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CORINTO: REFUGIO DE AVES

CORINTO: REFUGIO DE AVES

Cuando la monja se reúne con la chisga, el cucarachero y el atrapamoscas, todo el mundo se pone contento. Los cuatro, con sus trinos y gorjeos, le dan vida a uno de los sitios más bellos de la ciudad que, por descuido, corre el riesgo de desaparecer. Al grupo se suman, a las 5 de la mañana, las pollas de agua o tinguas, las garzas de ganado y cientos de golondrinas, con las que el ambiente, enfermo, se llena de armónicos silbidos, en una esperanzadora señal de recuperación.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

El concierto que arman no solo hace saber de su existencia amenazada, sino que se convirtió en el himno de un proyecto de recuperación de la laguna de Tibabuyes, que pretende proteger y multiplicar las especies animales y vegetales en el lugar.

Para eso, los vecinos del barrio Corinto, con la asesoría de la Comisión Ambiental de Suba, dan en la actualidad el primer paso: alimentan a las aves con arroz y migas de pan, en cuatro canastos que colgaron de los árboles.

Los pájaros ya están acostumbrados y es normal verlos metidos entre las canastas, por turnos. Se demoran poco para darle espacio a los otros que llegan.

Claro que esa es apenas la primera etapa del trabajo. La segunda consiste en adicionarle a la dieta semillas de árboles. Así, con cada deposición, los pájaros sembrarán más vegetación en la laguna. Se trata de una técnica milenaria que no inventó nadie, sino que enseñaron ellos mismos.

Y ese no será un trabajo difícil. A cualquier hora del día es común ver, por ejemplo, a las garzas en bandadas triangulares que pasean sobre las 45 hectáreas de extensión del pantano, en un espectáculo que solo es interrumpido por el rugido de los aviones.

Sin embargo, la presencia de las aves no solo significa un despertar alegre para los habitantes de los veinte barrios situados alrededor de la laguna, o una buena vista para los ocasionales visitantes. También es el recuerdo nostálgico de otras especies que ya desaparecieron.

Ese es el caso del pato pico de oro, el atrapamoscas barbado, y la garcita guaquito, que hace pocos años poblaban la laguna de Tibabuyes, uno de los cinco estanques que aún quedan vivos en la ciudad.

Para los ambientalistas es curioso que en un sitio donde los chibchas cazaban y pezcaban, y en el cual hace dos años aún había curíes, hoy no queden ni siquiera ranas. La contaminación de las aguas negras vertidas en la laguna acaba con todo.

Por eso en la laguna ahora hasta los chulos son importantes, ya que la descontaminan al limpiarla de los desechos de animales muertos. Ellos también hacen parte de su biodiversidad, que incluye a las aves migratorias que hacen un breve receso allí en enero y junio, en sus largos viajes por el mundo.

Pero las razones para recuperar la laguna de Tibabuyes son más: una de ellas es convertir el lugar en el primer Parque Natural Urbano, un sitio digno de contemplar, y en el cual se pueda desarrollar una recreación pasiva.

Otra, rescatarla para que cumpla nuevamente con sus importantes funciones dentro del complejo sistema hídrico de la Sabana, principalmente la de amortiguar las crecidas del río Juan Amarillo, con lo que se evitarían inundaciones.

Los pájaros no lo saben, pero la misión que tienen sobre sus emplumadas espaldas es muy grande. Con seguridad, sus trinos y gorjeos son un llamado de auxilio para que se les ayude a preservar el lugar.

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