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1997: DE TODO Y PARA TODOS

1997: DE TODO Y PARA TODOS

CINE A la espera de otro año

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de diciembre 1997 , 12:00 a. m.

En materia de cine colombiano, este año que termina quedará como una de esas épocas de poca actividad a la vista. Claro que se trata de una pausa productiva. Aunque solo se estrenó un largometraje (La deuda) hay un buen número de trabajos en etapas de producción, preproducción o posproducción que garantizan que 1998 sea otro de esos años donde el cine colombiano parece saludable.

La creación de la dirección de cinematografía en el Ministerio de Cultura dio por primera vez a los cineastas, desde el cierre de Focine en 1992, un interlocutor estatal con quien dialogar.

Este año también los directores colombianos redescubrieron el cine de bajo presupuesto. Después de los monstruosos costos de Ilona llega con la lluvia o Edipo alcalde, se realizaron o planearon películas modestas, hechas con más ganas que pretensiones, que permitirán tener diferentes imágenes del país durante todo el 98.

Sobre el cine comercial que se vio, el balance es como un 1996 con el volumen hasta el tope. Siguieron las películas de desastre (Volcano), las imitaciones de Duro de matar (Avión presidencial) y las comedias románticas con Meg Ryan (Adictos al amor). El amor por los remakes tomó una nueva forma con el relanzamiento de la trilogía de la Guerra de las galaxias que se convirtió a comienzos de año en la serie más taquillera de la historia del cine.

Para cerrar el año, Anastasia, el primer largometraje animado de los estudios Fox, dio pistas sobre la clase de competencia que le espera a Disney: millonaria e imitativa.

ARTE Colombia, de exposición Este año, el arte vivió un extraño, revitalizador y explosivo punto de encuentro con el público. Los culpables, en buena parte, fueron nombres imanados, reconocidos, como el de Henry Moore o Pablo Picasso, que hicieron su primera aparición en paredes y espacios que generalmente tienen unos cuantos visitantes casuales. Porque este año, aparte de las exposiciones que organizan las galerías comerciales, los Salones Regionales y las muestras constantes de los Museos de Arte Moderno (en Pereira, Cali, Santa Marta, Cartagena y Bogotá), hubo un toque cosmopolita que hizo que muchas personas encontraran en el arte una válvula de escape.

El Museo Nacional dio el primer golpe con la exposición del inglés Henry Moore, considerado uno de los padres de la escultura moderna. En total 123 piezas divididas entre 53 esculturas, 42 dibujos y 28 grabados. Luego llegó En torno a la figura, cuatro décadas de la pintura francesa, una muestra de algunos trabajos del Centro Georges Pompidou, de París. En esta muestra se ventilaron nombres como Pablo Picasso (con dos obras, Mujer orinando y Mujer sentada en el diván), Balthus, Jean Helión, Jean Dubouffet, Martial Raysse, Gérard Gasiorowky y Robert Combas.

También el arte pop fue protagonista, y no solo por la muerte de Roy Lichtenstein, uno de los padres de la tendencia. En la Biblioteca Luis Angel Arango se presentó una gran retrospectiva del inglés Allen Jones, con sus mujeres desnudas y depravadas.

Latinoamérica también tuvo un espacio amplio: el argentino Antonio Segui expuso Hombre de ciudades, con sus hombres de corbata y maleta de viajero, también en La Casa de la Moneda. El Museo Nacional presentó al Luis Caballero del 68. Y la colección de arte de Casa de Las Américas, de La Habana, Cuba, estuvo en la Luis Angel Arango con obras de figurones como Wilfredo Lam (Cuba), Roberto Matta (Chile), Ricardo Carpani (Argentina) y el mexicano Diego Rivera. Para cerrar el año el Museo de Arte Moderno consiguió armar una muestra histórica: Colombia en el umbral de la modernidad, una exposición que rescata a los grandes artistas colombianos anteriores a la critica de Marta Traba. Toda una generación que va desde la década del 20 al 50.

TEATRO Escena plena de vida El Festival Internacional de Teatro Callejero, organizado por el Teatro Taller de Colombia; la reinauguración del Jorge Eliécer Gaitán con la última función del bailarín Ricardo Bustamante; el Festival Internacional de Jazz del Libre; el mejoramiento del nivel en el festival de Manizales; el premio Gallo que le dio Cuba a Santiago García como tributo a una vida dedicada al arte y la preparación del Festival Iberoamericano de Teatro fueron los hechos más relevantes a nivel escénico en Colombia durante el año que finaliza.

A nivel internacional hay que mencionar dos hechos que de una u otra manera se reflejarán en la escena nacional: el premio Nobel de Literatura para el dramaturgo y actor Darío Fo, que ha visitado el país varias veces y cuyas obras están entre las preferidas por los directores colombianos, y la muerte, el 25 de diciembre, de Giorgio Strehler, director del Piccolo Teatro de Milán, un grupo con 50 años de existencia y que ya tenía asegurada la participación en el Iberoamericano que se hará en marzo próximo.

En tablas, Compañía, dirigida por Vicky Hernández, y Demonios, dirigida por Juan Carlos Moyano, fueron dos de los trabajos mejores trabajos escénicos.

En 1997 nos visitaron la Compañía Sankai Juku, del Japón, triunfadora de la pasada versión del Iberoamericano; Los pájaros, de Barcelona con un bello espectáculo de clown; Joaquín Cortés con su Pasión gitana y Julio Bocca regresó con sus famosos saltos. También fue el año de invasión de magos y del festival de este género.

