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PERSONAJES DEL AÑO

PERSONAJES DEL AÑO

En el año que expira hubo muchos colombianos destacados en campos diversos - el mundo empresarial, la política, el arte, los deportes, el periodismo. Mujeres y hombres de muy diversas condiciones que a punta de ingenio y perseverancia se han convertido en ciudadanos ejemplares.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

En el año que expira hubo muchos colombianos destacados en campos diversos - el mundo empresarial, la política, el arte, los deportes, el periodismo. Mujeres y hombres de muy diversas condiciones que a punta de ingenio y perseverancia se han convertido en ciudadanos ejemplares.

Estos modelos dignos de imitar le hacen mucha falta a nuestro país. El historiador Malcolm Deas afirma con razón que a Colombia le hacen mucha falta héroes reconocidos que contrarresten la imagen poderosa que tienen muchos destructores de la sociedad como Manuel Marulanda y Carlos Castaño.

Pero en esta ocasión no queremos repetir las listas de revistas y diarios - acertadas todas, teniendo de pronto la fortuna de añadir un par de nombres que valgan la pena. más bien queremos hacerles un reconocimiento a varios centenares de miles de personajes nacionales que sufren las consecuencias de la guerra cruel y estúpida, de la crisis económica y de la ausencia de solidaridad.

Nos referimos a los niños colombianos, en particular a las víctimas de la gran tragedia que hemos causado los adultos por nuestra inhabilidad para sentir compasión, por nuestro egoísmo, por nuestra ausencia de inteligencia y carácter para inventar soluciones audaces al doloroso conflicto de 40 años y al desplome institucional, por nuestra incapacidad para asumir responsabilidades y hacer sacrificios generosos.

El drama de los niños es impresionante, desgarrador: más de 186 niños secuestrados, muchos violados o asesinados por sádicos, centenares obligados por la guerrilla a engrosar sus filas, millares de niños explotados laboralmente en condiciones infrahumanas, otros tantos castigados brutalmente por sus padres abusadores , varios cientos de miles que deambulan por el país con sus familias desplazadas por la violencia, millones que son víctimas de la falta de condiciones mínimas de salud, educación, vivienda digna y servicios públicos por la quiebra del Estado propiciada por los evasores, los ladrones del erario público y los funcionarios negligentes.

Un gran pensador cuyo nombre se nos escapa en este momento, afirmaba que el grado de civilización de una sociedad se mide por el trato respetuoso que le de a sus niños y ancianos. Según ésta sabia definición, Colombia está sumida en la barbarie. Suena exagerado, pero cuando se suman los atropellos, abusos y crímenes cometidos a los niños, nuestro país muestra panorama tan desolador como el de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad.

Colombia sólo saldrá adelante cuando todos los mayores, sin distingo social o ideológico, decidamos anteponer el bienestar de nuestros hijos - el de los hijos de todos - a la miopía e insensibilidad de nuestros intereses enfrentados.

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