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UN AÑO DE... PAZ Y GUERRA

UN AÑO DE... PAZ Y GUERRA

Durante los tres años y medio de la administración Samper, el caso de los soldados de Las Delicias ha sido el único en el que los voceros del Gobierno y de la guerrilla se han aproximado a un proceso de negociación, aunque para un hecho concreto: la entrega de los militares retenidos por esa agrupación guerrillera.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Resulta paradójico, pues el hecho que forzó el cruce de comunicaciones escritas y verbales fue el ataque a una base militar por parte del bloque sur de las Farc en límites entre Putumayo y Caquetá el 30 de agosto de 1996, en el que la guerrilla retuvo a 60 soldados y los mantuvo en su poder durante nueve meses, mientras conseguía que el Gobierno ordenara el despeje de 13.000 kilómetros cuadros al sur del país y la presencia de testigos internacionales y de la prensa para producir su liberación.

Fue 1997 el año del forcejeo entre las partes. Desde el mismo 2 de enero EL TIEMPO informó sobre la posibilidad que se abría paso para despejar la ya legendaria inspección de policía de Remolinos del Caguán y, luego, la totalidad del municipio de Cartagena del Chairá, en el Caquetá. Finalmente, el despeje militar se efectuó a mediados de año y el 15 de junio pasado, los 60 soldados de Las Delicias lograron su libertad.

Tras la entrega de estos militares, a la que se sumó la de otros 10 infantes de marina retenidos el 16 de enero de este año en un ataque guerrillero en Juradó (Chocó), las expectativas de paz volvieron a inundar el país, pues el episodio mostró que la negociación fue fructífera. Puso a dialogar cara a cara a los voceros de ambas partes y restableció confianzas en la palabra empeñada, pues tanto el Gobierno como la guerrilla cumplieron cabalmente los acuerdos que permitieron la entrega.

Aunque el día de la liberación de los soldados las Farc lanzaron una propuesta, no hubo avances verdaderos. Desde entonces, ni Gobierno ni guerrilla han logrado ponerse de acuerdo para acudir a un primer acuerdo que sentaría las bases de una negociación de paz hacia futuro. Por el contrario, la guerra entre las partes se ha intensificado y ha sido avivada por los grupos paramilitares.

Mandato por la Paz, una expresión ciudadana Un claro indicio de que la sociedad civil se está comenzando a organizar para demandar la resolución del conflicto armado y su participación en un eventual proceso de paz fue el Mandato por la Paz, la Vida y la Libertad.

El tarjetón verde del 26 de octubre fue depositado en las urnas por diez millones de colombianos, según cifras proyectadas. Los organizadores de esta iniciativa ciudadana han venido desde entonces fomentando espacios para exigirles a los actores armados de la guerra respeto por la población civil. Aún sus resultados a mediano y largo plazo son inciertos, pero pretenden convertirse en una fuerza cuyas demandas sean acatadas por guerrilla, paras y Gobierno.

Sociedad, arte y parte de la solución En el año que culmina hubo una explosión de iniciativas ciudadanas que contrastó con los nulos o pocos avances que tuvieron las partes para concretar un eventual proceso de paz: La asamblea permanente de la sociedad civil, propuesta por la Comisión de Conciliación Nacional, que empezará a sesionar a partir del primero de julio próximo; el respaldo de quienes encabezan los grupos económicos del país a las gestiones gubernamentales en materia de paz; la carta pública de los intelectuales solicitando a la comunidad internacional que conforme un grupo de países amigos; la propuesta de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegan) de dar tierras a cambio de paz; la apertura de los foros económicos al debate del tema de la necesidad de la reconciliación nacional; las diligencias de los aspirantes presidenciales en esta materia; el interés creciente de la comunidad internacional y la masiva votación obtenida el Mandato por la Paz, la Vida y la Libertad fueron las facetas de participación de la sociedad civil en un tema que venía siendo monopolizado, por llamarlo de alguna manera, entre los gobiernos de turno y las guerrillas.

Todos estos esfuerzos coinciden en la necesidad de que se le dé participación a la ciudadanía en este tema. Por esa razón, aunque los actores armados del conflicto se resistan a iniciar negociaciones de paz, la sociedad civil organizada tiene un papel protagónico en el proceso de tire y afloje : presionar y facilitar el diálogo.

