emocionarme; /Los bienes que el vulgo envidia /Tal vez puedan embellecer mi vida, /Pero nada me devolverá la esperanza , dice.

Otro tema que lo apasiona es la muerte, la que le dará el descanso definitivo. Y a la que compara con el mundo de los sueños. En el poema Resignación, exclama: La muerte es sólo un sueño. Mi alma está cansada, /Dejémosla dormir .

La mañana del 25 de enero de 1855, una llovizna de nieve cubre su cadáver. Este cuerpo acaba de morir para el mundo... /Dios sabe dónde irá su alma , escribiría unos años atrás. Nerval no aguantó más y se ahorcó en la calle de la Vieille Lanterne.

La lección que nos dejan los poetas malditos va más allá del simple concepto de la bohemia y sus excesos delirantes. Es cierto que ellos fueron las víctimas de una mezcla peligrosa: llevar la poesía hasta sus últimas consecuencias, pero sus innovaciones formales, conceptuales y su pensamiento trascendió las fronteras de la historia de la humanidad. Héroes de la posteridad que no conocieron en vida el brillo de sus liras.

Hoy, su desarraigo, sus blasfemias, la pasión por lo grotesco y el erotismo, la fusión de poesía y prosa, siguen iluminando la literatura actual y la del mañana. (El siguiente ciclo: Los poetas modernos . Próxima entrega: Stephan Mallarmé). El despertar en coche He aquí lo que vi: A mi paso los árboles Huían entremezclados, igual que un ejército derrotado, Y a mis pies, como conmovido por los agitados vientos, El suelo hacía rodar oleadas de gleba y piedra! Los campanarios guiaban por las verdes llanuras Las aldeas de casas de yeso, cubiertas de tejas, Que trotaban como manadas de carneros blancos Marcados de rojo en el lomo! Y los montes ebrios se tambaleaban, --y el río Como una serpiente boa, se lanzaba para envolverlos Por todo el extenso valle... Yo estaba quieto, yo, recién despierto! Coro subterráneo En el fondo de las tinieblas, En estos funebres lugares, Combatamos al destino: Y para vengarnos, Todos unidos, Preparemos la muerte. Caminemos en la sombra; Un velo oscuro Cubre los aires: Cuando todo permanece dormido, Aquel que vela Rompe las cadenas!

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