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LOS RESTREPO

LOS RESTREPO

He querido dedicar este artículo, con ocasión de la reunión de la familia Restrepo, a mi tatarabuelo don José Félix de Restrepo, de quien dijo mi padre el 26 de noviembre de 1986, al colocar su retrato en la galería de Pro-Antioquia: He tenido siempre el íntimo sentimiento de que mi profundo afecto por Antioquia, la admiración que profeso a lo que ella ha significado en la vida del país, el hecho de que muchos de mis mejores amigos hayan sido o sean oriundos de esa tierra, tiene su origen principal en el culto que a la memoria del doctor José Félix de Restrepo se rendía en mi casa, en el seno de mi familia, donde su nombre se pronunciaba, al igual que el de Lorenzo María Lleras, con una mezcla de veneración y orgullo. Claro está que el título que más nos impresionaba era el de libertador de los esclavos con el que se designaba justamente al doctor don José Félix en los textos de historia .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En efecto, nacido en Envigado el 26 de noviembre de 1760 e hijo de don Vicente López de Restrepo y Guerra Peláez y de doña Catalina Vélez de Rivera, vivió muchos años en Popayán, donde fue profesor de la generación de la independencia, en la Universidad del Cauca.

Hace pocos años, mi gran amigo, ya fallecido, el doctor José Vicente Ayerbe Chaux, tuvo la bondad de investigar en Popayán y de encontrar su casa, pequeña y humilde, en frente de la Casa Mosquera.

Como dice mi padre, fue ante todo un maestro, educador de generaciones ilustres, una actividad la más honrosa que, por el tiempo en que vivió, se remuneraba pobremente , lo cual no debía importar mucho a sus descendientes si la vida llegaba a llevarnos por el mismo camino, como en efecto lo ha hecho con muchos de nosotros.

De él dice don Gabriel Arango Mejía en sus Genealogías de Antioquia y Caldas que es considerado como la más augusta y egregia figura colombiana , y agrega que su ilustración y su carácter recio y justo le merecieron el título de Representante de la Justicia y de la Ley .

Primer presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Gran Colombia, elegido después del Congreso de Cúcuta (1821), donde había conseguido la aprobación de la ley de libertad de vientres de las esclavas, aquella que en 1813 habían preparado con don Juan del Corral, ejerció su cargo con la entereza que caracteriza a la familia, y como muestra de ello se recuerda su paseo tranquilo con el general José María Córdoba, después de que, como magistrado, había votado (uno contra dos) en favor de que se le aplicara la pena de muerte por el homicidio de su ordenanza.

De su esposa recibimos la herencia payanesa, que recordaba yo en reciente discurso en el paraninfo de la Universidad del Cauca; en efecto, contrajo nupcias en Popayán en 1761 con doña Tomasa Sarasti de Ante y Valencia, tatarabuela de mi padre, quien descendía (novena generación) de don Sebastián de Belalcázar, fundador de Quito, Cali y Popayán y cuyo hijo se había radicado en esta última en 1540. Corre publicado un divertido árbol genealógico que sirve para establecer el parentesco de esta rama Restrepo con Camilo Torres (el prócer y también el guerrillero), Jorge Holguín, Guillermo León Valencia, Alvaro Gómez Hurtado, Francisco José de Caldas, José Asunción Silva, Rafael Pombo, en fin, con todas las gentes proceras que hicieron de una pequeña villa la capital política y literaria de Colombia.

Y recogiendo de nuevo frases de mi padre, transcribo: No perder nunca de vista lo que fueron la vida y los actos del doctor Restrepo fue siempre una consigna familiar que yo he querido transmitir a mis hijos y a fuer que lo consiguió: la austeridad, la honestidad, la firmeza, la no capitulación en materia de principios, la autoridad, el empeño por buscar la justicia social y por educar a nuestros compatriotas, son algunos de aquellos atributos que por generaciones se pregonaron en la familia y que todavía resuenan en mis oídos desde cuando, niño aún, aprendí a ser ciudadano y a trabajar por el enaltecimiento de la patria. Dijo don José Félix a su hijo Manuel, mi bisabuelo, en su lecho de muerte: Si es necesario cometer una injusticia para evitar que el universo se desplome, deja que el universo se desplome . Es el símbolo de la justicia, y decía mi padre hace once años, que debemos recordar sus enseñanzas en momentos cuando tan necesario es ayudarla, fortalecerla, defenderla de los peligros que para sus ministros se han creado y que la codicia o el fanatismo convierten frecuentemente en daño cierto.

Qué pensarían todas estas gentes de bien, pobres en bienes terrenales pero con una enorme riqueza espiritual, si contemplasen la Colombia de hoy, a la que tenemos obligación de devolver los rasgos de épocas pretéritas.

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