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COCINERA TEOLÓGICA

COCINERA TEOLÓGICA

La geografía culinaria puede ocupar una enciclopedia. En ella habría que investigar las relaciones entre latitudes, climas y caracteres, investigación no engañosa hasta donde es una parte de la verdad, como lo ha hecho tan acuciosamente para España, aunque con fines diferentes, Juan Dantín Cereceda, nuestro inolvidable amigo y compañero de los Jueves de El Sol .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

La geografía culinaria puede ocupar una enciclopedia. En ella habría que investigar las relaciones entre latitudes, climas y caracteres, investigación no engañosa hasta donde es una parte de la verdad, como lo ha hecho tan acuciosamente para España, aunque con fines diferentes, Juan Dantín Cereceda, nuestro inolvidable amigo y compañero de los Jueves de El Sol .

Tal estudio conduciría a los resultados más imprevistos. Encontraríamos a los británicos, gente de zonas frías, dados a la alimentación menos térmica, los sobrios asados y cosas por ese tenor; y en cambio, a los habitantes de los países tórridos, en constante abuso de los condimentos y los picantes, lo que a primera vista parece al revés de la razón y nos aconseja ser tan cautos en esta nueva aplicación de las doctrinas de Taine -raza, medio, momento histórico- como lo somos ya en la aplicación literaria. Las regiones tórridas, faltas de refrigeración, preservan el alimento con picantes.

Y es que hasta en los más humildes alimentos hay enigmas y materia de reflexión. Yo he tenido sucesivamente tres cocineras que me dieron, en su candor, una alta lección filosófica. La primera, mientras freía el huevo, solía rezar un Avemaría: era teológica; la segunda creía en la relación del fuego y las manecillas del reloj, pero todavía con mezcla de fetichismo, porque, aunque contaba los minutos, estaba convencida de que el reloj intervenía directamente en el fenómeno: era metafísica; la tercera parecía decir: Física, guárdame de la metafísica , y no se fiaba ni del Avemaría ni del reloj, sino que era experimental, propiamente científica, y consultaba el aspecto mismo del huevo y lo retiraba a tiempo de la lumbre. Y qué hacía -me diréis- con los huevos pasados por agua, cuyo aspecto no es posible observar? Esta era su limitación: no creía en ellos. Pero lo mejor es que las tres Gracias, cada una según su ley, preparaban igualmente bien los huevos fritos, geometría plana de la cocina.

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