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LOS JUGUETES DEL PASADO

LOS JUGUETES DEL PASADO

Viendo desprevenidamente la programación infantil de televisión, me encuentro con un bombardeo de publicidad de toda suerte de regalos para este 24 de diciembre. Y todos son electrónicos o sofisticadísimos, como las famosas Barbie que cantan, ríen y lloran.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Pistolas que lanzan especies de rayos laser que se accionan al tocar un cuerpo y que dejan fuera de combate al contrincante; o las estructuras completas en materia de ingeniería para construir una ciudad de verdad, pero en miniatura.

Las muñecas gringas Barbies, con sus mil y un oficio que realizan, como si fueran señoras de carne y hueso: la Barbie enfermera, la Barbie cocinera, la Barbie madre de familia, en fin.

Y ni que decir de todas esas muñecas con pelo humano, que comen y hacen sus necesidades fisiológicas, casi de verdad; las que lloran cuando se les grita, las que se suenan la nariz sin colorearse, etc.

En estos tiempos modernos los juguetes son costosísimos a tal punto que los fabricantes y distribuidores se dan el lujo de imprimir lujosas carpetas exhibiendo sus productos y poniéndolos a circular con las ediciones de los diarios nacionales.

En mis tiempos de infancia, los juguetes eran elementos, simples y baratos, accesibles al bolsillo de cualquier padre de familia. Por ejemplo, la muñeca más novedosa que conocí en esos tiempos era una que, al recostarla, simplemente cerraba los ojos y nada más, Otra que al tocarle el estómago, soltaba un chillido como de ratón, pero nada más, eso era como lo más sofisticado.

A los varones nos regalaban unos carritos elementales de latón, que había que jalarlos con una pita y que a las pocas horas de recibido prácticamente ya estaba descompuesto, sin posibilidades de volver a armarlo.

Los carros que se le regalan a los niños de hoy en día son de pilas o de batería y ejecutan mil maravillas, que dejan asombrado a todo el mundo. Hoy las posibilidades son infinitas en materia de regalos de Niño Dios .

Los primeros juguetes electrónicos que yo conocí se remontan a principios de los años sesenta, cuando el médico Ismael Hernández Parra, (q.e.p.d.), le regaló a sus hijos una pista de carreras. Todos los amigos de los Hernández no queríamos salir de su casa, pues estuvimos durante varios meses maravillados con los adelantos tecnológicos.

Pero esos regalos no los podía dar cualquier persona. Ahora hasta los muchachos más pobres quieren regalos costosos e ingeniosos a morir.

Yo me quedo con la elementalidad de los juguetes de antes, los carritos jalados por una cabuya y rodando ruidosos por los andenes como camiones destartalados. Prefiero las inocentes pistolas de agua o las de fulminantes y no los misiles de rayos láser que hoy en día se encuentran en cualquier almacén.

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