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EL FRACASO DE LA DOLARIZACIÓN

EL FRACASO DE LA DOLARIZACIÓN

El título de esta nota no se refiere a la profunda crisis Argentina, que es la noticia económica de la semana, porque técnicamente hablando este país no se ha dolarizado, sino que adoptó un régimen cambiario de convertibilidad que no es lo mismo pero es igual, como diría Silvio Rodríguez. Argentina no ha adoptado todavía el dólar como moneda oficial, pero estableció una tasa de cambio fija de un peso por dólar y renunció a toda posibilidad de tener política monetaria autónoma, pues la emisión de moneda local solo se puede hacer en la medida en que entren dólares al país.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

El título de esta nota no se refiere a la profunda crisis Argentina, que es la noticia económica de la semana, porque técnicamente hablando este país no se ha dolarizado, sino que adoptó un régimen cambiario de convertibilidad que no es lo mismo pero es igual, como diría Silvio Rodríguez. Argentina no ha adoptado todavía el dólar como moneda oficial, pero estableció una tasa de cambio fija de un peso por dólar y renunció a toda posibilidad de tener política monetaria autónoma, pues la emisión de moneda local solo se puede hacer en la medida en que entren dólares al país.

Con la devaluación de las monedas de sus principales socios comerciales, Brasil y Europa, los productos argentinos se encarecieron y dejaron de ser competitivos; el país se llenó de importaciones que sustituyeron la producción nacional, creando desempleo y recesión. El país tuvo que conseguir cuantiosos créditos externos para financiar esas importaciones, y hoy está al borde de declarar la moratoria porque no tiene como pagar su deuda externa. Todo por mantener una tasa de cambio fija.

A pesar de estos catastróficos resultados, todavía hay ilusos que siguen proponiendo la dolarización como la mejor solución para Latinoamérica. La estrella de la dolarización en estos días es Ecuador país que, desde que adoptó el dólar como moneda oficial, ha logrado controlar la hiperinflación y volver a tener crecimiento económico. Pero todavía es muy pronto para evaluar los resultados del experimento que en el largo plazo pueden ser muy distintos; solo hay que recordar que también en Argentina los primeros años de la convertibilidad fueron exitosos.

Por otro lado, según la opinión de varios expertos, lo que ha inducido la reactivación de la economía ecuatoriano no fue la dolarización sino la enorme devaluación que se hizo antes de enterrar la moneda local. De ser esto cierto, dentro de pocos años los grandes beneficiados de la dolarización ecuatoriana serán los productores colombianos, como lo han sido los brasileños en el caso de Argentina.

Más allá de las suposiciones de lo que pueda pasar en el futuro, la evidencia del pasado demuestra que la dolarización no funciona. Un estudio reciente del profesor Sebastián Edwards, quien fuera el economista principal del Banco Mundial para América Latina, concluye que los países que han dolarizado sus economías no han recibido beneficios especiales en comparación de los que han tenido tasas de cambio flotantes como la actual de Colombia. Si bien es cierto que han tenido menor inflación, su tasa de crecimiento ha sido muy inferior, los déficit fiscales han sido parecidos pero han sido más afectados por los choques externos.

Panamá ha sido el ejemplo tradicional para mostrar las ventajas de la dolarización: baja inflación, estabilidad macroeconómica, crédito de largo plazo y tasas de interés bajas. Pero para Edwards no se debe olvidar que Panamá solo pudo obtener estos logros por el continuo apoyo del Fondo Monetario, que ha actuado como su prestamista de última instancia. No ha sido gratis, pues desde 1973 Panamá ha tenido que firmar 17 acuerdos con el Fondo, es decir que ha pasado las tres últimas décadas las ha pasado bajo el tutelaje del FMI.

La conclusión de Edwards es muy apropiada para Colombia: "Países medianos y grandes que tienen volatilidad en sus términos de intercambio, que no están totalmente integrados con las economías desarrolladas y cuyos sectores financieros operan en moneda local, incurrirán en costos netos si dolarizan. Les quedará muy difícil absorber los choques externos y los supuestos beneficios de menores costos de capital, disciplina fiscal y estabilidad no se darán." Afortunadamente las autoridades monetarias del país así lo han entendido y han desechado los cantos de sirena de los dolarizadores.

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