Secciones
Síguenos en:
ES EL MOMENTO

ES EL MOMENTO

Los últimos acontecimientos del país nos hacen pensar que es el momento de cerrar filas con nuestras fuerzas militares para sacar adelante el país. La mal llamada guerrilla, dejó de serla hace muchos años. Hoy no es más que un grupo de delincuentes que viven de negocios ilícitos que ninguna sociedad civilizada tolera, como lo es el narcotráfico y el secuestro y someten por la vía del terrorismo a la gran mayoría de los colombianos, pues las encuestas son claras en mostrar el precario, casi nulo apoyo popular que conservan. Seguramente los ideales sociales que llevaron a la creación de las guerrillas aún siguen sin resolverse en el país, pero eso no les da ninguna legitimidad para delinquir. Es inaudito un dialogo político con delincuentes comunes. Las injusticias sociales que ellos dicen defender hoy más que nunca tienen origen en la situación en la que nos han llevado. El discurso político se acabó hace años, debido a que le dieron más importancia a sus intereses individuales y delinc

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Los últimos acontecimientos del país nos hacen pensar que es el momento de cerrar filas con nuestras fuerzas militares para sacar adelante el país. La mal llamada guerrilla, dejó de serla hace muchos años. Hoy no es más que un grupo de delincuentes que viven de negocios ilícitos que ninguna sociedad civilizada tolera, como lo es el narcotráfico y el secuestro y someten por la vía del terrorismo a la gran mayoría de los colombianos, pues las encuestas son claras en mostrar el precario, casi nulo apoyo popular que conservan. Seguramente los ideales sociales que llevaron a la creación de las guerrillas aún siguen sin resolverse en el país, pero eso no les da ninguna legitimidad para delinquir. Es inaudito un dialogo político con delincuentes comunes. Las injusticias sociales que ellos dicen defender hoy más que nunca tienen origen en la situación en la que nos han llevado. El discurso político se acabó hace años, debido a que le dieron más importancia a sus intereses individuales y delincuenciales.

Más apoyo a microempresarios.

Mirando Zapata, encarna la figura del colombiano que queremos ver hoy: trabajador, ambicioso, noble y comprometido con su familia. De él admiro, la capacidad de un hombre de hacerse a pulso, de no amodorrarse en el origen familiar o de esperar a que las oportunidades lleguen casi de manera providencial. Mirando es el dueño de una empresa de Calzado algo así como una famiempresa.

Colombia, sin duda, necesita más Mirandos Zapatas que le apuesten al trabajo y al emprendimiento de manera decidida. Es lamentable ver que en menos de 10 años el índice de creación empresa cayó dramáticamente de 1,000,000 de nuevas empresas por millón de habitantes en el 91 a 500,000 en 2001, una de las cifras más bajas de América Latina. La verdad de todo esto, es que el papel del Estado antes de ser impulsor y si se quiere facilitador ha sido el de obstaculizador. Basta mirar que somos, según estudios recientes, uno de los países donde hay mayor dificultad para la creación de empresas. (ocupamos el puesto 54 entre 59 países estudiados.).

Para tener más Mirandos Zapata tenemos que promover una verdadera revolución del crédito, es aquí donde hay mayor concentración, inequidad y dificultades para los nuevos empresarios.

Por eso, si queremos crecer, prosperar, y salir del verdadero problema colombiano: la falta de oportunidades, es menester jalarle al tema de la creación de nuevos empresarios, por un lado, y por el otro, la agenda del nuevo gobierno debe estar en la tarea de simplificar trámites y regulaciones, apoyar las incubadoras de empresas y planes de negocio y financiar con crédito de fomento. Con esto, uno empezaría a ver que el tema del Empleo es una política de Estado, porque si algo hubo dañino del proceso de paz fue que caímos todos los colombianos en el síndrome de ladel Caguánque por pensar sólo en el Cagúan perdimos de vista la tenebrosa cifra de desempleados que hoy tenemos, que así no parezca, es mayor a la que registra hoy la célebre Argentina.

Perdidos en Colombia.

