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LA SHAIO NO PUEDE MORIR

LA SHAIO NO PUEDE MORIR

La dramática situación de la Clínica Shaio, una institución médica que es modelo en el continente y sin embargo está a punto de morir, es un ejemplo de los extremos a que puede llegar una minoría cuando se empecina en la defensa de sus intereses particulares. No parece importarle el daño que puede causarle a toda la sociedad.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

La dramática situación de la Clínica Shaio, una institución médica que es modelo en el continente y sin embargo está a punto de morir, es un ejemplo de los extremos a que puede llegar una minoría cuando se empecina en la defensa de sus intereses particulares. No parece importarle el daño que puede causarle a toda la sociedad.

Casi 44 años de labores continuas de la Shaio en beneficio de miles de pacientes sobre todo de los que sufren enfermedades cardiovasculares podrían llegar a su fin en las próximas 24 horas si en este lapso no hay un acuerdo entre la clínica y la Asociación Nacional de Trabajadores Hospitalarios (Anthoc), el sindicato de industria que agrupa a un sector de sus empleados, para disminuir una carga laboral que hace inviables las finanzas del famoso centro médico.

Creada como una fundación sin ánimo de lucro, hace varios años la Shaio empezó a sufrir dificultades financieras por dos motivos: por un lado, la acumulación del pasivo laboral, fruto de las generosas prestaciones extralegales concedidas a sus trabajadores en los tiempos de bonanza, que exceden casi en el doble las de las demás clínicas, y por otro, el atraso en el pago de las deudas del Seguro Social y la Caja Nacional de Previsión. Ante la imposibilidad de hacer frente a sus acreencias, hace un año la clínica se acogió a la Ley 550 o de intervención económica, para evitar su quiebra. Desde entonces ha tenido que recorrer un tortuoso camino legal con la esperanza de sobrevivir.

Un primer acuerdo de conciliación con los trabajadores, proveedores y demás acreedores se frustró por la negativa de Anthoc a suspender por cuatro años los beneficios laborales extralegales que equivalen a 20 mil millones de pesos anuales para salvar la clínica. Esto a pesar de que los trabajadores afiliados al sindicato de base, así como los médicos, aceptaron la reducción de sus ingresos para aliviar la crisis. La Shaio debió interponer una tutela ante el Consejo Superior de la Judicatura para que se respetara el acuerdo original, pero hubo apelación y el mismo Consejo falló a favor de los apelantes. Ahora el recurso se encuentra en revisión ante la Corte Constitucional, cuyo fallo es de vida o muerte para la clínica.

En la suerte de la Shaio no solo están en juego los puestos de 600 trabajadores directos, 1.700 indirectos, 147 médicos y 90 practicantes universitarios; lo está, además, la atención de más de 10 mil pacientes anuales, que acuden allí en busca de sofisticados tratamientos y delicadas operaciones cardiovasculares, trasplantes y otras intervenciones de alta cirugía. La Clínica Shaio es sinónimo de una seriedad científica que rebasa las fronteras colombianas. Es realmente triste que todo esto se pueda perder porque un grupo de trabajadores, que atiende las instrucciones de unos tercos sindicalistas externos, se niega a ceder una parte de sus privilegios, aun a riesgo de quedar en la calle. Una increíble paradoja que solo se puede dar en Colombia.

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