LA LLAMA QUE ALUMBRE LOS CONFLICTOS Y LAS ESPERANZAS

LA LLAMA QUE ALUMBRE LOS CONFLICTOS Y LAS ESPERANZAS

El pragmatismo, la transparencia y la frescura del lenguaje presidencial, han suscitado interpretaciones y alineaciones que van desde un extremo hasta el otro. Por ejemplo, Semana en su análisis sobre la confirmación de las ideas y los comportamientos de la nueva derecha en el gobierno del presidente Gaviria ofrece un plato suculento al paladar de los intelectuales: es de esperar que la discusión cale y se amplíe tanto que les permita, al joven mandatario y a su equipo, organizar su actividad sin intimidarse ante la duda de que los sitúen en una u otra lista. Al fin y al cabo se trata de saludar el futuro, que ya está adentro, como un amigo al servicio del país. Vamos, pues, a discernir con regusto y despacio sobre definiciones y no sobre hechos, como decía un personaje de novela a quien cito con frecuencia en su frase sobre una de las causas de la decadencia del pueblo británico, supuesto modelo del racionalismo implacable con nombres como Adam Smith, Hobbes, Maltus, David Ricardo,

13 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Esto se veía venir desde cuando el ex presidente Carlos Lleras Restrepo en su revista y en la época, descalificó el neoliberalismo que campeaba en el gobierno del presidente Turbay, pero entonces no se llegó a conclusiones en profundidad. Ahora el debate se ilumina con rigor de academia. Para salir con prontitud del tema personal, Semana dice que el gobierno Betancur ha sido el más izquierdista de los últimos 25 años. Es la típica mixedblessing que se describe en inglés, equivalente a la pregunta campesina enunciada con picardía e ingenio por el ministro Alberto Casas Santamaría: Eso es para bien o para mal? Mi único comentario consiste en relievar la paradoja de que después de haber insistido durante años en que soy un conservador a secas, enemigo de los ideologismos y los rótulos, resulto ahora prisionero de un maximalismo que, por otra parte, no corresponde a la realidad escueta, aún dentro del delirio de las definiciones y ubicaciones.

Las sorpresas que depara la vida a quienes insistimos en que la cultura sirve para crear ideas y no convicciones arbitrarias, a quienes opinamos que el fundamentalismo es plaga devastadora que ha azotado a la humanidad desde cuando se inventó el arma de las filosofías .

El debate es rico en sugerencias y en matices, aún dentro de la mezcla de cantidades distintas que aparecen como homogéneas. Me gustaría asistir a una primera discusión entre scholars de impecable formación académica y acostumbrados al trajín de ideas en universidades y libros del mundo, como Rudolf Hommes, Edgar Gutiérrez, Rodrigo Botero, Roberto Junguito, Jorge Ospina, Carlos Caballero Argáez. Ellos saben quiénes son Karl Popper, von Mises, Keynes, Beveridge, Friedman, Robinson, en fin, pueden pasearse por las ideas de los grandes gurús de la derecha y de la izquierda, así, subrayados para no hablar de los gobiernos propiamente dichos, y para resolver el problema de por qué un supuesto ultrarreaccionario como Bismarck fue quien dijo: La política es el arte de lo posible e implantó la seguridad social mientras derrumbaba imperios en nombre del nacionalismo alemán, ni siquiera de su amada Prusia.

Con historiadores colombianos pueden aclarar por qué don Mariano Ospina Rodríguez, uno de los fundadores de nuestro Partido Conservador, celebró con júbilo el estallido de la revolución izquierdista en Europa, claro de 1848. Y dirán qué tan liberales y qué tan conservadores eran José Ignacio de Márquez, Mosquera, don Francisco Soto, don Florentino González, grandes figuras del siglo pasado. Ahora cuando se habla de apertura económica, y de descentralización, qué bien sería analizar las guerras entre artesanos proteccionistas y políticos libre-cambistas; o entre federalistas y centralistas. En un hermoso prólogo de hace pocos años a un libro del profesor Carlos Restrepo Piedrahita sobre la revolución constitucional de Colombia, Alfonso López Michelsen decía que si pudieran ver liberales y conservadores del siglo XIX lo que sucede hoy con las ideas por las cuales se hicieron matar, muchos se removerían en sus tumbas. Menos mal que la controversia actual no tiene las características letales de las pasadas: ahora las muertes se producen por intereses más concretos y más siniestros.

No divaguemos sobre este asunto tan apasionante cuanto estéril y pensemos en los conflictos que nos asedian y en las esperanzas que ha desatado el nuevo gobierno.

Poco espacio dio en su posesión a la literatura, el presidente Gaviria. Pero el que le dio, bastó para ennoblecer al máximo su discurso, con la bella y profunda cita de García Márquez al recibir el Premio Nobel de Literatura: sí, vamos a buscar con instrumentos concretos la segunda oportunidad en esta tierra esquiva, frente a nuestra frivolidad y nuestro desorden. La austeridad de la enumeración de propósitos, constituye un franco compromiso por sí misma. Me impresionó, entre otros, el tema de la retroactividad de las censatías, de la estabilidad laboral y de las agencias de empleo. Esa discusión dirá qué tan madura está intelectualmente Colombia. Presidirá el debate aquel concepto de los sociólogos sobre los efectos perversos de las buenas ideas: una conquista de los trabajadores se convirtió en trampa oscura en la que se hunden las posibilidades del empleo, con efectos devastadores para el desarrollo nacional. Y para la vida personal de quien vende con honestidad y dedicación su fuerza de trabajo, lo único que tiene para vivir y para velar por su familia.

Que el estado de gracia de que hablaba el presidente Mitterrand nos conduzca a un escenario más propicio, es lo elemental que se puede decir en estos momentos para aprovechar la invitación al futuro que ha hecho el primer funcionario y guía de la sociedad colombiana.

Más que nadie, el presidente Gaviria quiere empezar a hacer el país que Luis Carlos Galán anhelaba. Esta vivencia hemos de tenerla presente para convertir aquella muerte atroz por lo injusta, y por lo absurda, en llama que alumbre la esperanza y tenga los soportes de coraje, voluntad y trabajo que la vuelvan realidad. El culto de héroes como Galán adquiere sentido y hace respetable el mundo en que vivimos, cuando se transmuta en obras a favor del ser humano. No solamente le cantemos a Galán, no lo lloremos tan solo: actuemos para hacer la nación que él soñaba. Así su nombre no será recuerdo escueto sino obstinación de voluntad y de unidad que nos haga más libres y más dignos.

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