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EL PROFESOR Y EL LOCO

EL PROFESOR Y EL LOCO

Alguien dice que quien ama un idioma ama todos los idiomas. También podría afirmarse que quien ama un diccionario ama todos los diccionarios. El que ame los idiomas y los diccionarios difícilmente podrá encontrar en las librerías de Inglaterra y Estados Unidos un mejor amigo que The Professor and the Madman (El profesor y el loco), cuyo subtítulo traduce: Una historia de crimen, demencia y la elaboración del Oxford English Dictionary . Lo anterior enuncia todo, pero dice poco acerca del delicioso libro de Simon Winchester, que se define a sí mismo como escritor y aventurero .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

El libro (Harper Collins, 1998, Nueva York) incluye dos relatos paralelos. Por una parte, el de la preparación del OED (Diccionario Inglés de Oxford), obra heroica y homérica, que es, sin duda y con razón, la enseña más orgullosa de la lexicografía inglesa. Este monumento a las palabras que ocupó en un principio doce tomos y define más de medio millón de términos, exigió el trabajo de decenas de estudiosos bajo el mando del escocés James Murray (el profesor) entre 1878 y 1927.

La segunda historia tiene que ver con la relación entre Murray y William Minor, un intelectual, médico y capitán del ejército de E.U., que contribuyó al corpus del Diccionario con casi diez mil definiciones. Minor es el loco del título. Fue declarado oficialmente demente por la justicia inglesa después de que dio muerte a un trabajador. En la madrugada del 17 de febrero de 1872, bañado por la neblina londinense, George Merret se dirigía por las calles solitarias hacia la cervecería donde debía cumplir su turno, cuando dos disparos lo dejaron tendido en los adoquines. El antiguo capitán, de 37 años, no negó la autoría del homicidio. Lo único que dijo fue: Disparé a un hombre. No habría sido tan cobarde de apuntar a una mujer .

Durante el juicio, explicó que había soñado que un individuo lo perseguía y salió a la puerta a defenderse. El primero que tuvo la mala suerte de pasar por allí recibió la descarga de su pesadilla. Dos meses después, se le declaró enajenado mental, y el juez dictaminó que debía permanecer en un frenocomio hasta cuando Su Majestad lo decida . Una vez internado en el Asilo para Criminales Dementes de Crowthorne, pasó a ser el recluso No. 742. En ese lugar, se convirtió en uno de los más eficaces colaboradores del OED.

Loco de noche, sabio de día Desde su celda en Crowthorne, compuesta de un pequeño dormitorio y un despacho atestado de libros, Minor sostuvo larga y docta correspondencia con Murray. Sus aportes al OED empezaron en 1880. Eran tarjetas de palabras obtenidas de la lectura de libros ingleses, con notas sobre el sentido en que cada autor las empleaba. Justamente lo que quería Murray. El sobre no indicaba la procedencia exacta, sólo el pueblo, y el profesor nunca sospechó que ese lexicógrafo pertinaz se hallaba demente y pagaba un delito de sangre en el frenocomio de Crowthorne. Pasaron nueve años y cientos de cartas antes de que se enterara. Lo supo por un académico que estaba al tanto de la existencia de Minor. En ese momento decidió que algún día tenía que visitar a quien ya era más que un colaborador y se había convertido en amigo epistolar.

Oxford está situado a pocos kilómetros de Crowthorne. En 1891 los recorría un tren en menos de una hora. Ese fue el trayecto que hizo en enero el profesor Murray para visitar al loco Minor. La reunión tuvo lugar en la celda de Minor. Fue un encuentro agradable que precedió a muchos más. A lo largo de una veintena de años volvieron a verse varias veces, y el invariable tema de conversación fue el gran diccionario, que avanzaba lentamente.

Murray no sabía mayor cosa sobre la enfermedad mental de este filólogo esquizofrénico cuyas noches estaban pobladas de delirios sexuales, culpabilidades pecaminosas, angustias y complejos persecutorios. Tampoco debió de saber que en 1902, enloquecido por sus fantasmas, Minor se cortó el pene con una navaja. La amistad entre los dos continuó hasta la muerte del profesor, en 1915. Fallecido éste, el loco siguió escribiendo a la viuda. Pero para entonces sus facultades ya se hundían en la noche de la ceguera, la vejez y la demencia total. En 1920 William Chester Minor murió de bronconeumonía en E.U., a donde había logrado repatriarlo su familia.

Siete años más tarde, aparecía publicado el colosal diccionario al que tanto contribuyeran el profesor y el loco.

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