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LA FLOR DE LA UTOPÍA

LA FLOR DE LA UTOPÍA

En 1993, a causa de un gol de Oswaldo Mckenzie, del Junior de Barranquilla, y faltando unos minutos para terminar el campeonato, el Deportivo Independiente Medellín y sus seguidores vieron que la Copa se esfumaba, como si un mago en escamoteos dijera: nada por aquí, nada por acá , y de nuevo la copa se desvaneció en el aire. Ese mismo acto se ha repetido, como en un mal circo, durante cuatro desvergonzadas décadas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

En 1993, a causa de un gol de Oswaldo Mckenzie, del Junior de Barranquilla, y faltando unos minutos para terminar el campeonato, el Deportivo Independiente Medellín y sus seguidores vieron que la Copa se esfumaba, como si un mago en escamoteos dijera: nada por aquí, nada por acá , y de nuevo la copa se desvaneció en el aire. Ese mismo acto se ha repetido, como en un mal circo, durante cuatro desvergonzadas décadas.

Desde la época de José Manuel Charro Moreno, uno de los más brillantes jugadores del mundo, par de Di Stéfano, desde esa época de Grecco y Sacco, de Retamozo y eli Caimáni , de Seghini y Larraz, la copa se le ha escondido al DIM tras la capa de un mago burlón.

A algunos les resulta absurdo que un equipo que durante 44 años no ha sido campeón tenga la más fiel de las hinchadas, la más enamorada. En el diccionario de las utopías podría esto figurar como un récord sin precedentes. Utopía es palabra nacida en Grecia y significa lugar que no existe, proyecto en un comienzo irrealizable.

El Medellín es la flor de la utopía. El temple en la derrota. El Medellín goza del profundo optimismo de saber que una cadena de fracasos no borra la pasión. Esto da una lección para un país que vive en el aturdimiento del derrotado. No es la suya la utopía del mundo feliz. Es la del día a día, renovando los sueños. Nada más parecido que Sísifo y el hincha del Medellín. Sube hasta la cima una inmensa piedra y cuando ya va a coronarla resbala y la roca cae como en el tango, cuesta abajo en su rodada . Y sin embargo ese mismo hincha vapuleado y siempre recomenzando, sabe, sin conocer teoría del color, lo dicho por Kandinsky: el rojo sobre el verde canta . Y acá el verde no es el del Nacional, es el de la cancha. Y el rojo no es el del América.

Que perdonen esta crisis de optimismo que me asalta pocas veces. Soy Capricornio, como el Niño Dios. Pero no espero morir como él, crucificado. Perdonen, sí, el optimismo, pero no pienso en los partidos con el América de Cali sino en los partidos del DIM en la Copa Libertadores. Qué ese optimismo desmedido puede hacerme caer desde su tope? Posiblemente. Pero Sísifo ataca de nuevo.

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