LAS FARC: ENTRE PLOMO Y PROPUESTAS DE PAZ

LAS FARC: ENTRE PLOMO Y PROPUESTAS DE PAZ

El día de Navidad tuve la oportunidad de encontrarme con un paisano a quien no veía hacía rato y hablando de los problemas nacionales me comentó: cómo te parece lo de las Farc, quejándose de que el gobierno cuando hace propuestas de paz es porque está preparando ofensivas militares, si ellos están haciendo exactamente lo mismo, hablan de paz y hacen la guerra. No crees que es paradógico?

28 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La anterior conversación me sirvió de preámbulo para revisar la comunicación enviada por las Farc a la Comisión de Conciliación Nacional y formular algunos comentarios, crudos pero respetuosos, a ese propósito. Sin duda, uno de los graves problemas que tiene el inicio de cualquier proceso de paz en Colombia es la falta de credibilidad entre los actores de la guerra y de la sociedad frente a los mismos. A cuento de qué las Farc tiene que creer la intencionalidad de paz formulada por Carlos Castaño de las Autodefensas, pero es igualmente válido lo contrario. Y peor aún, por qué la sociedad colombiana tiene que creerles a los actores de este año de sangre? Todo indica que los actores de la guerra están comprometidos por ahora, solamente en escaramuzas de paz, pero todavía no consideran llegando el momento para iniciar un proceso serio de negociación. Es importante el espaldarazo que se le reitera en la carta a la Comisión de Conciliación Nacional como grupo de buenos oficios y ojalá sus miembros mantengan la neutralidad frente a las partes, que se espera de un organismo de este tipo y no vayan a terminar en el debate electoral que se avecina, colocando por encima intereses partidistas y no los de la reconciliación nacional.

Es importante resaltar la intención de comenzar a dialogar con sectores de la sociedad colombiana, pero como se pretende al mismo tiempo marginar al gobierno nacional de estos contactos, encargado constitucional del manejo del orden público, suena a incongruencia el que se le solicite el despeje de áreas para facilitar estos diálogos. Sería más lógico que las conversaciones se realizarán en el exterior con delegados autorizados, representativos, y no solo con voceros sin capacidad decisoria. Así estos encuentros se entenderán como aproximaciones hacia la paz y no como lo pueden percibir algunos sectores, como intentos de ganar ventajas estratégicas en la confrontación militar.

Y tiene razón cuando señalan que un nuevo capítulo en la búsqueda de acuerdos requiere certezas para el país, pero las mismas requieren realismo. En un conflicto interno armado no puede uno de los adversarios pretender definir con quién del otro lado quiere negociar. Así como hemos criticado las voces que en el pasado han dicho, lástima que la guerrilla colombiana no es como la de El Salvador, que no estaba contaminada del narcotráfico . porque lo evidente es que la guerrilla colombiana con la que hay que hacer la paz es la existente, igualmente nos parece sin sentido pretender que la guerrilla defina con quién requiere hacer la paz, con cuál presidente, con qué negociadores, con qué mediadores.

Igualmente las certezas no se van a dar con la vieja fórmula, que ya mostró su ineficacia, del cese de los fuegos y las treguas (unilaterales o bilaterales) que no se pueden verificar. Por ello, es de mayor realismo y generan mayores garantías, el compromiso de iniciar un proceso de negociaciones en medio del conflicto, con la única garantía ante la sociedad toda y la comunidad internacional de no suspender las conversaciones sin importar lo que está sucediendo en el terreno de la confrontación, porque se trata justamente de negociar para acabar con el conflicto interno armado y no pretender hacerlo antes de negociar. En fin, deseamos que el próximo año el realismo prime en las partes de esta confrontación si de verdad quieren comenzar a transitar el accidentado camino de la paz y no seguir haciendo la guerra a través de otros medios.

*Profesor Asociado Universidad Nacional

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