Secciones
Síguenos en:
NAVIDAD AMARGA

NAVIDAD AMARGA

Los colombianos guardábamos alguna esperanza de que por lo menos en esta época de Navidad, cuando los espíritus se alegran, los ánimos se apaciguan y en general el ambiente es más propicio para la alegría que para el dolor, la guerrilla y los paramilitares harían un alto al fuego. Vana ilusión.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
23 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Otra vez, como en tantas ocasiones, vuelven a llevar la tragedia, a humedecer las fértiles tierras colombianas con sangre de compatriotas que supuestamente no están del lado de cada quién, sino que constituyen un estorbo, o que no se someten, que no comulgan con sus ideologías, o que llevan encima el lastre de poseer terrenos que los violentos necesitan y los compran con plomo. Cuando las víctimas no son jóvenes soldados, casi niños, que cumplen con la misión patriótica, como en los casos de Las Delicias, en el Putumayo, o ahora de Patascoy en Nariño.

Qué tragedia, qué drama, qué regalo el que están dando los violentos a Colombia, a las familias de los soldados, de los campesinos, de este país que entre los puestos deshonrosos que se ha ganado, también se disputa el de más violento del mundo.

Porque vivimos, definitivamente, una guerra absurda, que nadie comprende, quizá ni los mismos protagonistas. Pero sobre todo en una guerra inhumana, demasiado cruel, llena de hechos de una crueldad y una sevicia difíciles de concebir.

El tiroteo ya retumba en muchas zonas. Hemos llegado al triste caso de comenzar a encontrar cadáveres regados por los caminos, en el Urabá chocoano, como si fueran simples presas de caza, como si se tratara de eliminar animales enfermos, o ni siquiera eso.

Por eso, el drama de los desplazados es cada día mayor. Es una bomba de tiempo, con mecha lenta pero inapagable por ahora. Las gentes huyen despavoridas, dejando atrás sus hogares, sus bienes, sus recuerdos, o sus muertos.

Muchas familias colombianas, con sus pequeños que no saben aún por qué los persiguen y los matan, tendrán una Navidad negra, luctuosa, lejos de sus casas, hacinadas por ahí, sollozantes, compartiendo un plato de comida, a medio vestir. Cuadros dantescos por acción de unos compatriotas suyos que se han armado hasta los dientes, supuestamente para defenderlos, pero que hoy solamente luchan por sus negocios, por enriquecerse, por mantener su dominio en unos territorios que le han arrebatado al Estado mismo.

Es realmente triste y doloroso aceptar esta realidad, propiciada por los violentos de Colombia que no parecen saber de humanidad, menos de Navidad, de novenas de aguinaldo, de unidad familiar. Pero es que si no saben del respeto por la vida, ningún gesto generoso se puede esperar de su parte.

Es en estos momentos cuando se piensa en cuánto valen los esfuerzos por conseguir la paz. En la necesidad de que Colombia no siga sola, con sus naturales matándose por dentro, sino que los organismos internacionales nos den una mano urgente.

Es hoy cuando se piensa también en cuán caro han pagado nuestro Ejército, nuestras Fuerzas Armadas, el esfuerzo de salvaguardar las instituciones y las riquezas de Colombia, y en la necesidad de solidarizarse con los representantes de la fuerza pública, de respaldarlos, de ofrecerles la ayuda necesaria para que cumplan su misión y de animarlos para que, con más razón y coraje, hagan presencia en las pocas zonas de paz que van quedando.

Vamos muy mal. Y, aparte de exigirle al Estado mayor acción, decidida y firme, y a quienes tienen en sus manos la capacidad de poner alto al fuego, queda pedir al Todopoderoso que salve a este país, donde la única paz que se va logrando es la paz de los sepulcros.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.