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ASÍ SON LOS 7 LIBERALES

ASÍ SON LOS 7 LIBERALES

Humberto de la calle, concertar es la clave De ideas rápidas y una oratoria fluida, Humberto de la Calle Lombana pasó de ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia, a dirigente político. En la universidad acaudilló movimientos significativos que lo dieron a conocer como un hombre de ideas y decisiones firmes , dice José Fernando Escobar, compañero de toda la vida de De la Calle.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Es una persona respetuosa de las competencias de cada quien. En su oficina le gusta dedelegar, pero es preciso y claro al adjudicar responsabilidades. Es él quien toma las decisiones finales , agrega Rosalba de De la Calle, su esposa.

Las cosas no siempre le han salido bien, pero reacciona con rapidez ante la adversidad. Mientras se desempeñaba como Registrador Nacional, en 1984, cuando se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias, todo la red de sistematización de la entidad, impulsada en buena parte por De la Calle, falló. A las once de la noche el país no conocía un solo resultado de los comicios.

Las críticas de la prensa no se hicieron esperar. Sin embargo, el hoy precandidato liberal, ordenó realizar toda la recolección de datos vía telefónica y sumar con calculadora. En la madrugada se tuvieron los resultados finales.

Como más se ha destacado quizás, es con sus intervenciones académicas. En sus épocas de magistrado, adelantaba álgidos debates con sus colegas en búsqueda de un consenso que permitiera sacar adelante un fallo o un pronunciamiento.

No obstante, es en el ministerio de Gobierno donde el país lo conoció, especialmente cuando tuvo que manejar situaciones tan comlejas como los fracasados diálogos con los grupos guerrilleros en Tlaxcala (México) y Caracas (Venezuela).

Este ha sido uno de los hechos que lamenta no haber podido sacar adelante, máxime cuando el país ya estaba abriendo sus puertas a la participación de los grupos insurgentes en la vida democrática.

Pero cuándo impacta realmente la figura de Humberto de la Calle? La respuesta, a juzgar por las diferentes personas consultadas, es el proceso Constituyente.

La gente recuerda a un hombre silencioso que por aquella época solía pasearse con un maletín por los pasillos del Centro de Convenciones de Bogotá.

Era y ha sido un gran conciliador, oye posiciones divergentes y luego toma una decisión. Esto lo dio a conocer en la Constituyente, donde después de estar discutiendo una norma durante varias horas, él llegaba y en cinco minutos resolvía la situación , afirma Jorge Mario Eastman Jr., colaborador cercano de entonces.

No obstante, algunos de sus críticos afirman sin embargo que a De la Calle le falta carácter; que no se arriesga a tomar posiciones que puedan generar fuertes reacciones adversas . También rememoran su actitud cuando una delegación de Amnistía Internacional intervino durante las deliberaciones para lanzar fuertes dardos contra el Gobierno Gaviria por la continua violación a los Derechos Humanos.

De la Calle respondió los ataques con un discurso que aún se recuerda. Dijo que el gobierno no ignoraba los hechos, pero que era absurdo presumir que los toleraba o patrocinaba. Habló de las bondades de las propuestas que se estaban ventilando en la Constituyente para proteger a los ciudadanos, entre ellas la acción de tutela.

Quienes estuvieron presentes aseguran que aunque su intervención tuvo un tinte nacionalista, fue aplaudido por los representantes de la izquierda y de los partidos tradicionales. Un aplauso más significativo, se registraría el 4 de julio de 1991, cuando se firmó la nueva Constitución colombiana.

D. Turbay, una lucha por las regiones Desde el comienzo de su campaña se declaró defensor de los intereses de las regiones colombianas. Empezó a recorrer municipio por municipio anunciando sus propuestas y fue aglutinando a su alrededor dirigentes liberales de diverso origen en una tarea que a muchos llamó la atención, pues no tenía grandes padrinos ni era apoyado por las principales vertientes de su partido.

Sus colegas de Congreso empezaron a reconocerle una inmensa capacidad de trabajo político, pero simultáneamente surgieron desde diversos ángulos de opinión muchas dudas sobre la calidad de personas que lo respaldaban.

