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Y DESPUÉS DE LA TREGUA, QUÉ

Y DESPUÉS DE LA TREGUA, QUÉ

Casi que por una perversa costumbre, los días que anteceden a la Navidad vienen acompañados de anuncios de tregua por parte de los movimientos armados. El Eln da aviso de la suya: será unilateral y sin contraprestación alguna, aunque haya ya evidencia de que fue violada por algunos de sus frentes; los paras - si acaso los de una región del país- le siguen con su versión, aunque con condiciones. Las Farc guardan un sepulcral silencio.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Casi que por una perversa costumbre, los días que anteceden a la Navidad vienen acompañados de anuncios de tregua por parte de los movimientos armados. El Eln da aviso de la suya: será unilateral y sin contraprestación alguna, aunque haya ya evidencia de que fue violada por algunos de sus frentes; los paras - si acaso los de una región del país- le siguen con su versión, aunque con condiciones. Las Farc guardan un sepulcral silencio.

Son noticias que los colombianos reciben con creciente escepticismo, por buenas que parezcan las intenciones. Ya sabemos que una vez se venzan las treguas, a comienzos de enero, volverán a arrancar con mayor virulencia las acciones terroristas de guerrilla y paramilitares. Seguramente, aprovecharán los días navideños para arrepentirse de los crímenes cometidos en el año que termina y, al mismo tiempo, tomar alientos para volverlos a repetir en el que viene. Es lo que ha sucedido en el pasado, cuando a las treguas navideñas siguieron impresionantes escaladas de violencia en las que murieron muchos compatriotas. Son las absurdas facetas de la guerra colombiana.

No se sabe bien si por estrategia del Gobierno o por casualidad, cuando con las Farc las cosas no marchan, con el Eln empiezan a caminar. Aunque han sido tantas las veces que se han roto las negociaciones, es apenas obvio que este nuevo intento sea visto con beneficio de inventario. Sin embargo, es indispensable empezar a generar hechos que rompan esa lógica del pesimismo que alimenta un proceso tan tortuoso como el colombiano. El Acuerdo por Colombia , suscrito por el Eln con presencia de los cinco países amigos en Cuba el pasado 24 de noviembre, ha dado un primer resultado: una tregua unilateral desde el 18 de diciembre hasta el 6 de enero. Aunque magro y pequeño, es un paso en la dirección correcta y ojalá conduzca a decisiones que reduzcan la intensidad del conflicto.

En un paso adicional, el Eln acordó un calendario para realizar sin zona de despeje cinco foros en el exterior sobre temas de fondo del país como derecho internacional humanitario, democracia, cuestión agraria, problemas sociales y política energética. Serán varias rondas de negociación, también en el exterior, un encuentro del Eln con la Comisión de Notables en La Habana, y posibles reuniones con candidatos presidenciales.

De esta agenda difícilmente se puede esperar un acuerdo de paz con el Eln, aunque es posible avanzar en el diseño de un esquema de negociación más manejable para la próxima administración que la que se adelanta con las Farc. Políticamente el acuerdo les conviene a las partes: el Eln, en difícil situación militar, es un interlocutor más flexible que las Farc; y el gobierno tendrá un proceso para mostrar hasta el final del mandato del presidente Pastrana. Eso si sus caprichos no lo tiran por la borda o si al Eln no le da por fortalecer su posición en la mesa con voladuras y pescas milagrosas. Por lo pronto, las partes los candidatos bien harían en subirse al bus deben trabajar para dar a los colombianos no un contentillo de Navidad sino acuerdos de fondo que humanicen la guerra y generen mejores condiciones para negociar.

Y con las Farc, qué? A los alegres anuncios del Gobierno, a fines de noviembre, de que se desbloqueaba el proceso con las Farc, ha seguido una especia de patria boba . A la propuesta de una reunión con los candidatos y otros estamentos en el Caguán el 15 de enero, Tirofijo acaba de añadir el singular llamado a hacer un balance del proceso el 15 de julio, lo cual, a primera vista, sólo parece un subterfugio para presionar la prórroga de la zona de distensión hasta el próximo gobierno. El pobre niño Andrés Felipe Pérez murió sin que las Farc mostraran un ápice de humanidad al negarse a liberar a su papá, que mantienen secuestrado. Semejante insensibilidad hace temer por las perspectivas de una negociación con una organización incapaz siquiera de un gesto elemental de caridad, producto del clamor de un país entero horrorizado y triste, y no de una manipulación perversa de los medios, como dijera el semanario comunista Voz.

Ante los horrores de la guerra que ha tenido que padecer el pueblo colombiano, cómo se puede pedir al país que reciba con optimismo una tímida tregua navideña por parte de quienes se han dedicado a destruirlo con tanta ferocidad y crueldad? Es apenas lógico entonces clamar por la necesidad de que la tregua no sea sólo una, con el Eln, y que no se limite a la Navidad.

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