Secciones
Síguenos en:
INFIERNO EN EL CENTRO DE LIMA

INFIERNO EN EL CENTRO DE LIMA

A las siete de la noche del sábado el cielo del centro de Lima (Perú) se llenó de una macabra luminosidad. Luces de colores y sonidos de silbadores hacían eco de los gritos desgarradores de quienes trataban de escapar de la muerte.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
31 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

A las siete de la noche del sábado el cielo del centro de Lima (Perú) se llenó de una macabra luminosidad. Luces de colores y sonidos de silbadores hacían eco de los gritos desgarradores de quienes trataban de escapar de la muerte.

Diez horas después, a las 5 de la mañana del domingo, comenzó la recuperación de los cadáveres. El balance es de 240 personas muertas, 20 desaparecidas y 160 heridas.

Según testigos, que sobrevivieron, un comerciante quiso probar un juego pirotécnico, las chispas saltaron y se desencadenó una mortal cadena de fuego que no se detuvo hasta consumir cuatro cuadras del centro histórico, considerado Patrimonio de la Humanidad.

440 bomberos lucharon durante toda la noche contra las llamas que se multiplicaban rápidamente por la acumulación de artículos pirotécnicos pues se trataba de locales dedicados a este tipo de comercio y por el material de las viviendas. La zona del desastre es conocida como Mesa Redonda, un conglomerado de galerías y tiendas comerciales, a cuatro calles del Congreso del Perú, que a esa hora estaba atiborrada de clientes.

La desesperación envolvió a todos. Los comerciantes apenas iniciado el fuego intentaban buscar a sus familiares llamándolos con gritos desesperados o proteger su mercadería, aterrorizados ante la idea de perderla por el fuego o por los vándalos. Algunos incluso cerraron la puerta y quedaron adentro. Error fatal.

Las calles mostraban un escenario espeluznante. Las aguas cubrían veredas y pistas. Los restos de madera, papel y plástico lanzaban sus fétidos olores. De pronto, en la esquina de Andahuaylas y Cusco, lo que parecía un amasijo de fierros descubrió su verdadera naturaleza: más de una decena de cuerpos totalmente calcinados, aferrados todavía algunos a carretillas o a sus paquetes.

Al lado de ellos tres vehículos totalmente destruidos. Al frente, anónimo, un cuerpo carbonizado yacía. Nadie lo tomaba en cuenta, muchos pensaban que era un maniquí. "Acá hay otro", se convirtió en la frase más común en los labios de bomberos y policías.

El presidente del Peruano, Alejandro Toledo, recortó una gira por el norte del país para regresar de inmediato a la capital, y declaró el domingo y el lunes como días de duelo nacional. Anunció también que el gobierno asume los costos de las pérdidas personales y que queda prohibido producir o importar objetos pirotécnicos.

FOTO.

Estas treinta personas se salvaron de milagro. Los bomberos las rescataron a tiempo del segundo piso de un local que terminó convertido en cenizas.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.