Entre los aspectos negativos hay que mencionar las actuaciones en la obra Sin límites, un trabajo con textos crudos pero plano a nivel de puesta escénica, y El lado oculto de la Playboy, una pieza que nunca encajó en estilo alguno y frente a la que el público estuvo confundido. A fuego lento, de La Candelaria, no alcanzó el nivel de las anteriores obras, de aquellas a las que nos tienen acostumbrados.

TELEVISION Volvieron los concursos La mujer del presidente y Tiempos difíciles se convirtieron en los mejores dramatizados del año que termina. Con producciones impecables, actuaciones atinadas y personajes bien construidos, estos dos trabajos mostraron caras de una realidad cotidiana, hablaron de violencia e hicieron pensar a los televidentes.

Cristina Umaña y Marlon Moreno, en papeles de reparto, en La mujer del presidente, fueron las revelaciones actorales del año. Las juanas también fueron personajes del año al lograr gran audiencia y empezar a presentarse en varios países de América Latina.

El año que termina también estuvo marcado por el retorno de los programas de concurso. Unos con mejor suerte que otros, desempolvaron el género para capturar televidentes.

Los lunares, en lo que a televisión respecta, fueron en general las comedias: Dulce martirio nunca pegó, Cazados se quedó a medio camino y Dejémonos de vainas va en su enésima generación. Claro que algo aún peor que soportar una mala comedia fue enterarnos del corre ve y dile que se armó con la adjudicación de la licitación para los próximos años.

Prisioneros del amor fue la peor novela del 97. Repitiendo esquemas de las peores producciones mexicanas y con libretos traídos de los cabellos, las actuaciones tampoco se salvaron. Andrea López y Carlos Humberto Camacho empezaron a producir sueño entre sus seguidores.

De otra parte, la salida de Margarita Rosa De Francisco bajó el nivel de Hombres, la que estaba considerada en sus comienzos como la mejor realización del año. Pese a los esfuerzos que se notaron, Aura Cristina Geithner no pudo alcanzar el nivel de la anterior protagonista del seriado.

MUSICA Sequía de espectáculos Al analizar los grandes conciertos que se realizaron en 1997 en Colombia, parece casi una broma encontrarse con que en alguna ocasión pasaron por estas tierras nombres de la talla de Elton John, Luciano Pavarotti y Plácido Domingo. Es que al parecer, el niño -que ahora tiene la culpa de todo, también produjo una sequía musical.

Aunque no faltaron grandes nombres, si faltaron grandes espectáculos. Nombres los hubo: como Fito Páez y Charly García, quienes tocaron y cantaron juntos en el estadio El Campín; o como el espectáculo que brindaron Ana Belén, Víctor Manuel, Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos, con su gira El gusto es nuestro . Sin embargo, no pasó por Colombia ninguno de los grandes espectáculos que convocan masas en todo el mundo.

Por ejemplo, en el campo del rock, ninguna gran figura del mundo anglosajón se pasó por estas tierras. Los únicos que se atrevieron fueron los del quinteto Def Leppard, que a decir verdad ya no se encuentran en su tiempo de gloria. También pasó por aquí el dúo Erasure, que terminó presentándose en una discoteca.

El mejor índice de que las chequeras boyantes de otros tiempos ya no existen fue la ausencia de Bogotá dentro de la agenda de despedida del trío argentino Soda Stéreo. La banda de Gustavo Cerati no vino a Colombia porque no encontró un empresario dispuesto a desembolsar 150 mil dólares.

Bogotá también quedó por fuera del itinerario de los dos grandes espectáculos musicales del momento: los Rolling Stones y U2, los cuales visitarán a Sudamérica en febrero del año entrante.

Sin embargo, el año se cerró con una buena noticia, al confirmase la unión otra vez de los duros del espectáculo en Colombia: Felipe Santos, John Sepúlveda y Ricardo Leyva, los artífices de los tiempos gloriosos cuando Bogotá era una buena plaza para el mundo artístico.

IMAGEN EN EL EXTERIOR Cómo nos vieron los demás países? 1997 fue, sin duda, uno de los años culturales que más satisfacción le dejó a Colombia en el exterior. No solamente las distinciones literarias obtenidas por Alvaro Mutis y Laura Restrepo dejaron en alto el nombre del país o las ya reconocidas exposiciones al aire libre de las esculturas de Botero. Detrás de sus plumas, y de las gordas , hubo decenas de artistas que recorrieron el mundo gracias al Plan de Promoción de Colombia en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Las buenas noticias comenzaron en enero, con una de las exposiciones itinerantes más aplaudidas en los últimos años: Figuras del éxtasis, arte barroco colombiano. Esta muestra, que comenzó su marcha en París, se convirtió prontamente en una de las mejores embajadoras culturales durante su paso por Francia, Hungría y España. A partir de ahí la cultura colombiana no pararía en todo el año.

En cine, se presentaron ciclos de cine colombiano en 43 ciudades de todo el mundo y se consolidó la compra de varios títulos subtitulados al inglés, con la colaboración de Patrimonio Fílmico. De igual modo, se proyectaron por primera vez en el mundo películas como Agarrando pueblo, Bajo el cielo antioqueño y Garras de oro.

Por su parte, la fotografía volvió a ser una de las mejores vitrinas colombianas, gracias a exposiciones como Colombia mágica, de Diego Samper, que recorrió la India, Argentina y Suecia, entre otros países; Colombia, una expedición botánica, que visitó las lejanas tierras africanas para después pasear por Europa, y Colombia día a día, de Francisco Carranza, que estuvo en Jamaica, Kenia, París y Toronto.

La plástica, la música y el folclor colombiano también participaron en diferentes muestras viajeras, todo esto con el único objetivo de mostrarle al mundo una cara amable de Colombia. El rostro que todos sabemos que existe entre las cordilleras y que este año, más que nunca, le sonrío al mundo con altura.

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