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LA INCERTIDUMBRE DEL CAMPO

LA INCERTIDUMBRE DEL CAMPO

Las perspectivas del sector rural comienzan a ser confusas, después de la magnífica recuperación del 2000 y de una fase que, a pesar del impacto de los bajos precios externos del café, todavía fue favorable para el conjunto del sector durante el 2001. (VER FICHA TECNICA: ENCUESTA DE OPINION EMPRESARIAL DEL SECTOR AGROPECUARIO)

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Las perspectivas del sector rural comienzan a ser confusas, después de la magnífica recuperación del 2000 y de una fase que, a pesar del impacto de los bajos precios externos del café, todavía fue favorable para el conjunto del sector durante el 2001.

(VER FICHA TECNICA: ENCUESTA DE OPINION EMPRESARIAL DEL SECTOR AGROPECUARIO).

Aunque la recesión de 1999 deprimió la demanda interna, la devaluación del peso mejoró los términos de intercambio, circunstancia que, por una parte, sustituyó una fracción de las importaciones por producción nacional y, por otra parte, amplió los márgenes para las exportaciones, todo lo cual explica la reactivación del 2000. Al año siguiente, con una recuperación de la economía muy lenta, el efecto de la devaluación comenzó a trasladarse al costo de los insumos y los márgenes de rentabilidad bajaron para muchas de las actividades del campo. Sin embargo, el esfuerzo realizado en materia de crédito permitió ampliar todavía la producción en casi todas las actividades diferentes del café.

El presente año comienza con una variedad de circunstancias, algunas favorables y otras preocupantes.

La reciente reducción en los impuestos sobre ingredientes activos abarató la producción de insumos y limitó las tradicionales alzas de principio de año. Aunque los productores no perciben esta circunstancia como una rebaja de sus costos, porque los precios siguen en nivel similar a los del año pasado, en términos reales sí tiene un efecto favorable sobre sus márgenes.

Sin embargo, la demanda interna sigue estancada pues el PIB creció en el 2001 menos que la población, es decir, que el PIB per cápita disminuyó ligeramente. En cambio, la oferta de productos agropecuarios aumentó y, por lo menos en lo que se refiere a alimentos de consumo directo, empezó a notarse una saturación del mercado que frenó el aumento de los precios. Los productores comenzaron a sentir este efecto a mediados del año pasado y no hay duda de que seguirá agudizándose durante el 2002, tanto para alimentos como para materias primas. De ahí que la queja de los productores por el impacto de los costos vaya cediendo paso en las Encuestas de Opinión a una preocupación creciente por los precios de venta.

Existe bastante inquietud por la posible repetición del fenómeno de El Niño. Esto puede ocasionar pérdidas graves en diversas zonas del país, aunque, paradójicamente, una evolución negativa del clima podría reducir la oferta y recuperar el nivel de precios para quienes tengan la fortuna de no verse afectados en forma directa.

Otro elemento negativo ha sido la revaluación real del peso en los últimos meses, que deteriora los márgenes de los exportadores. Al menos por ahora, parece poco probable que el ritmo de devaluación supere significativamente a la inflación interna durante el resto del 2002 (aunque el resultado de las elecciones y la política que anuncie el nuevo Gobierno podrían tener una fuerte influencia sobre el precio del dólar hacia finales de año).

La ampliación del período de preferencias arancelarias con Estados Unidos y la eventual ampliación de cobertura de productos del Atpa podrían compensar el efecto negativo sobre los precios con un mayor volumen de exportación, pero también en este frente surge otra inquietud por la situación económica de Venezuela.

La devaluación del bolívar encarece nuestros productos en dicho país y seguramente reducirá las ventas, aunque hubiera un desmonte de todas las barreras para-arancelarias. En el pasado, este efecto inicial de la devaluación se veía prontamente compensado por una escalada de la inflación, debida al mayor costo de todas las importaciones que necesita Venezuela. En esta ocasión, la inestabilidad política y la incertidumbre de los inversionistas venezolanos podría prolongar la salida de capitales, aumentar el desempleo y acentuar el deterioro económico. En tal caso, la recesión interna frenaría el efecto correctivo de la inflación y el diferencial de precios permanecería en contra de Colombia por un tiempo bastante mayor.

De todos los problemas del sector, la situación cafetera es el más grave y no sólo a corto plazo. La recuperación de precios ocurrirá eventualmente, cuando las pérdidas hayan disminuido la oferta mundial, pero difícilmente llegarán a los niveles históricos, así que la suerte de la región cafetera depende de que consiga transformar su producción de monocultivo y encuentre fuentes alternas de ingreso. Mientras tanto, el desempleo y la desesperanza están transformando una región rica y tranquila en una zona propicia para heredar los problemas de inseguridad y delincuencia que por tantos años le fueran desconocidos.

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