El ojo avizor de la comunidad mundial La ONU y la OEA llamaron a las partes a negociar y condenaron las violaciones al derecho internacional humanitario cometidas por la guerrilla y los paramilitares, así como las violaciones a los derechos humanos de los agentes del Estado. En la Unión Europea se instó a Colombia a desmontar las cooperativas de seguridad Convivir. Lo mismo hizo en Colombia la delegada del Alto Comisionado de la para los derechos humanos de la ONU, Almudena Mazarrasa. Estados Unidos negó ayuda a unidades militares señaladas por la presunta violación de los derechos humanos. En España hubo marchas por la paz y los colombianos en el exterior pudieron votar por el Mandato por la Paz.

La paz fue tema de campaña en 1997 Los presidenciables: Juan Manuel Santos dialogó con la guerrilla y los paramilitares y les planteó avanzar en la negociación de la paz y de paso le arrebató una bandera que parecía exclusiva de Horacio Serpa. El Gobierno respondió que no autorizaba los contactos paralelos. Carlos Lleras habló con los voceros del Eln, Francisco Galán y Felipe Torres en Itagí. Noemí Sanín presentó su plan de paz en Medellín, en el que además de referirse a la guerrilla y a los paras abordó otros factores de la violencia. Juan Camilo Restrepo, Juan Guillermo Angel y Antanas Mockus, cada uno a su manera, hablaron de la paz.

Gobierno, en vilo por los despejes El diálogo de sordos entre la guerrilla y el Gobierno estuvo enmarcado por una palabra: despejes. Antes de la entrega de los soldados de Las Delicias, el Ejecutivo tardó seis meses para decidir la desmilitarización de la zona exigida por las Farc. Luego, la organización guerrillera hizo una nueva petición de desmilitarización, pero esta vez para reunirse con la sociedad civil nacional e internacional.

Termina el año y el despeje no se concretó. Aunque el Gobierno dijo sí a la desmilitarización lo sujetó a la firma de un primer acuerdo entre las partes, que las Farc no aceptan. Tampoco hubo avances públicos en las conversaciones con el Eln sobre humanización del conflicto.

Elecciones, objetivo militar La disputa territorial entre guerrilla y parasi impidió el desarrollo normal de las elecciones regionales del 26 de octubre. Finalmente, en 20 municipios de Caquetá, Nariño, Antioquia, Bolívar, Meta y Cundinamarca no hubo elecciones, ya fuera por el secuestro y asesinato de candidatos o jurados, la amenaza a los votantes o la destrucción del material electoral. A pesar de las ofertas de garantías a los candidatos, más de 1.000 renunciaron en todo el país. En algunas localidades los mandatarios fueron escogidos con muy pocos votos. En las zonas de influencia guerrillera, se impidió la elección de candidatos de los partidos tradicionales y en las de dominio paramilitar, los movimientos de izquierda democrática fueron obligados a renunciar.

Paras consolidan la unión Desde Córdoba, Carlos Castaño lanzó su ofensiva a Urabá y al nordeste antioqueño. En el primero ya consolidó su hegemonía, mientras que en el segundo libra una batalla con las guerrillas para tomar posesión de territorios.

La avanzada paramilitar, que a partir de este año se hizo tras la unión de sus distintas agrupaciones en las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), alianza protocolizada en diciembre pasado, también comenzó a tener lugar en el sur del país. Habrá más mapiripanes , sentenció Castaño, vocero de las AUC, luego de su cruenta incursión en ese municipio del Meta, en julio pasado. Los paras han comenzado a ganar terreno.

Degradación del conflicto armado La incursión paramilitar en zonas de influencia guerrillera (Antioquia, Bolívar, Sucre, Guaviare y Meta) llevó a que 1997 haya sido un año en el que el conflicto interno se degradó de manera acelerada: Las matanzas, el drama de los desplazados, la interferencia en el proceso electoral mediante la intimidación a candidatos y votantes, los secuestros para dar a conocer mensajes alusivos a las organizaciones que proclamaron la autoría de estos hechos...

Paradójicamente, fue el año que más se habló de derecho internacional humanitario como fórmula para excluir a la población civil no combatiente de los efectos de la guerra.

Guerrillas, nada con Samper Dos fueron los ejes que marcaron este año a las guerrillas frente a la paz: las Farc exigieron despeje de un área para reunirse con voceros de la comunidad nacional e internacional y el Eln avanzó en la discusión del derecho internacional humanitario, como una vía para ir construyendo los caminos de la reconciliación. Nada se concretó.

Ambas guerrillas han hecho saber que un proceso de paz tiene que confluir en un escenario de amplia participación: una asamblea nacional constituyente y ambas organizaciones han anunciado desde ya que no negociaran con el gobierno de Samper.

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