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ESTADO DE LA NACIÓN

ESTADO DE LA NACIÓN

Dos situaciones de fin de año dan pie para ver el estado de esta sociedad. Primero, ahí están los desplazados por la violencia para que nadie pueda desentenderse. Tragedias así pueden ocultarse y la opinión desentenderse, solo hasta cierto punto. Sobre los colombianos más desprotegidos cae además ahora la responsabilidad injustificable de ilustrar a sus compatriotas sobre la guerra, como expresión extrema del desarreglo nacional. Pero hay que decir que nadie es ajeno a su suerte, ni los que la han permitido, ni los que se aprovechan, ni los que la estimulan, ni quienes miran a otro lado, como si no tuvieran que ver. Todos estamos en algún sitio de esta guerra.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Mientras tanto, El Espectador cambió de manos. Inconveniente e injusto, el hecho ilustra también la dirección del país. Su monopolización económica y a la vez política. A falta de partidos, de Congreso, disminuye la capacidad de reacción nacional, arrinconada en reductos cada día más impotentes. Inconveniente e injusto. Como inconveniente e injusto que a El Espectador lo maneje algo muy distinto a lo que era.

En la concepción que antes dominaba la sociedad colombiana, guerra, injusticia e inconveniencia eran comprensibles, como connaturales a la existencia. La que manda ahora prometió que desaparecerían a medida que educación, progreso material y democracia anularan sus causas. Confiada en la humanidad, la ilustración liberal prometió sociedades y hombres mejores. Debe ser juzgarse de acuerdo con sus propósitos, pero considerando que la posibilidad de mejorar ha aumentado, en cuanto son mayores ciencia y riqueza.

Pero tal vez lo peor que le pasa a esta civilización, y con más daño en su periferia, es que no le importa. La deshumanización creciente consiste también en la neutralización de la reflexión y, por consiguiente, de la crítica. Lo que se cree progreso anula progresivamente la posibilidad de reacción contra sí mismo. En resumen: el mundo y el país avanzan en contra de su democratización, entendida como protección del débil y capacidad de corrección. En el caso nacional, tan grave como la guerra, como la peligrosa división política, como la injusticia, son la incapacidad para neutralizarlas y la indiferencia con que se las tolera.

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