OTRA VEZ LA IGLESIA Y EL MERCADO

OTRA VEZ LA IGLESIA Y EL MERCADO

Recientemente concluyó en Roma el sínodo que reunió a 200 obispos de toda América, convocado por el papa Juan Pablo II para tratar los desafíos que enfrenta la Iglesia Católica en este continente.

24 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Luego de un mes de deliberaciones, los obispos elaboraron un documento con cerca de 80 proposiciones, el cual será ahora procesado por un consejo postsinodal integrado por cardenales y obispos de todo el continente. Este organismo secundará al Papa en la preparación de un documento que seguramente éste emitirá como carta para la acción pastoral de la Iglesia en el tercer milenio.

El documento aprobado en el sínodo no ha sido dado a conocer aún pero los periodistas que cubrieron la reunión han informado sobre los temas que contiene, incluyendo en materia económica varios párrafos sobre la deuda externa y la corrupción con ella asociada.

Este es un punto interesante, pues los gobiernos suelen endeudar a sus contribuyentes para luego despilfarrar esos recursos en un ineficiente gasto público y en maniobras claramente corruptas, todo lo cual ha de ser pagado posteriormente con rigurosidad.

No obstante, el documento de la Iglesia propondría que los países ricos de alguna forma condonen el pago de la deuda a los países pobres para aliviar su carga. Ciertamente que aliviar la carga de los que pagan el enriquecimiento ilícito de algunos gobernantes o funcionarios públicos es interesante.

Pero más importante sería sugerir mecanismos para evitar que todo esto se repita, ya que la mera condonación de la deuda tan sólo beneficiaría a los gobiernos que, ahora aliviados de la pesada carga de intereses, tendrían las manos libres para endeudarse nuevamente.

Paradójicamente, el alto nivel de endeudamiento de algunos países es lo que les impide cometer mayores despilfarros de los ya cometidos.

Por el momento, no hay sugerencias para limitar o erradicar la capacidad de los gobernantes de endeudar a toda una población, y éstas no pueden sino acercarse a las propuestas de poner límites o prohibiciones a la capacidad de endeudamiento público como así también a la de incurrir en déficit fiscales.

Conocida es la ya tradicional aversión de la Iglesia a la economía de mercado, por más que se intente interpretar sus documentos de la manera más benévola. Pero existe además una sobrevaloración del sector público y particularmente de la actividad política como si ésta buscara automáticamente el bien común .

Por el momento, parece que todas las contribuciones de la escuela de la elección pública (James Buchanan, Gordon Tullock entre otros muchos autores) no han sido consideradas por los obispos.

Veamos un ejemplo, uno de los documentos en preparación dice: la economía de mercado tiene reales valores, pero es inaceptable que se haga del mercado un valor supremo por encima de la persona humana y del verdadero bien de los pueblos...

Esta es una posición tradicional de la Iglesia, pero siempre incorrecta. El mercado no es un ente con vida y existencia propia; el mercado es la gente, las personas intercambiando productos y servicios. Podrían no gustarnos los valores que la gente tiene, pero no le echemos la culpa a la economía de mercado que tan sólo los transmite.

Si toda la gente aceptara y se guiara por los valores éticos que la Iglesia propugna, entonces el mercado también los transmitiría. Pero el mismo documento continúa diciendo: El problema es que se ha convertido a la economía en medida de todas las cosas. Hay que recuperar el valor, la capacidad y la influencia de los políticos para que sean ellos quienes decidan la suerte de los pueblos .

Pues aquí vamos mal. Dejar la suerte de los pueblos en manos de los políticos es el principal peligro que los pueblos deben evitar, so pena de encontrarse con la misma deuda externa y corrupción que la Iglesia critica o, peor aún, con persecuciones, guerras, crímenes, matanzas y desapariciones.

Un consejo de esta naturaleza es como recomendarle a Caperucita que tome el camino donde el lobo la espera.

* Corresponsal de AIPE.

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