David Turbay ha tenido, sin duda, una precandidatura muy polémica. Algunos dirigentes que lo acompañan han sido despojados de su investidura, como Samuel Escrucería, o han sido cuestionados por la Procuraduría, como Rodrigo Turbay Cote y Félix Salcedo Baldión. El último episodio fue la captura de uno de sus adherentes en Bogotá, Rafael Forero Fetecua, quien portaba 2.500 cédulas.

Aun así, varios congresistas han considerado que la hazaña de David Turbay fue lanzarse a la arena electoral sin temor al fracaso o al ridículo. Si de dirigentes cuestionados se trata, el mismo Turbay se pregunta por qué nadie ha hablado de la adhesión pública de Ricaurte Losada quien estuvo detenido por manejo de auxilios a la candidatura de Samper.

Turbay Turbay no vaciló en condenar los delitos contra el sufragio cuando se le preguntó por el apoyo que recibía de Forero Fetecua. Y fue el único de los precandidatos que cuestionó abiertamente el ingreso de Carlos Lleras de la Fuente a la consulta interna. Dijo que se trataba de una actitud discriminatoria por ser Lleras hijo de un ex presidente.

Esa, la espontaneidad, la considera una de sus principales cualidades, pues muchos, entre ellos algunos precandidatos, me llamaron para contarme su desacuerdo con el ingreso de Lleras, pero nadie fue capaz de decirlo públicamente .

Pero esa actitud es considerada por algunos de sus críticos como muestra de un extremo simplismo. Para otros, es puro oportunismo. David Turbay, sin embargo, dice que sus intenciones de defender hasta el final los intereses de las regiones colombianas empezando por la Costa Atlántica, son legítimas.

Su carrera política la ha hecho fundamentalmente en Cartagena, donde tiene uno de los más grandes fuertes electorales de la Costa Atlántica. Fue autor y promovió con mucho entusiasmo la creación del Distrito Turístico y Cultural de esa ciudad, que le ha reportado recursos importantes para su desarrollo.

En el Senado ha sido miembro de la comisión de asuntos constitucionales, donde intervino activamente en la expedición de leyes como la de estados de excepción y la de participación ciudadana. Su conocimiento constitucional lo ha venido profundizando desde la universidad del Rosario, en donde estudió se destacó como uno de los mejores alumnos de Derecho.

Samper, pertinaz y conciliador Desde cuando estaba en el Gimnasio Moderno, Ernesto Samper tuvo vocación política. Entonces fue nombrado presidente del Movimiento Estudiantil para la Comprensión Internacional, donde, mientras los demás nos íbamos a cine, ellos se dedicaban a estudiar mapas, a averiguar en qué parte quedaba Angola y demás estupideces , según relata su hermano Daniel.

Hoy se juega, como precandidato, la mitad de su suerte política en la consulta interna; si gana, la otra mitad se la jugará en mayo, en las presidenciales.

Samper ha tenido una carrera política corta si se tiene en cuenta que por lo general en Colombia había que hacer fila india para llegar a la candidatura liberal. Desde 1982, cuando fue jefe de debate de López Michelsen, empezó a escalar aceleradamente. Hace cuatro años dejó sembrada su carrera a la Presidencia cuando ocupó el tercer lugar en la consulta liberal que ganó César Gaviria.

Tiene, según le reconocen sus allegados, una impresionante capacidad para combinar sus conocimientos intelectuales, económicos y políticos con una buena dosis de humor. Capacidad que justamente le causó problemas al asumir en forma la precandidatura, pues cuando de Presidencia se trata, es mejor ser trascendental.

Al lado suyo militan dirigentes de todas las tendencias, desde quienes muestran la radical propuesta neoliberal, como Fernando Botero, hasta la socialdemócrata de Horacio Serpa. Yo soy la síntesis de todo ello , ha dicho en varias ocasiones Samper. Esta circustancia, sin embargo, ha llevado a sus críticos a tacharlo de ambivalente.

Lo cierto es que Samper no es radical en ningún sentido de la palabra. Suele ser conciliador no solo en materia de tendencias internas en su movimiento, sino también en las coyunturas políticas. No le gusta desagradar a nadie. Y si no logra seducir con su humor y su personalidad, se angustia , dijo una de las personas que más se ha ocupado de estudiarlo. Con Luis Carlos Galán trabajaba en llave en el propósito de reformar al liberalismo. El desde adentro y Galán desde afuera. Esta sigue siendo una de sus metas fundamentales en caso de ganar hoy la consulta interna. La renovación de métodos, de caras y de estructuras lo considera clave no solo para ganar el poder sino para asegurar que este partido realmente se renueve.

