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RESURGIR DE LA ECONOMIA CERVECERA

RESURGIR DE LA ECONOMIA CERVECERA

El Congreso Nacional de Cerveceros se reunió esta vez con la economía del grano de nuevo saneada y pujante. En el término de un año, salió de la sala de cuidados intensivos de que hablara en su excelente discurso el presidente Samper al disfrute de su salud recobrada.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

No poco ha contribuido esta feliz circunstancia a sacar al país de su recesión y desesperanza. Aunque el café no sea ya su principal proveedor de recursos de cambio exterior, ni por su sola cuenta pueda imprimirle el ritmo económico, la estructura descentralizada de su producción e ingreso parece tener todavía la virtud real y sicológica de impulsarlo o deprimirlo. Tanto más si concurren factores concomitantes de la índole del alivio de las tasas de interés o del freno a la revaluación que a todas las exportaciones afectaba.

Con la suspensión del Acuerdo Internacional del Café, una azarosa incertidumbre empezó a gravitar sobre su suerte. Según aparece en el informe del doctor Jorge Cárdenas Gutiérrez, gerente de la Federación, el reintegro de divisas por concepto de la exportación cayó del nivel seguro y estable de US$ 1.500 millones a US$ 1.025 millones en el año cafetero 1992-93, mientras la producción anual se elevaba de doce a dieciocho millones de sacos.

Entonces saltó a la vista la utilidad imponderable del Fondo Nacional del Café para garantizar la compra de la cosecha y un precio de sustentación generalizado.

De no haber existido y de no haber sido aprovechado con reflexiva decisión, los cultivadores habrían sido pasto propicio de los especuladores de diversa pelambre. Debieron sí endeudarse fuertemente durante la aguda crisis, pero tampoco les faltaron apoyos gremiales y específicos del Estado para el manejo y el pago de las deudas. Al deterioro de los precios externos se agregó el debilitamiento complementario de sus ingresos por causa de la política de revaluación y del aumento de los costos internos que a punto estuvo de estrangularlos.

De los dolorosos a los gosozos Para el año 1996-97, el panorama era sombrío. Los cálculos apuntaban al precio de venta externo de US$ 1.15 la libra, al estacionario de compra interno de $ 235.000 la carga, a cosecha de 12.5 millones de sacos, a exportaciones de 11.5 millones y a facturación total de US$ 1.630 millones.

El síntoma dramático de la dolencia lo constituia, además de la penitencia de los cultivadores, el déficit de US$ 465 millones del Fondo Nacional del Café que iba a obligar a tocar grandemente a las puertas del crédito internacional. A endeudarse para sobrevivir.

A sortear la crisis, agravada por la revaluación, mucho ayudó el esfuerzo conjunto y solidario de la Federación y del Gobierno. En el convencimiento de que el problema afectaba y comprometía al país, no se pretendió aislarlo y dejarlo al arbitrio de sus solas fuerzas. No hubo choque de poderes sino entendimiento y cooperación.

De pronto, la situación internacional se modificó y el precio externo osciló entre US$ 1.20 y más de US$ 3 la libra, hasta el punto de correrse el riesgo de que desalentara los consumos, como veinte años atrás.

Adicionalmente, se paró la recesión colombiana, y, en consecuencia, se facilitó por ambos lados, el externo y el interno, el fortalecimiento del precio interno de compra que se paga a los cultivadores.

En menos de un año, la crisis se convirtió en bonanza, no sin la acción inteligente de las autoridades del gremio y de la nación. Disminuida la cosecha por efecto de las plagas a 10.8 millones de sacos, se recurrió a dos millones de los inventarios para atender a la exportación de 11.2 millones de sacos y al consumo interno de 1.6 millones, conforme lo explica y subraya el doctor Cárdenas Gutiérrez en su informe estatutario.

El precio externo promedio fue de US$ 1.65, la facturación se elevó en US$ 454 millones para llegar a US$ 2.241 millones, y el ochenta por ciento de los nuevos ingresos se trasladó al productor, reservando el dieciocho por ciento restante al saneamiento del Fondo Nacional del Café. Su eventual y explosivo déficit de más de cuatrocientos millones de dólares se redujo a ocho millones.

La vasta importancia macro-económica de este logro no se ha apreciado suficientemente, ni en el interior ni en el exterior. Por lo demás, obtenido sin sacrificar al productor, cuyo precio aumentó en el año a $ 312.67 la carga, 54.8 por ciento. Cuando tanto se habla de sanear las finanzas públicas, debiera celebrarse con franco beneplácito que lo hubiera hecho la estratégica economía cafetera con tan buena fortuna.

Virtud de la regulación El manejo y el fin de la crisis destacan la virtud de la regulación inteligente. Abandonados a la deriva el mercado cafetero y sus productores, difícilmente se habrían amortiguado y superado sus penalidades.

Los historiadores y los viejos recuerdan cuál era su triste suerte antes de fundarse la Federación Nacional de Cafeteros y de constituirse la herramienta decisiva del Fondo Nacional del Café. No contaban con ninguna garantía de compra de sus cosechas y mucho menos con precios de sustentación. Ni con asistencia técnica y recursos para combatir las plagas devastadoras de la broca y de la roya, para preservar la calidad del producto, sustituir cultivos y contar con infraestructura adecuada. El de las plagas ha sido otro capítulo dramático de sus desventuras que incluso en telenovela se ha presentado.

En la calidad que consigue mejores precios y en el café leofilizado que incorpora tecnología y mucho valor agregado se está poniendo merecido y especial énfasis. Igualmente en la singularidad de la producción de vertiente en pequeñas, casi pequeñísimas fincas, que han de competir con las tierras planas y arables de otros países. Es claro que si no se refinaran permanentemente las técnicas y se combatieran a tiempo los morbos destructores, no se mantendría la presencia indispensable en los escenarios internacionales. Escenarios en los cuales se adelantan campañas ineludibles en pro del consumo del café.

En esta materia, viene a cuento la revelación que hizo hace días Le Fígaro de París sobre el descenso del gusto por el vino en los hogares de Francia, no obstante haber sido su bebida tradicional. Diez años atrás, de dos familias una lo consumía. En la actualidad, tan solo una de cinco, merced al auge de las gaseosas y las cervezas. De ahí, en lo tocante al grano, la significación del símbolo de Juan Valdés. La afición al café y al café de calidad es menester promoverla, dados los cambios de modas, gustos y generaciones. Y llevarla, como se está llevando, a donde su penetración ha sido nula o escasa.

Colombia no es solamente café. No es ni debe ser únicamente petróleo. Es y ha de ser mucho más en su producción y exportación diversificadas. Pero el café continúa siendo vital para su existencia y progreso. Así lo comprobamos durante su dolorosa agonía y, ahora, en su alegre resurgir.

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