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INCONSCIENCIA

INCONSCIENCIA

La fisonomía nacional real se ve también en nimiedades como su Robinson, su reinado de belleza, pueblerino e hipócrita, confirmación del racismo criollo común con sociedades usufructuarias del crimen del esclavismo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

La fisonomía nacional real se ve también en nimiedades como su Robinson, su reinado de belleza, pueblerino e hipócrita, confirmación del racismo criollo común con sociedades usufructuarias del crimen del esclavismo.

Están la cursilería de la telenovela, soberana de los canales de la cerveza y la gaseosa; o los noticieros, con su sensacionalismo en lo importante e irresponsabilidad con lo internacional, con el solo argumento de ratings que no defienden de mironismo, trapo y chisme, ni siquiera al deporte del monopolio del fútbol. De tanta vulgaridad, puede inducirse la postración del país, como de cosas más serias, como su índice de lectura o educación superior, el nivel de su universidad, de su delincuencia o desempleo, de concentración del ingreso, de repudio a sus políticos, de plata robada, de liquidez de la droga.

El destartalado y desorientado proceso de paz va disminuyendo algo la aterradora inconsciencia nacional. Propios y extraños van teniendo que aceptar realidades aberrantes, para empezar de un orden público que los políticos habían resignado en los militares a cambio de que no se metieran en política. Prensa, enseñanza privada, dirigencia han tenido que renunciar a su retórica tramposa e improvisar criterio -no soluciones, como la bélica de siempre- sobre fenómenos sociales ocultos por la simulación.

Lo que más da a conocer el país son su ignorancia y consiguiente irresponsabilidad sobre sí mismo, no obstante la transformación y difusión espectaculares del conocimiento social. Entre la historia nacional nueva y mucha que se oye aún, hay el abismo entre un teorema y un cuento de hadas. Está poco difundida la versión actualizada y documentada de esa historia, mucha investigada por extranjeros. Por lo que se percibe y deduce, la dirigencia nacional, política y mediática sobre todo, sigue aún de espalda al estudio que prosiguen reductos académicos, aclarando algo el enigma del destino colombiano. El país gobernante y el que amenaza prolongarlo entiende el progreso desde índices electoreros o los dependientes productivos, cuando depende sobre todo de la idea que los colombianos tengan de quiénes son para medio entender adónde van.

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