Secciones
Síguenos en:
EL VIEJO IBAGUÉ

EL VIEJO IBAGUÉ

A la memoria de Evelio Hernández Ibagué no puede ser una empresa para la nostalgia. Los pueblos construyen su futuro con los materiales de su propia historia, pero cuando recuerdan el pasado la construcción social es más amable, más positiva, más dinámica. Y diciembre es propicio para reflexionar sobre ello Mi infancia está vinculada tanto al campo como a los libros. Mi padre vivió en función del paisaje, mi madre en función de las ideas. Casi por herencia terminé admirando en las personas su transparencia y su talento. Eran virtudes comunes en los notables de mi juventud. Lo recuerdo bien en dos caros amigos de mis padres: Ismael Santofimio Trujillo y Julio Galofre Caicedo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
05 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

A la memoria de Evelio Hernández.

Ibagué no puede ser una empresa para la nostalgia. Los pueblos construyen su futuro con los materiales de su propia historia, pero cuando recuerdan el pasado la construcción social es más amable, más positiva, más dinámica. Y diciembre es propicio para reflexionar sobre ello.

Mi infancia está vinculada tanto al campo como a los libros. Mi padre vivió en función del paisaje, mi madre en función de las ideas. Casi por herencia terminé admirando en las personas su transparencia y su talento. Eran virtudes comunes en los notables de mi juventud. Lo recuerdo bien en dos caros amigos de mis padres: Ismael Santofimio Trujillo y Julio Galofre Caicedo.

Siendo universitario conocí a otros dos hombres que me facilitaron una aproximación a la democracia: Rafael Caicedo y Eduardo de León. En la combinación de política y civismo, cuando ambas cosas sabían complementarse, me enseñaron lecciones de democracia y de liberalismo. Las personas también son valores. Con razón las abuelas decían que la mejor forma de educar es el ejemplo.

Debería dialogar más frecuentemente sobre esos temas con mis hijos, para que conserven mejor la memoria reciente de la ciudad donde abrieron sus ojos al mundo. Es preciso refrescarla frente a los jóvenes para que logren una base de identidad con contenido.

Ibagué también es de sus hijos adoptivos. Evelio Hernández fue uno de ellos. La quiso con largueza, la sirvió con denuedo y, en unión de su esposa Blanca Helena construyó una familia de bien, que proclama a los cuatro vientos su estirpe tolimense. Era transparente, generoso, ilustre. Quienes estuvimos cerca de él aprendimos por cuenta de su ejemplo. Su talante era el de los sabios antiguos. En su grata memoria quiero rendir un tributo a mi ciudad, cuyos hijos deben conocer bien su pasado para diseñar mejor su porvenir.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.