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UNA CONQUISTA DEL SIGLO XX

UNA CONQUISTA DEL SIGLO XX

El siglo XX comenzó en París. Fue la exposición universal de 1900 la que señaló, con la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, el comienzo de la edad que nos ha tocado vivir. Se terminaron las guerras napoleónicas. Las tropas francesas recorrieron desde Notre Dame hasta el palacio de los zares, todos los campos de Europa, atropellando cuanto iban encontrando desde el Sena hasta el Neva, palacios y ciudades que durante cien años fueron marcando la grandeza de reinos y de imperios. El siglo XX ha terminado uniendo a Londres y París por una carretera y sus ciudades grandes y pequeñas por una red de coches volantes que han cambiado la faz del mundo.

El nuevo siglo saluda a las juventudes que esperan encontrar la paz y la libertad que a lo largo de los siglos han buscado. El Triunfo y la Torre de hierro resultaron en el 900 promesas no cumplidas. Las nuevas generaciones vienen trabajando movidas por una esperanza de muchos siglos. Las guerras no han servido para asegurar la libertad que se esperaba. Pero tanto se ha hecho por liberar al hombre, tantos son los progresos y tan manifiesta la voz del pueblo que clamorosamente pide su reposo en favor del progreso universal, que ya nos parece haber frenado el orgullo de los déspotas y su ansia de alcanzar la celebridad echando a las espaldas de los pueblos la carga de su orgullo y despotismo.

La libertad de expresión que acabará por asegurar al periodismo la autonomía que exige su normal ejercicio y la responsabilidad con que ha de pagar el periodista la confianza que en él pone la sociedad acabarán siendo la conquista final de nuestro tiempo. Esta sola ganancia le dará al siglo XX el más honorable distintivo entre todos los siglos, los veinte siglos corridos. Hemos llegado en la recta final de esta conquista. Solo presentando como balance final la prensa libre y responsable cerramos la evolución de la sociedad civil con un logro que le haga honor al hombre intelectual. Con el pensamiento libre y responsable, el hombre del siglo XX o, exactamente, el periodista, se acerca al ideal de una sociedad que lleva en sí misma el instrumento de su propia censura y la posibilidad de encontrar los caminos del buen gobierno.

Toca a América y en forma particular a Nuestra América poner en claro estas singularidades que han venido modelando la nueva sociedad tal como vamos a entregarla en la alborada del siglo XXI. De todas las invenciones del hombre de nuestro tiempo y hay que ver cuántas son, la que abre los caminos a que haya una opinión pública que se exprese libre y responsablemente es la que mejor define, la que ha hecho progresar más al hombre en el mundo. Antes del periodismo libre, los progresos en las comunicaciones y en toda la vida urbana, y aun en la del campo, eran ya muy grandes. Con el vapor, la electricidad, las comunicaciones, venía transformándose la vida en las ciudades y en el campo en forma cada vez más acelerada. Pero surge el periodismo, y este medio de comunicación acelera tanto o más que el telégrafo, la navegación de vapor o el cable submarino. Entonces, la libertad tiene que contemplarse dentro de los nuevos sistemas de comunicación del hombre.

A pesar del analfabetismo predominante, la prensa es por ahora el medio más popular y más eficaz para que circulen la información y la crítica. Los sistemas de censura que surgieron contra la libertad de prensa fueron el tema más candente de la lucha política a mediados del siglo. A pocos recursos acudieron las dictaduras como el de atacar los periódicos para hacer más difícil la implantación de las democracias. Casi puede decirse que fue el tema más candente de las luchas políticas y el último recurso en que se empecinaron los regímenes despóticos para hacer más difícil la circulación de las ideas libres.

Creo que al llegar al siglo XXI podamos decir con alguna tranquilidad que ya no queda censura a la prensa libre en ningún país de Nuestra América. Tal va a ser la ventaja con que empiece el siglo que viene sobre la que tuvo al comenzar el siglo en que vivimos. Ya en este momento es muy raro el país en que estén los periódicos sometidos a esa censura. Con una ventaja que no se sospechaba al principio del siglo. Porque a medida que la censura oficial fue derrumbándose, fue imponiéndose la responsabilidad del editor. Hoy no es posible que un editor irresponsable autorice una publicación en que manifiestamente se mienta o se hagan provocaciones contra la paz pública. El sentido de la responsabilidad ha venido creciendo al mismo tiempo que la libertad crece. Un mentiroso sabe que va hundiéndose en el lodo de su propia mentira.

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