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EL CACHARRERO MODERNO

EL CACHARRERO MODERNO

Carlos Malagón sostiene en las manos una de sus lámparas. A primera vista se ve como una pieza antigua, y muy bien conservada, pero al mirarla de cerca, se nota que sus partes no son clásicas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
13 de diciembre 2001 , 12:00 a. m.

Carlos Malagón sostiene en las manos una de sus lámparas. A primera vista se ve como una pieza antigua, y muy bien conservada, pero al mirarla de cerca, se nota que sus partes no son clásicas.

Su base es un viejo aislador de vidrio, de los que se usaban para los cables de alta tensión; su tallo, un tubo de aluminio y arriba sí, los restos de una antigua lámpara. Al mirarla mejor se nota algo más, no hay soldadura entre las piezas, todo ajusta como si hubieran sido creadas para tal fin, cosa que, definitivamente no puede ser verdad.

La razón?, cada una de las partes fue encontrada en la calle, en una zorra de recicladores o en un puesto de chatarra del mercado de las pulgas. Solo la coincidencia las unió y es ese detalle, el que precisamente asombra y obsesiona a Carlos, una especie de artista del reciclaje , que se siente satisfecho cada vez que logra finalizar uno de sus objetos decorativos.

No recuerda cuando empezó con su afición, desde que tiene memoria recoge cosas que le causan curiosidad, sobre todo metálicas, las mira, las analiza y de inmediato visualiza en su mente la pieza en la que llegará a convertirse.

No sé como lo hago, no he tenido estudios formales de diseño o construcción, simplemente cuando tengo las partes frente a mis ojos llega a mi cabeza una imagen y la hago realidad explica.

Sus objetos decorativos son únicos y lo más llamativo es la armonía que logra entre piezas que no tienen nada en común y que al final, se convierten en portarretratos, candelabros y lámparas, principalmente, que deja en casa o regala a sus amigos, pero nunca vende.

Mis amigos dicen que abra un anticuario, pero esa idea no me convence, me encariño mucho con las cosas que hago y se me hace difícil desprenderme de ellas , afirma pensativo.

Una pieza inconclusa es motivo de mortificación, por eso, hace hasta lo imposible por acabarlas y recuerda que lleva construidos como 200 artículos.

Todos los amigos conocen de su afición, por eso, no les extraña que mientras camina mire al piso y recoja cositas, que vaya hasta la Calle del Cartucho a ver que encuentra , o demore dos horas rebuscando sin descanso en alguno de los puestos del mercado de las pulgas, cita a la que casi nunca falta, mientras ellos lo esperan pacientemente.

Todo el trabajo de construcción es manual. Limpia, endereza, recorta y ajusta, en ocasiones usa tornillos para darles más firmeza, pero nunca utiliza la fuerza para casar una parte con otra, todo se lo deja a la coincidencia, que en ocasiones le ha permitido hacer dos objetos iguales, con piezas encontradas en lugares muy diversos.

Su proyecto actual es la reconstrucción de un baño de los años 20, que ya está bastante adelantado. Sin embargo, su pasión es recoger toda esa basura que él convierte en un tesoro con mucha creatividad y trabajo manual.

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