EL PULSO DE LA MAÑANA

EL PULSO DE LA MAÑANA

Una roca. Un río. Un árbol. Lares de especies hace tiempo desaparecidas, que vieron el mastodonte, el dinosaurio, y dejaron rastros secos de su paso sobre nuestro suelo planetario. Todo otro testimonio de su deceso inexorable perdido en la penumbra del polvo y de los siglos. Mas hoy la Roca nos exclama con claridad y fuerza: Venid, posaos sobre mis espaldas para columbrar vuestro destino mas sin buscar el refugio de mi sombra; aquí no encontraréis un escondite. Vosotros, creados casi cual los ángeles, habéis medrado demasiado tiempo tirados boca abajo en la ignorancia, vuestras bocas derramando palabras armadas para la matanza .

14 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

La Roca hoy nos exclama: Posáos sobre mis espaldas mas no escondáis el rostro .

El río entona una canción hermosa. Nos dice: Venid, descansad a mi lado, cada cual un país delimitado, formado curiosa y delicadamente, pletórico de orgullo, mas embistiendo siempre como asediado.

Vuestras luchas armadas fruto de la codicia dejaron collares de despojos en mis orillas, corrientes de escombros en mis entrañas; mas hoy os llamo a mi ribera si dejáis de estudiar para la guerra.

Venid vestidos de paz, y os enseñaré los cánticos que el Creador me dio cuando yo, el Arbol y la Roca éramos uno, antes de que el cinismo reinara sangriento en vuestras sienes, cuando aun sabíais que nada sabíais .

El río cantó y sigue cantando. Surge un vivo anhelo de responder al río que canta, a la Piedra sabia. Lo comparten los asiáticos, los hispanos, los judíos, los africanos, los nativos de estos suelos, los Sioux, los católicos, los musulmanes, los franceses, los griegos, los irlandeses, el rabino, el cura, el jeque, los invertidos y los que no lo son, el predicador, los elegidos, los abandonados, el maestro. Todos escuchan del Arbol sus palabras, escuchan lo primero y último que cada Arbol dice hoy a la humanidad.

Venid a mí, aquí a la orilla del Río, sembraos todos junto al río.

El precio de cada uno de vosotros, descendiente de algún viajero que siguió su camino, ha sido ya pagado.

Tú, que me diste mi primer nombre. Tú, pawnee, apache, seneca. Tú, Nación Chorokee, que descansaste conmigo, y luego huiste con pies sangrientos, dejándome al servicio de los enloquecidos por lucrar, de los hambrientos de oro.

Vosotros turcos, árabes, suecos, alemanes, escoceses, esquimales.

Vosotros, los ashanti, krus, yorubas, secuestrados para la compraventa, arribando en navíos de pesadilla, orando por un sueño.

Venid aquí, sembrad vuestras raíces a mi lado.

Yo soy el Arbol plantado junto al Río, que nadie moverá.

Yo la Roca, yo el Río, yo el Arbol, soy vuestro.

Ya habéis pagado vuestro tránsito. Levantad el rostro. Cuánto habéis ansiado esta mañana luminosa que para vosotros amanece.

Por más dolor que ella nos cause, no se puede desandar la historia.

Mas si se encara con valor, no hay que vivirla nuevamente.

Levantad los ojos y mirad este día que para vosotros amanece.

Otra vez dad a luz el sueño. Hombres, mujeres, niños.

Tomadlo en la palma de la mano, dadle la forma de vuestros más íntimos anhelos y esculpidlo con vuestra imagen pública.

Levantad vuestros corazones. Cada hora trae su propio desafío para un nuevo comienzo.

Por qué seguir siempre encadenados al temor, eternamente atados a la brutalidad? El horizonte se inclina hacia adelante y os brinda espacio para que sembréis los retoños del cambio.

Aquí, al filo del pulso de este admirable día, quizá tengáis valor para mirar hacia arriba, hacia mí, la Roca, el Río, el Arbol, vuestra tierra, nunca menos que para Midas el mendigo, ni menos hoy para vosotros que ayer para los mastodontes.

Aquí, al filo del pulso de este nuevo día, tendréis la gracia de levantar los ojos y mirar los ojos de tu hermana y el rostro de tu hermano, tierra vuestra, y decir con sencillez, con mucha sencillez, colmados de esperanza: Buenos días .

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