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LA MAMÁ DE LOS VIEJITOS

LA MAMÁ DE LOS VIEJITOS

A Josefa de León, una vecina del barrio Santa Cecilia Alta, al nororiente de la ciudad, se le creció la familia de una forma especial. En menos de dos años el número de sus miembros paso de tres a más de treinta. Y no los tiene a todos bajo el mismo techo. En realidad, lo que hizo fue adoptar a todos los ancianos que viven en el sector, y que ya no pueden trabajar para mantenerse.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Se trata de unos treinta viejitos, a los cuales Joseja visita todos los días para saber de su estado. Ya es común que los habitantes de Santa Cecilia la vean recorrer las calles verdaderos caminos de herradura en busca de sus viejitos.

El trabajo es agotador. Por eso Josefa ya organizó un comité de atención a los ancianos, que se encarga de buscar ayuda en entidades como Bienestar Social del Distrito, aunque sin ninguna respuesta.

Todos los sábados, el grupo prepara a los ancianos y los baja hasta el Colegio de La Salle. Allí les programan jornadas de recreación y les dan refrigerios.

Los domingos, el comité coloca un canasto en el segundo piso del salón comunal del barrio, que fue habilitado como capilla, para que la comunidad deposite en él los artículos que quiera.

Al otro día, el equipo que coordina Josefa se encarga de repartir el mercado, principalmente entre los viejitos que más lo necesitan.

Pero ahí no termina el trabajo del comité conformado también por Blanca Mery Sánchez, Mercedes de Pinto, Lola de Márquez, Ulbio Hernández y Julio César Gómez, diácono que dice la misa en la capilla los domingos.

Ellos piensan construir, en un lote de media fanegada que hay en el barrio, un centro especial para la atención de los ancianos, que en la mayoría de las ocasiones tienen que bajar desde el cerro, por las empinadas calles, hasta el sector de la avenida Séptima para recibir cualquier atención.

Aunque ya le tienen nombre al lugar (se llamará Centro Dulce Hogar la Colina), solo cuentan con dos bultos de cemento y una promesa de alguien que regalará algunos ladrillos.

Pero eso no les afana. Es la base de un ambicioso sueño que incluye la conformación de talleres para que los ancianos trabajen en cestería china, dulcería, fabricación de utensilios para el aseo del hogar (escobas, por ejemplo) y artesanías de cuero tallado, entre otros.

Incluso, pretenden crear un pequeño huerto para que los ancianos cultiven maíz, papa, hortalizas y algunos árboles frutales. La idea incluye, así mismo, el engorde de unas cuantas vacas.

Uno de los primeros pasos que va a dar el comité es realizar un censo para saber con exactitud cuántos ancianos hay en el sector, ya que la idea es que el centro también reciba personas de barrios como La Perla, Villa Nidya, Arauquita y Santa Cecilia.

Es el resultado del trabajo voluntario de Josefa de Pinto que, sin proponérselo, se convirtió en la mamá de un grupo de viejitos olvidados en los cerros del norte de Bogotá.

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