La sociedad civil colombiana a lo largo de estos últimos 50 años de violencia ha enfrentado y pagado un valor muy alto el no enfrentar y solucionar este proceso por las vías institucionales y de ley, dejando de lado, y porque excluidos, a los políticos de siempre de los partidos de siempre para definir lo que es bueno o no bueno para cada uno de los colombianos.

Hemos perdido tantas cosas y valores de una forma imperceptible que ni siquiera las personas se han dado cuenta de lo tanto que han perdido y de cómo nos han vuelto a ser condenados a estar recluidos en nuestra propia casa.

Hemos perdido los espacios públicos en nuestras calles. Hemos perdido nuestros parques públicos de barrios y ciudades. Hemos perdido nuestros pueblos al ser destruidos por la guerrilla, paramilitares o por el olvido estatal. Han destruido los pocos intentos de desarrollo descentralizado regionales que hubiesen generado empleo, si se hubiera invertido más en proyectos productivos rurales o al menos se hubiera escuchado a sus líderes sobre el dolor o el abandono en el cual quedaron inmersos por las crisis económicas y las guerras que han pasado sobre ellos.

Hemos perdido los barrios, ya están en las manos de los delincuentes, militantes de la guerrilla o paramilitares o simplescriollosque aducen poder ejercer un orden y control ciudadano. Hemos perdido a nuestros policías y militares, ultima esperanza de seguridad y protección que tenían nuestra sociedad civil. Ni hablar de aquellos que tienen secuestrados la guerrilla en medio de la jungla mientras ellosde pazesos compatriotas ya se perdieron hasta de la mente de los colombianos.

Hemos perdido a nuestros empresarios e industriales, hoy acorralados entre los altos impuestos del gobierno, deben enfrentarse solos a los tributos del proceso de paz: las vacunas de la guerrilla, las cuotas de los paramilitares, la seguridad privada de la empresa y hasta de su familia.

Hemos perdido sindicalistas entre las balas de todos los grupos y la retórica comunista que solo sirve en las películas. Hemos perdido a nuestros periodistas bien porque los periódicos han cerrado o porque su verdad incomoda a un grupo de poder de nuestro país. Su verdad se fue para otro lado para salvar la vida o porque simplemente ya no escribe por el desempleo o porque su pluma no está al servicio de los pautantes del momento.

Hemos perdido el empleo en nuestras ciudades, la tranquilidad de caminar en las calles de nuestras ciudades, la imagen de un pueblo trabajador para quedar en la imagen de otroocolombiano que vino a buscar cómo robar, perdimos la verguenza como país ante lo que hemos logrado en estos años: pobreza, violencia y terrorismo. Hemos perdido la tranquilidad del sueño que se espanta por las bombas en la noche y que aleja cada día más los días de paz. Hemos perdido parte de nuestro futuro. Hemos condenado a las nuevas generaciones a pagar nuestra incapacidad. Nos hemos perdido de tanto hablar, pero no dialogar, nos hemos perdido en Colombia.

El Exodo.

Exorbitantes las cifras reveladas en estos días sobre la salida de compatriotas hacia otros países; algunos se van cazando una alternativa de trabajo, otros huyendo del baño de sangre que corre por nuestra nación y varios mas salvándose de ser secuestrados o boleteados por los grupos al margen de la ley, pero todos buscando solución a los problemas que los aquejan pues se convencieron hace rato, que acá nada ni nadie puede ofrecer una alternativa para la situación que viven.

La población continuará escapando a otras latitudes a encontrar lo que esta Nación no les pudo ofrecer y con ellos, se irán los conocimientos de gente que terminó su carrera profesional, se marchara la experiencia valiosa de años de trabajo y también largaran los potenciales capitales de inversión, puesto que la actual situación por la que atravesamos no discrimina entre pobres o ricos.

Mientras exista una esperanza debemos aferrarnos a ella y luchar para que esa ilusión se convierta en realidad, pero es un trabajo de todos, del sector publico y privado; sigo convencido que somos más los buenos que los malos y que tarde o temprano esto tiene que cambiar pues no podemos continuar por el camino de la autodestrucción toda la vida. Solo en nuestras manos está que Colombia, al mejor estilo de Jaime Garzón, sea un edificio en ruinas o el mejor de los condominios donde vivir.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.