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UN TRISTE CAMPO DE BATALLA

UN TRISTE CAMPO DE BATALLA

Basura, vidrios rotos, automóviles incendiados y cartuchos vacíos de granadas de gas lacrimógeno. Ese era el aspecto que tenía ayer la tradicional avenida Corrientes, en pleno centro de Buenos Aires, y esa era la prueba de los saqueos y desmanes dejados por las jornadas que provocaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Basura, vidrios rotos, automóviles incendiados y cartuchos vacíos de granadas de gas lacrimógeno. Ese era el aspecto que tenía ayer la tradicional avenida Corrientes, en pleno centro de Buenos Aires, y esa era la prueba de los saqueos y desmanes dejados por las jornadas que provocaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Los blancos preferidos fueron los bancos extranjeros y varias sucursales de la cadena de comidas rápidas McDonald s. Algunos optaron por cerrar sus puertas hasta terminar con las reparaciones, otros prefirieron atender a sus clientes en los sectores no dañados en los ataques.

Aunque se recuperó un poco la calma, los daños son irreparables: la ola de violencia de los últimos días dejó por lo menos 27 muertos (11 de ellos en la provincia de Buenos Aires) y más de 400 heridos.

Dentro de las víctimas se cuenta una pareja china de Ciudadela (afueras de la capital), que se suicidó después de que su tienda fue saqueada.

Y es que, pese a la dimisión del Presidente, la tranquilidad no volvió del todo: la noche del jueves los manifestantes atacaron los comercios cercanos a la Casa Rosada (sede del Gobierno) y ayer aún persistían en sitios aislados del país los focos de violencia y los saqueos.

En barrios humildes de la periferia bonaerense, como Isidro Casanova, Moreno, Lanús y Almirante Brown, vecinos pasaron la madrugada en las calles y armados con armas de fuego, palos y cuchillos, ante el temor de que se produjesen ataques a sus viviendas, según imágenes de la televisión.

Además, se registraron saqueos en comercios de Rosario, Córdoba y en el popular barrio de La Boca, en el sur de la ciudad y a unos dos kilómetros de la Casa de Gobierno. Según un parte policial, un grupo de vecinos ingresó por la fuerza a un supermercado de la zona y se llevó mercadería hasta que llegó la policía y le puso freno al saqueo.

Dolorosa resignación.

En otros sectores la situación era menos tensa pero igual de dramática. Sentados sobre la vereda, un joven y dos mujeres esperaban que se disipara el gas lacrimógeno impregnado en las alfombras del negocio en el que hasta el jueves vendían ropa para hombres, y que quedó reducido a escombros.

Ayer (jueves) nos robaron y destruyeron todo el comercio. Hoy estamos sin trabajo, porque no tenemos nada para vender y no estamos en condiciones de atender al público ni reponer la mercadería , dijo Diego Songuero, de 28 años, uno de los vendedores del local.

A una cuadra de allí, el anciano dueño de un puesto de diarios intentaba remover con una escoba los restos de metal calcinado. Su negocio fue víctima de las llamas que destruyeron la tienda de indumentaria enfrente.

Perdóneme, pero no tengo fuerzas para hablar , alcanzó a decir entre lágrimas.

FOTO.

LOS COMERCIANTES madrugaron ayer a limpiar sus locales y evaluar las pérdidas dejadas por varios días de saqueos. AP.

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