SECTOR EXTERNO VULNERABLE

SECTOR EXTERNO VULNERABLE

Desde 1993, la cuenta corriente de la balanza de pagos colombiana ha exhibido unos déficit importantes y crecientes. En 1993, el déficit equivalió al 3.8% del PIB; en 1996, esa cifra se incrementó al 5.5%. Para 1997, se calcula que el déficit bordee el 5% del PIB. Estas cifras, bajo condiciones normales, deberían ser suficientes para llamar la atención de los analistas económicos. Sin embargo, la magnitud del déficit en cuenta corriente en Colombia no parece causar alarma entre ellos.

19 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

La razón es que, a pesar de que el déficit de la cuenta corriente es sustancial, su financiación a través de la cuenta de capital en los últimos años ha sido abundante. En particular, la inversión extranjera directa y el endeudamiento externo del sector privado crecieron espectacularmente entre 1993 y 1996, llegando a niveles que, a pesar del déficit registrado en ese último año, por un valor de US$4.790 millones, permitieron una acumulación de reservas internacionales por más de US$1.400 millones. En términos sencillos, en los últimos años el déficit de la cuenta corriente no causó alarma porque se consideraba que, a pesar de su magnitud, era financiable.

En este escrito queremos argumentar que lo sucedido durante 1997 indica que la sostenibilidad de una situación caracterizada por altos déficit en cuenta corriente financiados con capitales privados, tanto de riesgo como de crédito, ha dado muestras de empezar a erosionarse rápidamente, y que por lo tanto se requieren correctivos de política relativamente urgentes para lograr conjurar una crisis cambiaria.

El primer fenómeno que queremos resaltar tiene que ver con la naturaleza misma del déficit en la cuenta corriente. En los años pasados, el déficit en cuenta corriente reflejaba principalmente un exceso de gasto por parte de los agentes privados. Por su parte, el sector público consolidado, entre 1993 y 1995, logró mantener un virtual equilibrio en sus finanzas, a pesar del creciente desequilibrio del gobierno central. En esos años, pues, en una circunstancia enteramente atípica para Colombia, el principal causante del déficit en cuenta corriente fue el sector privado. Este hecho seguramente contribuyó a generar confianza alrededor de la sostenibilidad de la situación, pues implícitamente se suponía que, si el sector privado hubiese visto cerradas sus fuentes de financiación externas, endógenamente reduciría su exceso de gasto, sin mayores traumatismos para la economía. La situación empezó a cambiar en 1996, cuando las tendencias hacia el deterioro fiscal empezaron a hacerse evidentes, y siguió empeorando durante 1997. Para este año se espera que el déficit del sector público consolidado sea del orden del 3.8% del PIB. En otras palabras, en 1997 el déficit del sector público explica más del 75% del déficit del sector externo. Este hecho empieza a concordar más con la experiencia colombiana de los últimos 30 años, cuando crisis del sector externo han estado típicamente asociadas con excesos de gasto del sector público.

Un segundo factor a resaltar se refiere a las tendencias de la financiación en la cuenta de capital. Durante los años noventa y hasta hoy las fuentes de financiación externa han sido abundantes por una confluencia de factores. En primer lugar, desde principios de los años noventa, toda América Latina fue objeto de un influjo masivo de capitales que pudiéramos llamar autónomo, al cual Colombia no fue ajena. En el caso colombiano, la presencia de capitales del narcotráfico dentro de estos flujos autónomos no puede descartarse. En segundo lugar, como ya mencionamos, la inversión extranjera ha crecido espectacularmente en los últimos años, particularmente en los sectores petrolero, energético, financiero y manufacturero. En tercer lugar, entre 1994 y 1996 se adoptó una política monetaria restrictiva, que generó un sustancial aumento de las tasas de interés. Esto, sin lugar a dudas, estimuló el endeudamiento en el exterior y la entrada de capitales hacia el país. Hacia el futuro, no hay razones que permitan ser muy optimista respecto a estas tres fuentes de financiación externa. El cambio que quizás valga la pena más resaltar tiene que ver con las condiciones de la política monetaria, que desde 1996 se ha vuelto más laxa y ha causado una drástica caída de las tasas de interés nominales. Ya hay muestras claras de que la mayor liquidez relativa está desestimulando la entrada de capitales privados al país. Como consecuencia, mientras que al principio del año se estimaba que durante 1997 habría una acumulación de reservas superior a los US$1.000 millones, las últimas proyecciones indican que la acumulación difícilmente superará los US$100 millones.

Un tercer factor tiene que ver con las tendencias de la tasa de cambio nominal. Desde cuando se adoptó el sistema de las bandas cambiarias, se manifestaron fuertemente tendencias revaluacionistas del peso. Hubo, para estar seguros, un periodo durante el cual la tasa de cambio tendió a colocarse en el techo de la banda, pero estuvo claramente asociado con la crisis política que vivió el actual gobierno. Pasada la crisis política (y la incertidumbre causada por la declaratoria de la emergencia económica), las tendencias revaluacionistas volvieron a manifestarse. Sin embargo, a mediados del segundo semestre de este año, la situación comenzó a revertirse. De hecho, las últimas proyecciones de la tasa de cambio nominal proyectan que ésta se mantendrá en el techo de la banda cambiaria al finalizar el año, y es a partir de esa base que el Banco de la República ha anunciado una meta de devaluación nominal del 13% para 1998. La evolución reciente de la tasa de cambio es, sin lugar a dudas, el más claro indicador de que el mercado está percibiendo que se está pasando de una situación de abundancia de divisas a una de relativa escasez.

Hay, por lo tanto, indicadores preocupantes sobre la sostenibilidad del sector externo. Es cada vez más claro que el deterioro de las finanzas del sector público está teniendo un efecto directo sobre la situación de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Esta situación, a pesar de ser 1998 un año en el que se espera un gran aumento de la producción y exportación de petróleo, no deja de ser preocupante. Con bonanza petrolera, el déficit en cuenta corriente no será inferior al 4% del PIB. De otro lado, la financiación de éste está dependiendo cada vez más de recursos que el sector público pueda obtener. Sin duda, la vulnerabilidad de la cuenta de capital está aumentando. El Gobierno parece estar tranquilo en el corto plazo, pues el sector público, por una parte, ha estado acumulando activos en moneda extranjera en el exterior, y por otra, todavía tiene algún espacio para recurrir a financiación fiscal y externa con el recurso de las privatizaciones y concesiones. En caso de grandes presiones sobre el peso, recursos provenientes de esas fuentes podrían monetizarse. Sin embargo, no cabe duda de que las fuentes de financiación del desequilibrio macroeconómico se están estrechando, y que la vulnerabilidad del sector externo está aumentando a la par con el desequilibrio fiscal.

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