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SÚPLICAS POR UN MILAGRO NEGRO

SÚPLICAS POR UN MILAGRO NEGRO

Silvia Margarita Villa, de 35 años, llegó ayer a Girón (Santander) con un sólo objetivo: cumplir una promesa.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Silvia Margarita Villa, de 35 años, llegó ayer a Girón (Santander) con un sólo objetivo: cumplir una promesa.

Hace cuatro años, tuvo un bebé prematuro que, según los médicos, tenía pocas esperanzas de vida.

Sin embargo, pudo más la fe que los diagnósticos y de inmediato ella se lo ofreció a San Benito de Palermo, monje italiano canonizado, para que lo salvara.

Y efectivamente, el niño sanó. Ante ese milagro, Margarita prometió llevarlo ante la imagen del santo negro de la basílica de San Juan Bautista de Girón, cada 28 de diciembre, durante siete años.

A pesar de que este año se fue a vivir a Barranquilla, la distancia no fue impedimento para cumplir con su palabra y a las 9:00 de la mañana de ayer llego al santuario con su pequeño y pagó 500 pesos para que le pintaran la cara de color negro, pues eso hace parte del rito de agradecimiento.

Como ella, otras 20 mil personas más, acudieron, motivadas por la fe en los poderes milagrosos del santo europeo, a cumplir una cita, que en Santander es una tradición que data del siglo XVII.

Pero no sólo Margarita contó su milagro. A un lado estaba María Prada, una abuela de 65 años, a quien mientras las lágrimas le trazaban surcos blancos en su rostro tiznado, relató conmovida y con la voz entrecortada cómo el santo la sacó de un coma de 21 días.

Y mientras unos llegan a pagar promesas, otros asisten a la basílica atraídos por los testimonios de quienes aseguran haber vivido en carne propia la fuerza sanadora de San Benito.

"Cuando los dictámenes médicos no son esperanzadores, o cuando ya no hay a dónde acudir, San Benito se convierte en una esperanza", afirmaron Silvia y María, otras dos visitantes del templo.

Por eso, el despertar de cada 28 de diciembre en Girón no es con voladores, sino con el sonido de las campanas que llama a los fieles a que asistan a alguna de las ocho misas que se ofrecen durante el día.

En la iglesia, centenares de fieles recorren el pasillo de la nave central, pues mientras algunos llevan velas encendidas, otros peregrinos hacen el recorrido de rodillas, al tiempo que rezan letanías. Este ritual se realiza siempre con la mirada fija en la imagen del santo milagroso.

Por eso, las caras y las manos tiznadas, la procesión de feligreses y el recorrido de rodillas hasta el altar, se repetirán el año entrante cuando una vez más el pueblito blanco , como se conoce a Girón por el color de sus casas, se tiña de negro.

FOTO/Edgar Vargas.

Como Margarita y su hijo, cada 28 de diciembre, más de 20 mil feligreses acuden a la basílica de Girón a pedirle un milagro a San Benito.

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