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SE HA VISTO AL NIÑO DIOS POR LAS CALLES DE BOGOTÁ

SE HA VISTO AL NIÑO DIOS POR LAS CALLES DE BOGOTÁ

En estos días navideños las calles bogotanas están siendo recorridas por personas especiales, que aunque parecen comunes y corrientes, hay sospechas de que son emisarios del Niño Dios.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Están bien camuflados. Transitan con sus carrozas que parecen camperos, automóviles y camionetas, llenas de regalos que reparten en las esquinas de avenidas como la Pepe Sierra, Suba, 15 y 19. Allí, usualmente muchos niños tratan de ganarse la vida, con balletilla y agua, en la limpieza de los vidrios panorámicos de los carros de impacientes conductores que esperan el cambio de luz en los semáforos.

Este pequeño y anónimo ejército de bondad, con su gesto, quieren llevar un instante de alegría a esos infantes que a su edad se enfrentan con la vida y no tienen otra oportunidad diferente a la de trabajar.

Un redactor de EL TIEMPO fue testigo de la entrega de regalos en la esquina de la 116 con avenida Suba por parte del enviado del Niño Dios. Sin embargo, cuando trató de alcanzarlos en su muy terrenal vehículo para lograr una entrevista con ese ángel, el carruaje que parecía toda una burbuja se esfumó a gran velocidad por un laberinto de calles, difícil de descifrar.

Es todo un misterio. Estas carrozas son de muchos colores, se han visto rojas, azules y negras, y aunque no están arrastradas por renos si lo están por caballos. Testigos conocedores de carruajes, dicen que aquel de color negro que dejó parte de su cargamento de felicidad en la Pepe Sierra con 19, por lo menos tiene en su interior 110 caballos, pero de fuerza.

Aunque no se ha podido establecer si están organizados en este objetivo común, ya se han detectado varios en diferentes puntos de la ciudad.

Lo cierto es que invasión o no de estos personajes, Bogotá se está iluminando en esta Navidad con esta pequeña nota de optimismo.

Sin embargo, la ciudad es tan grande y aún no se sabe si den abasto. Muchos niños en la calle, quizá la gran mayoría, no tendrán la fortuna de recibir a estos nobles visitantes con sus tulas llenas de regalos.

Es más, muchos ni se enterarán de lo ocurrido con sus colegas de las esquinas afortunadas, y tendrán que seguir viviendo su cotidianidad, porque Navidad o no, hay que continuar trabajando.

Lo importante es que en la capital, la ciudad de todos y de nadie, donde la falta de solidaridad es el alimento diario de sus habitantes, aún existen personas, que como estos mensajeros del Niño Dios, se inventan algo para hacer más cordial el ambiente capitalino.

Todo parece indicar que estos mensajeros, no tienen la mínima intención de dejar el anonimato, ni mucho menos hacer de dominio público este noble acto. Hecho que hace aún más valiosa esta pequeña cruzada navideña.

Lo único cierto es que a través de ellos, el Niño Dios, Papá Noel o San Nicolás, están arracándole una sonrisa y un instante de alegría a muchos pequeños que desde tierna edad tienen que jugar a ser adultos.

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