ELLOS REQUIEREN MAYOR AUTONOMÍA

ELLOS REQUIEREN MAYOR AUTONOMÍA

No es poco común encontrarse, como padre, frente a situaciones similares a la que me planteó mi hija de doce años hace algunos días: Papá, por favor firma el permiso para poderme bajar en casa de mi amiga Mary. Como hoy es viernes, salimos más temprano y queremos ir a Unicentro . Me parece muy bien, le dije. Puedes pasar por mí a eso de las 7, continuó ella; a lo que le respondí: Eso sí está más complicado. Bien sabes que esa es la hora del tráfico pesado hacia el norte, y no estoy dispuesto a meterme dentro de un carro casi dos horas para ir por tí y luego regresar a nuestra casa. Lo mejor que puedes hacer es tomar una buseta y volver sola a la casa. Ah, no! No me gusta coger busetas, respondió. Después de una larga discusión en la que también intervino mi mujer, finalmente decidimos que ella recogería a nuestra hija, a pesar de mi insistencia en que los hijos tienen que aprender a madurar y a tomar las responsabilidades que conlleva su independencia, aunque existan riesgos.

12 de agosto 1990 , 12:00 a. m.

Es verdad que hay inseguridades en nuestra ciudad y también que el bajo nivel educativo de muchas personas hace que se presenten posibilidades de irrespeto hacia una jovencita que viaja sola en una buseta; sinembargo, creo que también es posible estructurar en nuestros hijos personalidades maduras que aprendan a sortear con aplomo y valentía las diferentes circunstancias negativas que la vida diaria presenta.

Para lograr lo anterior es preciso brindarles oportunidades que les permitan ir adquiriendo seguridad y autonomía; y ello no es fácil. Nuestro entorno social y nuestra educación nos predisponen a ser desconfiados, inseguros y temerosos; por ello queremos mantener el control de las actuaciones de nuestros hijos el mayor tiempo posible. La hija mayor de un buen amigo, que fomenta la autonomía en sus hijos, tiene ahora 20 años. A pesar de ver en ella las dificultades comunes a los jóvenes de su edad, da gusto verle muchas facetas positivas y una muy buena relación con su padre, las cuales atribuyo al tipo de educación recibida.

Cuando era apenas una chiquilla de 10 años fue invitada a la fiesta de 15 de una vecinita. La reunión era de noche y asistirían jovencitos entre 15 y 18 años, pero como la señorita de la casa tenía un hermanito de 11, este decidió invitar a la hija de mi amigo para que le hiciera compañía. Ella muy contenta fua a donde sus padres a pedirles permiso. A ellos no les pareció adecuado que una niña tan pequeña asistiera a un baile nocturno, y como siempre han tratado de mantener una relación dialogante con sus hijos, le brindaron muchas razones para justificar su negativa.

La niña, convencida de la objetividad de los argumentos de sus padres y con la amargura que produce la frustración de no poder hacer lo que uno quiere, se dirigió a su cuarto y tiró la puerta diciéndoles: veo que tienen razón, pero les advierto que cuando yo cumpla mis doce años deseo tomar sola todas mis decisiones. Y ello ocurrió cuando la niña cumplió esa edad. Y sus padres dejaron de decidir por ella y se convirtieron en consultores y amigos.

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