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CON LA SOGA AL CUELLO

CON LA SOGA AL CUELLO

Para fortuna del país y desconsuelo de los populistas el proyecto de reforma a la Constitución, mal llamado del IVA social, naufragó en la Cámara de Representantes. Todo indica que ha muerto.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Para fortuna del país y desconsuelo de los populistas el proyecto de reforma a la Constitución, mal llamado del IVA social, naufragó en la Cámara de Representantes. Todo indica que ha muerto.

Este episodio me hace recordar el origen de la frase "Con la soga al cuello". Relata la historia que los griegos tenían una costumbre, que si bien hoy nos parece cruel, tuvo una sana razón de ser. Cuando un parlamentario griego presentaba un proyecto a consideración del Parlamento recibía una soga que se le colocaba alrededor de su cuello. Debían permanecer con ella mientras el proyecto sufría los trámites de rigor. Si era aprobado y se convertía en ley, su autor se despojaba de la soga y recibía el agradecimiento de sus colegas y de la ciudadanía. Pero si el proyecto era negado, con esa misma soga era ahorcado de inmediato.

El propósito buscado con esta terrible norma era laudable. Impedir que se presentasen proyectos torpes, que se propusiesen medidas dañinas o innecesarias y que se recargase el foro parlamentario con excesivos debates. Mucho meditaba un parlamentario antes de presentar un proyecto; debía estar seguro de su importancia, su bondad y su justificación. Hacerse poner la soga al cuello era asumir la mayor de las responsabilidades. Era jugarse la vida por la comunidad.

Por contraste, en el Parlamento colombiano se presentan docenas y docenas de proyectos que asombran por lo absurdos. Innecesarios unos, dañinos otros si se convierten en ley, populistas otros en su mayoría, insensatos y peligrosos para la salud de la colectividad muchos de ellos. Basta con repasar el título y, si se tiene paciencia, el contenido de los numerosos proyectos que fueron presentados en esta legislatura para darse cuenta de la baja calidad del material que se presenta a consideración del Congreso y cuya discusión estéril consume gran parte del tiempo de los ministros.

Al menos se tiene la talanquera de las Comisiones de Senado y Cámara en donde se frenan y hunden la mayoría de estas vergonzosas iniciativas parlamentarias. Pero el recuerdo de los griegos nos invita a pensar que debería existir algún tipo de sanción o limitación a esta proliferación de proyectos que no deben desgastar la majestuosa labor legislativa.

Contumacia. Salvo un milagro navideño, la devaluación será algo así como un 50% de la inflación. Al terminar el año la cifra mostrará que entre Abril y Diciembre el precio del peso colombiano frente al dólar se habrá revaluado.

Contumacia es insistir con tenacidad en un error. Eso es lo que hemos tenido. Hemos devaluado a buena cuenta de créditos externos cuya finalidad, así se nos dijo, era reciclar deuda externa. Con café en su peor precio y el petróleo sin levantar cotización, es absurdo que nuestra tasa de cambio no se devalué en forma adecuada. Insisto en que la Constitución delegó a la Directiva del BDR el manejo de la política cambiaria. Sus tibias intervenciones, por sus resultados, muestran su ineficacia. No repitamos los errores de la Administración Gaviria en esta materia.

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