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FELIZ NAVIDAD!

FELIZ NAVIDAD!

La mayoría de los pueblos y familias de la Tierra celebran mañana la Navidad, pero muchos de ellos no saben qué significa ni a quién celebran. Se quedan con la apariencia sin el fondo; celebran el envoltorio sin abrir el contenido, el regalo que nos llega a todos de parte de Dios. Qué lástima!

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

La mayoría de los pueblos y familias de la Tierra celebran mañana la Navidad, pero muchos de ellos no saben qué significa ni a quién celebran. Se quedan con la apariencia sin el fondo; celebran el envoltorio sin abrir el contenido, el regalo que nos llega a todos de parte de Dios. Qué lástima!.

Hacen un alto en el camino de la vida, para tomarse un descanso, justo por cierto, de fin de año, pero, preguntados por su significado, no dan respuesta satisfactoria.

Trataré de decírselo brevemente a usted para que tenga una respuesta oportuna cuando se lo pregunten sus hijos (as), o usted se les adelante, si ellos no lo hacen. Entendiendo el sentido profundo de la Navidad, sabrán por qué en estos días nos saludamos deseándonos una Feliz Navidad .

Navidad es una abreviación de la palabra Natividad, que significa nacimiento. Desde hace veinte siglos, prácticamente toda la humanidad, aun sin saberlo, conmemora y celebra el nacimiento de un niño, hijo de María y de José, a quien sus padres pusieron por nombre Jesús palabra hebrea que significa salvador y quien llegó a ser, por obra del Espíritu Santo o presencia de Dios en nosotros, el Hijo de Dios, sencillamente, Dios.

Siendo sincero, tengo que confesarle que no resulta fácil, y menos para el pensamiento científico actual, entender a Jesucristo. En gracia a la simplicidad de la fe, me permito sugerirle que se acerque al misterio de Jesucristo con un acto de fe en unión con toda la Iglesia, diciendo: Creo en el Jesucristo tal y como lo enseña la Iglesia Católica desde hace veinte siglos . Y eso le basta.

Con todo, me permito hacerle un par de aclaraciones. Resulta justo y necesario darle a la Navidad, más allá de su presentación folclórica, turística y comercial, su dimensión profunda cristiana, fundamento de todo lo demás. Sin el fundamento, todo lo demás resulta superficial y vano.

Jesús se presentó en el mundo, concretamente en Nazaret, de Galilea, como un hombre común y corriente. Así nos lo presentan los evangelios, como un nazaretano cualquiera, hijo de María y de José. Verifique estas citas en su Biblia: Lc 2,48; Lc 4,22; Jn 6,42; Mt 13-55; con varios hermanos y hermanas, Jn 2,12; 7,2-6; Mt 13,53-58; Mc 6, 1-6; Lc 4, 16-24. Fue un adolescente judío, creyente en Dios gracias a la buena educación que recibió de sus padres. Nos enseñó a llamar Padre a Dios, tal como él lo hacía. Cuando queráis orar, decid desde lo profundo de vuestra fe: Padre nuestro que estás en el cielo... .

Así lo declaró el primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, celebrado en Nicea el año 325. Los vientos con que el Espíritu de Dios mueve hoy a la Iglesia van en la dirección de enfatizar la humanidad de Jesús, con el peligro, hoy como ayer, en tiempos del obispo Arrio, de quedarse únicamente con el hombre y negando su divinidad. El arrianismo se extendió de tal manera por toda la Iglesia en los siglos cuarto y quinto que se necesitó que todo un Concilio Ecuménico, el de Nicea, proclamara la divinidad de Jesucristo.

Afirmada claramente la Humanidad de Cristo y ahora su Divinidad, se corrió el peligro de dividir a Jesucristo en dos personas o sujetos distintos: el Hijo de Dios en el Cielo , y el hijo del hombre en la Tierra . Esta herejía fue enseñada por el obispo Nestorio, y condenada por el Concilio Ecuménico reunido en Efeso el año 431 que proclamó juntamente la unidad de persona en Jesucristo y la maternidad divina de María.

Consecuencia? Que Jesucristo es un misterio que supera todas las posibilidades de nuestro conocimiento humano. Siempre han enseñado los teólogos que existe un doble acceso a Jesucristo, ambos necesarios y complementarios, solo, en apariencia, contradictorios: partiendo del hombre Jesús, igual a nosotros, llegar hasta el Hijo de Dios en la Resurrección; o bien, como lo hace san Juan en su evangelio, partiendo del Verbo de Dios, confesar cómo se hace hombre en el seno de María.

El nacimiento o Natividad de este Hombre, el más importante y grande de la Historia, como fue declarado por Dios, Señor del Universo y de la Historia, causa de nuestra salvación, es lo que celebramos en esta Navidad que nos trae luz y felicidad. No se pierde nada con que al hablarles a sus hijos o hijas, del nacimiento de este Niño, así en mayúscula, les haga caer en la cuenta del contraste, buscado intencionalmente por el evangelista, entre su nacimiento, en medio de las pajas y animales de una pesebrera de Belén, y la cuna adornada con mármoles, cortinajes y arabescos, de los palacios romanos, lujo importado de los países de Oriente. Es la humanidad de Dios que nos visita y nace como niño indefenso, para confundir a los grandes de todos los tiempos y enseñarles a doblegar la cerviz ante los niños campesinos y ciudadanos de nuestro país. Dejad a los niños que se acerquen a mí, porque de ellos es el reino de Dios.

Aprovecho la oportunidad para desearles a todos (as) mis lectores una Feliz Navidad!

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