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QUÉ ES MUERTE DIGNA

QUÉ ES MUERTE DIGNA

El fin del año nos invita a pensar sobre el fin de la vida.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

No se deje engañar por los vivos que manipulan las palabras. Morir por eutanasia no es morir con dignidad. Cuando los directivos de la Asociación Mundial en Pro de la Eutanasia se dieron cuenta de que este título, tan favorable a la eutanasia, encontraba mucha resistencia, optaron por cambiárselo por el de Asociación Pro Derecho a Morir Dignamente y así vienen conquistando en todo el mundo muchos adeptos desprevenidos.

Antes de tomar partido, decídase por tener ideas claras. Partamos de un hecho: la tecnología médica, tan digna de mil elogios, por razones de todos conocidas, viene modificando bastante el proceso de morir.

Cuál era la manera de morir en los siglos que precedieron a la tecnología médica del siglo XX? Se moría de muerte natural o accidental en forma relativamente rápida y digna. La dignidad de la muerte consistía y consiste en morir como persona humana, a ser posible, en casa, rodeado de los seres queridos, con asistencia médica y espiritual, con la libertad y conocimiento informado, suficientes para tomar las decisiones pertinentes a ese final, el período más importante de la existencia humana. Con razón se decía y se anunciaba: Murió en la paz del Señor fulano de tal , frase que expresa, en síntesis, toda la grandeza, la belleza y la dignidad de morir, propia del ser humano.

No sobra advertir que los dolores físicos y morales, graves y con frecuencia agudos, no han faltado en el lecho del moribundo. Dígase lo mismo del intento de adelantar activamente la muerte de un paciente que se encontraba en dicho estado. A tal conducta la denominaron los antiguos griegos eutanasia, es decir, buena muerte.

Conviene recordar, y con más énfasis, que los médicos de alta calidad humana y científica rechazaban con juramento, desde el comienzo del ejercicio de su profesión, la eutanasia, por iniciativa propia o por voluntad y petición del paciente. Reza el Juramento Hipocrático, datado cinco siglos antes de Cristo: No me dejaré llevar por ninguna súplica que me convenza, a suministrar a nadie ninguna droga letal, como tampoco la aconsejaré .

Vengamos a la hora actual. Decíamos arriba que la tecnología médica viene modificando y prolongando el proceso del morir humano. Prácticamente lo convirtió en un proceso más o menos largo y, en la mayoría de los casos, en una clínica u hospital. La muerte humana se está convirtiendo en una muerte científica , con disminución de la participación del paciente y de la atención espiritual, que se le solía brindar, y un aumento de la intervención de los familiares, de los médicos y de las instituciones de salud.

Frente a un paciente terminal son posibles dos procedimientos médicos: prolongar en forma insensata su tratamiento con tecnologías complicadas y costosas, como ventilación artificial, alimentación parenteral y otras más empeñándose en no dejarlo morir lo cual se conoce con el nombre de distanasia. Y el procedimiento contrario, que consiste en adelantar voluntaria e intencionalmente el momento de morir, a petición del paciente o por iniciativa del médico, para dar término a sus dolores y sufrimientos.

Esta conducta se conoce con el nombre de eutanasia.

En ambos casos distanasia y eutanasia, tanto el paciente como el médico dan la impresión de actuar como árbitros y señores absolutos de la vida y se diría que exceden sus derechos, salvo rarísimas excepciones.

El argumento más frecuente en favor de la eutanasia, a saber, eliminar los dolores intensos del paciente, hoy día no es tan válido, debido a los avances de la misma ciencia y tecnología. Van en aumento las clínicas del dolor y los tratamientos paliativos que disminuyen y superan prácticamente todo dolor.

Cuál sería, entonces, la conducta ideal por parte del paciente, como del médico tratante, frente a la muerte ya próxima? La ortotanasia, entendiendo por tal el hecho y el derecho a no adelantar el momento de la muerte como tampoco a diferirlo absurdamente, sino el morir cuando llega la hora de morir. Somos mortales, no dioses. Así se respeta la vida, en cuanto valor fundamental, y el señorío de Dios, si somos sensatos y creyentes.

Creo que se induce a error al paciente si se llama digna la muerte por eutanasia. Se esconde allí una sutil sublimación o un simple engaño. No hay que buscar el dolor; la misma fe católica nos invita a evitarlo. Pero el sufrirlo, cuando se impone, no es indigno del hombre, como tampoco consiste su dignidad en suprimirlo, acortando la vida. Ya Sócrates, antes de Cristo, lo enseñó, el mismo día de su muerte: No somos dioses. Permitamos que la muerte nos venga cuando Dios, dueño absoluto de nuestra vida, lo decida . Diálogo Fedón.

Una última aclaración. Todos estamos de acuerdo en que, pasado el estado terminal consciente, es indigno y antiético conservar por meses, y aun años, a seres, quizás ya difuntos , en estado vegetativo crónico con diagnóstico de muerte encefálica. Pero cada caso es diferente y decisivo; por eso merece consulta cuidadosa, tanto ética como científica. Para ayudar a resolver estos casos, debe existir en toda institución de salud un comité ético hospitalario.

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