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EL RINCÓN DE CURRO

EL RINCÓN DE CURRO

Tercer festejo de abono. Ficha: toros de Eduardo Estela Puerta del Hierro , de escasa presentación y mansos y deslucidos. El tercero de la tarde fue devuelto, pero ante la imposibilidad de hacerle regresar a los chiqueros, tuvo que pasaportarlo Vicente Barrera, tras dos pinchazos y estocada. Corrió el turno al valenciano, que dejó para sexto el sobrero de Guachicono, que se dejó torear aunque también fue mansote.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

Raúl Gracia El Tato , tuvo que entendérselas con dos toros mansurrones, de feo estilo y muchos problemas. Se batió el cobre con ellos el torero aragonés, que estuvo valiente y hasta logró muletazos de gran exposición, ante dos rajados ejemplares. Mató al primero de estocada desprendida y al cuarto de pinchazo y estocada pasada y caída. Fue aplaudido en ambos y sus toros pitados en el arrastre. El primero de sus toros propinó una seria voltereta al Pollo , sin mayores consecuencias que la paliza.

Dinastía , que toreó bien con el capote a sus dos toros y le hizo un apretado quite por chicuelinas, tampoco tuvo material apropiado para el lucimiento, toros que no dieron facilidades, el primero de los cuales le propinó una espectacular voltereta, pero siguió valiente y con deseos. Tres pinchazos, media y descabello, cuando había sonado un aviso. Volvió a mostrarse valiente y voluntarioso en el quinto, otro toro de difícil condición, brindado al doctor Camilo Llinás. Mató de estocada, de la que tardó la res en doblar, y fue aplaudido.

Ya queda dicho que Barrera hubo de pasaportar al desechado primero de su lote. Corrió el turno y se hizo ovacionar al torear con el capote y se fajó materialmente con su complicado enemigo, pasándoselo a la mínima distancia, escuchando ovaciones y música. Dos pinchazos y estocada para el regalito , que fue pitado como todos en el arrastre, escuchando el torero una ovación. Con el sobrero de Guachicono, un toro bastote, pero que manseó en el caballo, se dejó torear, le supo pisar el terreno adecuado, le expuso una barbaridad, y como le supo esperar que metiera la cara, ligó una emotiva y torerísima faena, en la que templó y llevó superior embarcado al enemigo, que tomaba el engaño en ocasiones de forma descompuesta. Lo pasaportó de estocada y se le premió con una merecida oreja, que paseó en triunfo.

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