EL CIRCO, FAMILIA BAJO UNA SOLA CARPA

EL CIRCO, FAMILIA BAJO UNA SOLA CARPA

Detrás de esa pared de colores que mueve el viento está el misterio. Cruzar el umbral de la carpa es iniciar un viaje hacia el asombro, en el que cada espectador va de la mano de sus ilusiones.

26 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En este planeta poblado por Power Rangers, guerreros Ninja y superhéroes de todas las nacionalidades, todavía hay rincones, debajo de las estrellas y en medio de los aplausos, para los héroes de carne y hueso que sin trucos ni efectos especiales construyen diariamente un mundo de riesgo, risas y sorpresas.

Allí en el circo están los héroes de las alturas, el veloz y preciso lanzador de cuchillos, los ágiles malabaristas, los desafiantes domadores de animales y, por supuesto, los inventores de bromas. Claro que cuando se vive en el circo se sabe hacer de todo, afirma Tito Fuentes, uno de los directores del Circo Gigante Modelo de México que por estos días está en la capital.

Muchos de los cerca de 50 artistas que están en este circo pertenecen a la cuarta o quinta generación que ha dedicado su vida a la magia de trabajar en una carpa con la tarea de entregar diversión.

Viviendo en las alturas Angel es el primero en subir al trapecio. Se ubica en uno de los extremos y empieza a balancearse sentado. Allá arriba su mente está puesta en pensar cómo recibirá a sus hermanos y en coordinar tiempos, movimientos y alturas para que el espectáculo salga bien.

El es uno de los cuatro hermanos Poema, considerados los mejores trapecistas del mundo en este momento. Noelia, Naira y Luis completan el grupo. Ellos se sitúan en un punto fijo desde el cual van saltando a un vacío sostenido por el asombro del público.

Este ve cómo Naira, una niña de 12 años, hace volar su delgado cuerpo de un trapecio a otro y cómo Luis, el mayor y el más bromista, hace un triple salto mortal en el aire y a ciegas.

Desde abajo parece fácil , dice Luis mientras observa que arriba en una de las vigas que sostienen la carpa hay una paloma. Ha estado aquí varios días y cuando practicamos se nos atraviesa dice sin dejar de mirarla.

Somos siete hermanos y todos hemos nacido en el circo. Ya somos la quinta generación de esta familia que está acá , explica el joven, que toma la vocería de sus hermanos.

Los Poema estaban trabajando en el Circus Circus de Reno, Nevada (Estados Unidos) y ahora están de gira con el circo mexicano. Sobre su vida aseguran que es tan normal como la de cualquier persona.

Incomodidades? No, dice con firmeza Luis. Las cosas han cambiado mucho. Antes la gente del circo vivía en el mismo sitio en el que se armaban las carpas. Ahora no. Nosotros tenemos nuestro trailer o alquilamos apartamentos. Vamos a la escuela, vivimos muy bien .

De lo que sí está seguro es de que la esencia del espectáculo no cambia. Al entrar al circo la gente se transforma, se olvida de sus problemas porque es el mejor entretenimiento para todos los públicos , asegura.

Miedo? Ya llevo 17 años en el trapecio. Ya no siento nada dice Luis en medio de sonrisas. A Naira sí le da todavía un poco de temor y Noelia recuerda que en estos días una de sus hermanas menores se subió por primera vez al trapecio y gritó del susto.

Otros que también viven a más de 6 metros de altura son los hermanos Alberto y Mauricio Aguilar. Estos jóvenes caminan, sin red abajo y sin balancín en las manos, sobre un delgado alambre.

Además de eso saltan, pasan uno sobre otro con los ojos vendados y atraviesan el alambre de un lado al otro montados en un monociclo y sosteniendo una sombrilla. En cada acto, el público que los observa suelta un grito que queda sostenido en el aire mientras ellos arriban a puerto seguro. Poco a poco, el grito se transforma en suspiro de alivio.

Estos hermanos también pertenecen a una quinta generación de artistas de circo que siempre ha vivido en las alturas. El miedo nunca se quita pero hay que aprender a vencerlo , afirma Alberto. Cómo? Es instinto. Uno ya sabe cómo debe caminar y el cerebro va midiendo , explica el joven.

Los malabares son infinitos En escena parece que fueran uno que se duplica. Fuera de ella, son dos: los hermanos Carlos y José Ricci.

Carlos es el mayor, tiene 24 años, y el que toma la vocería.

Somos la quinta generación de los Ricci que se dedica al circo . Y con mucho orgullo habla de su padre, Carlos Ricci, que es considerado el malabarista más rápido de México.

El nos ha enseñado todo lo que sabemos. Nos dice que siempre actuemos con mucho ánimo, con la misma alegría para todos los públicos , cuenta Carlos.

Confiesa, con algo de timidez, que desde hace poco le gustan los malabares. Antes hacía acrobacia pero me fracturé haciendo un salto. Claro que ahora combinamos las dos cosas y por eso nuestro espectáculo es de malabares acrobáticos .

Y antes de que empiece el show, recuerda que Colombia será la madrina de los hermanos Ricci pues con las presentaciones que están haciendo acá, hicieron su debut.

Mi padre ya confía en nuestro trabajo y nos permitió presentar solos los números. Claro que siempre está atrás, mirando, escuchando los aplausos y también inventando porque los malabares, como los números, son infinitos , concluye Carlos, que durante toda la charla no ha cesado de hablar también con sus manos.

El domador De sus 43 años, todos se los ha dedicado al circo. Nací y crecí en el circo. Por eso sé hacer de todo , asegura Tito Fuentes, uno de los directores del Circo Gigante Modelo de México.

Sin embargo, su gran amor son los animales. Y en escena eso es lo que se ve: un juego de Tito con Chita , una chimpancé de 6 años; con los caballos, con las llamas, con los camellos, con los leones y con los elefantes.

Uno les enseña muchas cosas, pero ellos también se inventan otras , asegura este domador para quien lo esencial en el circo es no engañar al público cuando se anuncia el espectáculo.

En su opinión esto no solo garantiza la vida del circo cada vez que regrese a una ciudad sino también el aprecio del público. El mejor elogio es escuchar la alegría de la gente cuando sale y ver sus caras contentas .

De la vida en el circo dice que todo evoluciona en el mundo. Si antes se dormía en carpitas, ahora están los trailers, los apartamentos pero lo que le encanta es encontrar familiares en todas partes.

La fantasía más linda del circo es encontrar que uno es familiar de alguien que ni siquiera se lo imaginaba. Es como una cadena que siempre está unida , describe.

Y esa característica, de ser un trabajo de familia, contribuye a que el circo sea un espectáculo para toda la familia. Por eso los precios son bajos. Para que todo el público pueda acudir. El circo es el mejor regalo para un niño , concluye.

El Circo Gigante Modelo de México va a estar en Bogotá, en la carrera 30 con calle 63, hasta enero. La entrada cuesta 3.000 pesos y hay funciones de lunes a viernes a las 5 y 7 p.m. y sábados, domingos y festivos a las 11:30 a.m., 3 p.m., 5:15 p.m. y 7:30 p.m.

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