CHAPÍN, CHAPINES ... CHAPINERO

CHAPÍN, CHAPINES ... CHAPINERO

De un par de zuecos para mujeres, novedosos y útiles para saltar charcos, nació Chapinero en el siglo XVII. Eran el calzado de moda, igual que ahora. Es como si el comercio hubiera marcado su rumbo, a pesar de las casaquintas y las casas republicanas que se construyeron cuando los pastizales empezaron a ser poblados.

13 de marzo 1993 , 12:00 a.m.

Todo comenzó en la época de los hidalgos españoles que vivían en la llamada Santafé de Bogotá, a varios kilómetros al norte que, en ese entonces, lo constituía el actual Chapinero.

Allí a un hombre que, al parecer, se llamaba Antón Hero Cepeda porque algunos libros de historia de Bogota dicen que era Sebastían Rodríguez, se le ocurrió fabricar unos zapatos especiales para las mujeres.

Los empezó a llamar chapines y a las bogotanas les encantó porque como la suela era alta, de madera, se amarraba a las piernas y eran especiales para atravesar los lodazales de las calles sin mojarse los pies.

Como era el único que los fabricaba, la gente empezó a llamar el sitio por el nombre de los zapatos. Entonces la palabra se volvió costumbre: al zapatero le decían chapín y a su negocio le dijeron Chapinero.

Así fue como toda la zona empezó a tomar el nombre de Chapinero y se quedó para siempre...

Claro que al principio, según las descripciones de cronistas como Daniel Ortega Ricaurte, ese sector de la ciudad era despoblado porque la gente los consideraba simples matorrales .

Lo curioso y llamativo es que cada rincón de Chapinero tiene su historia. En las casas de estilo republicano habitaron personas de gran prestigio que eran reconocidas en la ciudad y su transformación también tiene una huella importante dentro de las páginas de la ciudad.

El poblamiento de Chapineo empezó cuando cedieron los potreros a los particulares. Fue en 1554, en los tiempos en que el conquistador Juan Muñoz de Collantes, pidió al cabildo un terreno para la crianza de cerdos y vacas.

También la comunidad religiosa de los Dominicos adquirieron los primeros terrenos y formaron un latifundio con haciendas. Ellos conservaron el nombre de Chapinero para una hacienda y a las otras dos las llamaron Rosales y Camargo. Entonces, cincuenta años después, los virreyes concedieron más terrenos a los particulares en el sector de Chapinero, para que construyeran sus haciendas a partir de la calle 39 o la llamada quebrada del Arzobispo, que se llama así en honor a don Vicente Arbeláez por ser el fundador de Chapinero: él dió un gran impulso al sector, a finales del siglo pasado.

El tiempo pasó y entonces el zapatero tuvo más vecinos. En los terrenos en donde fabricaban los zuecos, aparecieron las haciendas de las familia de los próceres José María Carbonell y don Primo Groot.

Luego la población comenzó a aumentar considerablemente, hizo falta la capilla que, en esa época, se construía para la Inmaculada Concepción. La terminaron en 1812 y la llamaron Vírgen de Chapinero. Ya no existe, fue demolida el siglo pasado y reemplazada por la iglesia de Lourdes, de arquitectura gótica, que fue un regalo del Arzobíspo Vicente Arbeláez.

El colocó la primera piedra para su construcción en 1875 y su alrededor comenzó el fulgurante comercio a crecer rápidamente hasta convertirse en uno de los más importantes de la capital.

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