Pero y esta es también una de las críticas que se le formulan, Samper ha tenido que conciliar con todos los sectores de su partido que hoy en día, en su mayoría, lo acompañan.

Por eso se le atribuye un doble componente en su fuerza electoral: por una parte la opinión de muchos colombianos persuadidos de sus propuestas, labradas a lo largo de un decenio y con una marcada tendencia hacia la reivindicación social, y por otra, la arrolladora maquinaria de su partido que ha ejercido el poder en buena proporción durante los últimos decenios.

Sin abdicar sus propuestas sobre la defensa de los sectores informales, Samper ha impulsado en los últimos años tesis sobre la necesidad de fortalecer el sector productivo, de llenarlo de estímulos sin incurrir en proteccionismo. Eso sí, ha enarbolado con mucha energía la defensa del sector agrario incluso mediante el otorgamiento de subsidios.

Lemos, autoridad a toda prueba En 1981, cuando el dictador argentino Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó tomar por asalto las islas Malvinas, reclamadas desde hace varias décadas por el país gaucho, y exigió desalojar a los residentes británicos de ellas, quiso generar un nacionalismo entre sus compatriotas y una solidaridad a nivel latinoamericano.

Todos los países del contienente respondieron a su llamado, menos Colombia porque el entonces ministro de Relaciones Exteriores de entonces, Carlos Lemos Simmonds, se opuso. Creía que por encima de la fuerza, estaba el Estado de Derecho. Esta actitud le valió un apelativo poco amigable: El Caín de América . Quienes recuerdan el episodio aseguran que la determinación de Lemos fue enfática. No requirió de muchas consultas. Esta misma actitud se vio durante el trámite de la reforma Constitucional de 1989. Cuando todo estaba listo para que el Congreso diera su visto bueno a la norma, Lemos, quien ocupaba la cartera de Gobierno por esa época, recibió una llamada en la que se le informaba de un numeroso grupo de parlamentarios que quería abolir el tema de la extradición. De inmediato, se reunió con el presidente Barco. Este le pidió que hiciera lo que considerara conveniente a fin de salvar la reforma. Ese día él me llamó y me dijo: Voy a tomar esta decisión, nos puede costar la vida, pero quiero saber si estás de acuerdo . Yo le respondí que sí , recuerda su esposa Martha de Lemos.

El ministro se dirigió entonces al Capitolio, y en un debate que se prolongó hasta las tres de la madrugada, le dijo a los congresistas: Van a ensuciar ustedes la cara de Colombia con esta vergenza de proposición... .Al final del debate, hubo zambra, gritos y silvatinas. Desde ese momento comenzaron a llover llamadas a la casa diciéndome su marido está muerto , yo solamente rezaba , afirma Martha. Y como estos dos casos, se recuerdan otros a lo largo de la vida política de este hombre, que ha ocupado muchas dignidades en el Estado, pero que sin embargo, dice gustarle más el periodismo.

Algunas personas cercanas a él afirman que este último oficio, si bien constituye su razón de ser, también le ocasiona fuertes enfrentamientos. El contesta como periodista, dice lo que siente sin importarle la investidura que posea , aseguran algunos. Inclusive, a veces, sus colaboradores le han visto tan furioso que pierde la medida de sus palabras y se le nubla el buen sentido .

Otros ven en el hoy aspirante presidencial, a un ser netamente contestatario. Reacciona con argumentos afilados y profundos. El estado Ladrón , una de sus obras más significativas, corrobora lo dicho. Allí, con su pluma magistral, Lemos hace el más demoledor cuestionamiento al grado de corrupción y desgreño en que ha caído el país en los últimos años.

Es un hombre de carácter fuerte, malgeniado tal vez, pero un excelente estadista. Vive entregado al análisis y el estudio. Escucha, pero cuando quiere convencer lo logra , señala José Noé Rios, quien fuera su viceministro de Gobierno.

Su agudeza, experiencia y recia personalidad, fueron sus cartas de presentación una tarde de 1993, cuando en su ciudad natal, Popayán, y frente a un nutrido grupo, fue el primero en anunciar su candidatura a la Presidencia de la República. Dicen que no consultó con nadie.

Lleras, el vertical...

