HOGAR, DULCE HOGAR

HOGAR, DULCE HOGAR

No es difícil dejarse dominar por el dolor de cabeza, en esta época en que la calma se acaba. El orden también. La casa se vuelve un caos porque los niños están de vacaciones. Las camas están sin tender porque se levantaron tarde, la ropa no aparece, los tenis no tienen cordones y el piso está rayado porque lo toman como pista de carros, de patinaje, campo de fútbol o piscina. Entonces, los adultos se impacientan a veces hasta extremos que sólo ocasionan problemas de salud.

09 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Si no hay más remedio que soportar al inquieto niño en la casa, para qué amargarse la vida, envejecerse en pocas horas, llegar a los límites del estrés o dejar que los nervios estén a punto de explotar, cuando se pueden hacer muchas cosas, no de carácter impositivo sino recreativo, en las que todos participen y que a la vez beneficien la salud física y mental.

Mientras todos piensan en el problema, no se dan cuenta de que los mismos niños terminan sin tener qué hacer, después que, aparentemente, lo han hecho todo. Entonces buscan cualquier cosa para jugar y se exponen a accidentes.

Todos estos malestares se producen porque los juegos de familia, el trabajo con materiales desechables y otras actividades hogareñas se olvidaron o no se les da importancia.

Los padres pueden idear mecanismos compensatorios para ese tiempo libre y controlar a los niños sin afectar su trabajo diario, sin dejar de ir a la empresa y sin tener que pensar a toda hora qué estarán haciendo , dice el sicólogo Oscar William Aguinaga.

Al niño, mirándolo bien, no le interesan tanto las múltiples ocupaciones, necesidades y limitaciones que suelen tener los adultos; lo que quiere es satisfacer sus propias necesidades. Es conveniente que el egoísmo y el negativismo queden de lado y no decir: Yo no juego a eso, eso no es para nosotros los viejos... .

En familia, pero fuera de casa, hay oportunidades como las que ofrecen las cajas de compensación familiar, con programas para niños y adultos. Sinembargo, muchos padres están afiliados y no conocen los planes recreativos o no les dan la debida importancia, cuando a través de ellos los menores reciben aire puro, juegan, se entretienen y contribuyen en forma positiva a su desarrollo.

Los comités de deporte de los barrios, las juntas de acción comunal, las organizaciones de jóvenes, los grupos de scouts y otras agrupaciones de cuadras o manzanas también realizan actividades como caminatas, visitas a museos, al zoológico, a los parques...

Si el problema es el dinero, la alternativa es jugar en casa: minicompetencias deportivas, loterías, dibujos... Otras actividades pueden resultar interesantes como limpiar el jardín, arreglar la fachada, asear la calle, pintar la puerta o realizar una campaña interna de reciclaje de basuras y objetos.

También se puede hacer una limpieza general y darles utilidad a cosas que no la tenían. Las latas y cajas se convierten en ceniceros, los tubos de papel higiénico en muñecos y los envases de dulces en cofrecitos.

Con los palillos se pueden elaborar figuras geométricas y para seguir estudiando sin cansarse, nada mejor que jugar con las canicas a hacer sumas y restas, o con piedras de colores practicar las operaciones matemáticas.

Siempre y cuando haya una persona adulta que los oriente, no necesariamente los padres, sino los hermanos mayores, los tíos o los primos, los niños pueden hacer maravillas en vacaciones, sin exponerse a los peligros de las calles, sin pelear y cansar a nadie.

El niño tiene tantas ideas que si no se le canalizan, generan un cúmulo de actividades, pero sin un objetivo concreto, que es lo que muchos padres llaman indisciplina , dice Aguinaga.

Esa orientación comienza desde el mismo espacio disponible para jugar. El niño debe saber que hay sitios en donde no puede jugar, no por capricho de sus padres sino por seguridad, como la cocina , agrega.

En general, este es el momento para que incrementen sus habilidades básicas y aprendan a trabajar en grupo y para que los adultos compartan con ellos jornadas inolvidables, revivan los viejos tiempos, descansen, jueguen y aprendan.

Los padres tienen la misión de evitar que las vacaciones se conviertan en un mal sin remedio. La iniciativa, la creatividad y la forma en que revivan los juegos de familia y las viejas tradiciones les evitarán más de un dolor de cabeza...

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