Durante 53 años se estuvo negando la posibilidad de saltar a la arena política, pese a que muchos de sus amigos creyeron siempre que reunía todo los atributos para ser un buen delfín.

Decidió asomar la cara a la plaza pública el 29 de octubre de 1990, después de que su padre, el ex presidente Carlos Lleras Restrepo, anunció que no volvería a rondar por esos predios.

Algunos hablan de que existía un acuerdo entre los dos para no actuar simultáneamente en esos escenarios. Otros aseguran llanamente que el ex mandatario, hombre enérgico y vertical, le había prohibido a su hijo irrumpir en la actividad proselitista mientras él mantuviera alguna injerencia en ella. Carlos Lleras de la Fuente explica claramente que era una cuestión de respeto mutuo.

Cuando cesó su prolongado silencio político, hizo todo lo posible por mostrarse independendiente. De hecho, se lanzó a la Asamblea Constituyente en listas de la vertiente conservadora Movimiento de Salvación Nacional.

Un día, en plena campaña, un periodista le preguntó: Y qué hace Carlos Lleras de la Fuente, hijo de un ex presidente liberal, en la lista de Alvaro Gómez? Lleras replicó una respuesta que hubiese levantado ampolla en la época de las guerras partidistas: Y por qué no? El Partido Liberal hoy día no me dice nada, como creo que no se lo dice a buena parte de los colombianos .

En contravía con una inclinación contemporánea, no llegó a la política a través de los cargos públicos. Nunca le resultaron atrayentes. El único puesto oficial que aceptó porque se lo exigían en su facultad para graduarlo como abogado fue el de juez municipal.

Siempre ha estado vinculado al sector privado, como asesor jurídico de importantes empresas y, que se sepa, ha perdido muy pocos litigios.

Jugó un papel protagónico en la Constituyente. Allí fue uno de los artífices de la revocatoria del Congreso, del implantamiento de la no reelección presidencial y uno de los que hilvanó el tejido de la figura de vicepresidente.

Aunque despliega con frecuencia un agudo sentido del humor, sus críticos afirman que es arrogante. Proyecta la imagen de un hombre duro, férreo en sus posturas, y ha admitido que, por eso mismo, algunos han llegado a llamarle radical y hasta fascista. El cree que hoy día, cuando los valores están tan relajados, alguien aparece duro simplemente porque defiende principios que han sido caros para las gentes colombianas.

En octubre del año pasado, armó la más reciente polémica sobre la pena de muerte, al proponer su implantación: Ni a Bolívar ni a Santander escribió en una de sus columnas en EL TIEMPO les tembló la mano para ordenar pasar por las armas a quienes amenazaban la estabilidad de las instituciones y la paz .

Quienes le conocen de cerca dicen que tiene un sentido tradicional de la ética y la moral. Alguien que trabajó bajo sus órdenes en la vicepresidencia de la Flota Mercante dice: Me impactó siempre su sentido meticuloso y pulcro respecto al manejo de los recursos de una empresa. Reconocí ese carácter en un reciente escrito suyo en que recordaba que a comienzos de los 40, cuando su padre era ministro de Hacienda, obligó a su hermana a devolver un frasco de goma pegante que le había regalado una de las secretarias del despacho, simplemente porque era un elemento de propiedad oficial .

Gloria Gaitan, trabajadora y empecinada Esta mujer, que se levanta muy temprano y no para de trabajar , según dicen quienes la rodean, estudió filosofía y letras y economía.

Un antiguo subalterno la describe como una mujer de una inteligencia veloz, creativa y que capta muy ágilmente el pensamiento ajeno.

Dice que en lo circunstancial cambia rápidamente, pero en las cosas esenciales ha sido siempre fiel a sí misma. Otros consideran que es inconstante. Ella rechaza ese punto de vista, respondiendo que en todas las líneas que han regido su vida le queda la satisfacción de llevar hasta el final los proyectos que ha emprendido.

Su hoja de vida es prolífica: activa parlamentaria, asesora de Salvador Allende; embajadora que multiplicó el comercio con Rumania. Y madre de dos mujeres hoy profesionales.

Recuerda a los que la han llamado testaruda. No se le olvida que hasta el ministro de obras, Jorge Bendeck, le reconoció ese rasgo, al cabo de la huelga de hambre que ella adelantó en junio del año pasado para lograr que el Gobierno le diera (y lo consiguió) los dineros para financiar las obras de la Fundación (antiguo Centro ) Jorge Eliécer Gaitán, de la cual es presidenta.

Por esa época fue cuestionada por la ausencia de libros de contabilidad; asunto que afirma haber denunciado ella misma ante la Contraloría; como también denunció el robo de 40 millones de pesos por parte de un antiguo representante legal de la institución.

Los que han trabajado con ella consideran que lo más negativo de su personalidad es su mal genio y el ser conflictiva. Dicen que se agarra con todo el mundo. No lo niega, pero explica que sólo lo hace con la gente cercana. Me da rabia que las personas se equivoquen; tengo en mi cuarto un cartel con los derechos humanos y les agregué uno más, para no olvidarlo: el derecho a equivocarse .

Quienes la aprecian afirman que se ha dedicado a perpetuar la memoria de su padre . Ella rectifica; no es la memoria sino las ideas. Otros interpretan esto como una explotación política de la figura del líder, como lo hizo Plinio Apuleyo Mendoza en abril de 1988, con motivo de los 40 años del asesinato del caudillo, al escribir que los grandes hombres no deberían tener hijos y concluir que ya es hora de dejar a papá en paz .

No falta quien afirma que es una loca . Ella lo asume sin rubores. No quiere ser clasificada entre los normales, pues a todo el que quiere cambiar las cosas lo llaman loco . María Esther, su secretaria en los últimos cinco años dice que eso depende del cristal con que se mire, y trae a cuento la frase favorita de su jefa: Para una babosa, el cuadro de la Mona Lisa puede ser un obstáculo .

RODOLFO GONZALEZ, UN POLITICO SAGAZ Rodolfo González es un santanderano recio, de pura cepa. Nacido en la provincia de García Rovira, sólo se alejó de su tierra cuando emprendió estudios de economía en la Universidad Nacional de Bogotá. Luego se radicó definitivamente en Bucaramanga, para conjugar allí su profesión con dos destrezas más: el periodismo y la política.

La primera la ejerció desde el diario Vanguardia Liberal, donde comenzó como reportero deportivo (en épocas de su bachillerato) y terminó como director. La segunda la inició al lado de Eduardo Mestre Sarmiento y Norberto Morales Ballesteros. Los tres fundaron el llamado Grupo de los Titos . Los diez años de experiencia al frente de las editoriales del periódico de mayor circulación en esa región del país y el juego político de su movimiento en Santander lo llevaron al Concejo de Bucaramanga, en cuatro oportunidades; a la Asamblea de su departamento, en dos ocasiones, y le dieron el potencial electoral para llegar en 1978 a la Cámara de Representantes y para ser reelegido en 1982 por el Nuevo Liberalismo.

Pero parte de su electorado se quedó por el camino cuando decidió engrosar las toldas del lopismo , actitud que fue criticada por muchos de sus copartidarios y seguidores que lo calificaron de volteado .

Con 182 votos de los 199 con que contaba la Cámara de Representantes en agosto 1982, González fue elegido a la Contraloría General de la República. Su desempeño al frente de la entidad, considerada entonces uno de los fortines más codicionados por la clase política del país, fue muy controvertido.

Diferentes sectores lo acusaron de haber convertido el ente fiscalizador en su feudo político. Incluso Tiberio Villarreal, uno de sus alidados en las lides políticas, reconoció espontáneamente en febrero de 1988 que financió la movilización de numerosas personas al servicio de la Contraloría hacia Bucaramanga para que depositaran allí su voto, en favor sus seguidores.

En julio de 1986, las mayorías liberales con asiento en la Cámara votaron la reelección de González, quien permaneció en ese despacho hasta 1990. Fue acusado en varias oportunidades de manejos irregulares en esa institución. En algunos casos fue absuelto y en otros no se abrió investigación.

Sus amigos lo consideran un hombre trabajador, audaz y muy sintonizado con el colombiano común. Sus detractores afirman que es autoritario con sus subalternos. Los que lo conocen también destacan su sagacidad en el manejo político.

En 1992, este hombre reconocido por su éxito con las mujeres se candidatizó por segunda vez a la Presidencia por el liberalismo para el período 1994-1998, apoyado por su movimiento, la Confederación Liberal de Santander. Hoy compite en una de las siete aspiraciones por la camiseta roja de la colectividad.

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